miércoles, 29 de mayo de 2013
EL QUIJOTE DE CHIMBOTE
Reinicio mi contacto en este blog con una muy mala noticia: El fallecimiento de Jaime Guzmán Aranda.
¿Quién era Jaime? Escritor, editor, animador cultural de Chimbote. Y uno de los Quijotes de nuestro país.
Enamorado hasta el tuétano del gran puerto del Norte, Jaime se empeñó en que todos conociéramos a Chimbote por su literatura. Fundó Río Santa editores, una de las editoriales más activas fuera de Lima, cuya divisa era: ¡Para dejar de ser forasteros en nuestra propia tierra, leamos lo nuestro!¡Sólo se ama lo que se conoce, lee literatura de Chimbote! Esto que pareciera ser una algarada localista era el gran grito de campana que convirtió a Chimbote en uno de los grandes polos culturales del Perú.
Jaime se obsesionó por publicar todo lo literario que pudiera aludir a Chimbote. Rescató los textos chimbotanos de titanes de nuestra literatura como Julio Ortega u Oscar Colchado. Sacó adelante antologías de ensayos sobre la ciudad con firmas históricas como las de Cornejo Polar o Flores Galindo. Llegó a gestionar los permisos y derechos para publicar el célebre libro de Guillermo Thorndike sobre el plutócrata pesquero Luis Banchero (que buena parte de su vida la dejó en ese puerto). Impulsó a jóvenes escritores de la ciudad a publicar como el caso de Miguel Rodríguez Liñán, Augusto Rubio y Ricardo Ayllón. Tenía que imprimir a Juan Ojeda, el gran ausente, el gran vate de Chimbote, nuestro único poeta marinero. Sin Jaime, no habríamos descubierto a Fernando Cueto, uno de nuestros más prometedores escritores de este siglo.
Toda esa labor editorial lo hizo a costa de sí mismo. No se hizo millonario con su editorial ni mucho menos. Todo lo contrario, quiso hacer de Quijote en su tierra, a sabiendas de lo que recibiría a cambio.
Jaime hizo todo lo que pudo para que la literatura chimbotana floreciera: Financió librerías que al final quebraron, él mismo en su propia camioneta llevaba sus libros a cualquier evento, realizaba iniciativas bizarras como polladas culturales: ventas de pollo a la parrilla para conseguir fondos. Presentaba libros con desfiles de escolares y bandas de música por la ciudad. Sacaba revistas culturales efímeras, que de la nada salían. Provocador y lujurioso, como lo era, acometió la publicación de un libro de cuentos eróticos de Chimbote, dándolo a conocer en uno de los principales prostíbulos de la localidad. Agasajaba a los escritores que se detenían en Chimbote, con desayunos generosos por la mañana, anticuchos y cervezas por la tarde y vigorosos caldos de lengua por la madrugada. Con él aprendimos que Chimbote no era una gran barriada sino una gran comunidad de artistas tan o más activa que sus símiles de la capital del Perú.
Pero esto era, como ya saben, una labor de Quijotes. De peruanos que se quedan en bancarrota a mitad de sus sueños, que reciben crueles burlas de sus pares metropolitanos y banales puntapiés en las ventanillas bancarias, que se pasan mañanas enteras en despachos oficiales para apenas conseguir migajas, que intentan convencer una y otra vez a gente que, detrás de elegantes corbatas, no mira más allá de sus intereses y considera el arte como una extravagancia. Que se queman las cejas publicando libros y revistas en un país donde millones leen prensa chicha, miran todos los días telebasura y gastan sus excedentes comprando baratijas en las galerías comerciales.
Pero, pese a las evidencias, necesitamos este tipo de Quijotes. Necesitamos de gente que invierta su tiempo, sus recursos, su vida misma en la cultura y en el arte. Porque la cultura y el arte son una de las pocas ventanas que tenemos para no asfixiarnos en la mediocridad cotidiana, el individualismo salvaje y la ignorancia jactanciosa. Nuestro país no es grande porque vivamos de exportar exitosamente minerales a China, exhibamos un gigantesco PBI en uno de los países más desiguales de la región o presumamos de comer rico mientras millones de nuestros hijos se acercan a una sonrojante tasa de desnutrición crónica; el Perú es y será grande gracias a su cultura, gracias a nuestra capacidad de crear.
Se ha ido Jaime, el gran Quijote de Chimbote. Esperemos que otro chimbotano tome su adarga, coja su lanza y monte el flaco rocín. Que muchos quijotes peruanos enfrenten -con la sonrisa alucinada y la cabeza alta- los molinos de viento del Perú. De momento, no nos queda otra salida.
PD: En la foto, Jaime Guzmán Aranda en primer plano, escoltado por Oswaldo Reynoso y Fernando Cueto. Vamos, casi en el Olimpo.
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jueves, 31 de enero de 2013
ARGUEDAS PARA EL SIGLO XXI
Se acaba el mes de Arguedas, de la conmemoración de su nacimiento. Enero, definitivamente, se ha convertido en el mes de Arguedas. Para bien.
Sin embargo, para los discursos dominantes, Arguedas cada vez más nos recuerda a un museo donde él es la momia. El escritor de un tiempo extinguido, el representante de una literatura ya agotada, el poeta de una cultura ya extinta. Arguedas es pasado, nos lleva a un campo semifeudal que ya no existe, a un país de gamonales y pongos ya superado. Arguedas solo es un testimonio histórico cuya vigencia es la misma que los discursos de Riva Agüero o Porras Barrenechea. ¿Para mal?
Hoy la onda es el cholo postmoderno, chicha, emprendedor, occidentalizado por mor del capital, las nuevas tecnologías y la globalización. El futuro del indio en Arguedas no ha sucedido, no era el hombre solidario y orgulloso de su cultura andina; ahora es el individualista que la hace, que se las apaña para cimentar su capital originario. El emprendedor que echa mano del autoritarismo familiar, el trabajo infantil, los contratos laborales precarios y la evasión de impuestos para consolidar su riqueza personal. El migrante que mete a sus hijos en universidades privadas de juguete (total, solamente es un cartón para que mi chibolo tenga algo de prestigio), que lee solamente El Trome, que practica el machismo y la violencia de género, que explota a sus paisanas como trabajadoras domésticas malpagadas y maltratadas, que aprovecha el clientelismo político y la corrupción institucionalizada, que paga coimas y vota por la revocatoria en Lima. ¿Para bien o para mal?
Ante ese panorama ¿dónde Arguedas? ¿Qué sitio tiene hoy en día? ¿El sitio de las momias?
Lo interesante de Arguedas es su propuesta. Su propuesta vital -ser encuentro retroalimentador y progresista de dos mundos- pero también su propio discurso (acá pueden leer dos importantes aportaciones suyas). Soy de los que creo que Arguedas puede ser hoy un ícono vivo y que tiene muchas cosas que decirnos.
Frente a la propuesta del cholo capitalista, individualista y alpinchista, Arguedas propone un peruano que no olvida su linaje andino, que proponga salidas comunitarias al desarrollo y no copie. Que defienda su tierra, sus recursos, su pasado. Que no se venda, que no se alquile. El mestizaje de Arguedas no era una fusión armoniosa de todas las sangres (esa frase prostituida por tantos gobiernos) sino la de un Ande capaz de apropiarse de lo mejor de otras culturas y avanzar. Para Arguedas, su peruano ideal hablaría castellano y quechua por igual. Imaginaba las potencialidades de una cultura andina que pudiera desenvolverse exitosamente en el concierto de las naciones, que esa cultura andina pudiera también transitar por los prometedores caminos de las culturas japonesa, china, árabe o del subcontinente indio. Es decir, una cultura originaria que utilizara creativa e inteligentemente los aportes de otras culturas y sociedades pero sin perder el sello de lo propio.
Hoy, el actual discurso nacionalista está secuestrado por los políticos, empresarios y militares criollos. El Perú es una oferta turística internacional, un granero para inversiones internacionales que se nutre del cholo barato y sin derechos, una marca comercial que ignora las condiciones laborales de millones que contribuyen a ella, un agujero de telebasura, de la peor prensa de Sudamérica, del discurso único sobre la guerra interna (señalando a los buenos y malos), de la forma obscena con que la jerarquía católica se exhibe públicamente, de las cadenas a cualquier ley decente sobre salud sexual y reproductiva (señalando lo que es el bien y el mal).
Arguedas propone algo radicalmente distinto: Un Perú de los de abajo, que desde abajo se construya un discurso alternativo donde la riqueza no signifique destrucción del ecoambiente ni envilecimiento del hermano. En el Perú de Arguedas los actores sociales respetan y practican una moral originaria que respetan como propia, como los códigos familiares (¿recuerdan eso de ama sua, ama llulla, ama quella?).
En literatura, Arguedas tiene mucho más que decirnos: Intentar construir una nueva lengua donde las lenguas quechua y castellana pudieran cohabitar creativamente. Donde se aprecie una nueva sensibilidad hacia el interior del Perú, libre de prejuicios y victimismos. Y eso se ha dado: Desde Feliciano Padilla hasta Efraín Miranda, desde Felix Huamán Cabrera hasta el gran Sócrates Zuzunaga, desde Enrique Rozas Paravicino hasta Marcial Molina Richter (me olvido de un montón más), hemos construido un nuevo lenguaje que potencia nuestra creatividad, nuestro arte y, quizá, esa cosa rara que podemos llamar nuestra peruanidad.
Los escritores, los docentes, los que habitamos el Perú letrado quizás hemos sido los que mejor hemos bebido de Arguedas, aunque esto suene a ombliguismo. Creo que ese peruano con que soñaba Arguedas se ha dado más en el sector de los profesionales de las letras que en cualquier otro. Eso es una esperanza, pero también un tremendo límite. El límite que ahora tiene la lectura, el libro y lo letrado en un Perú más abocado a lo audiovisual, a lo espectacular y performativo.
Pero Arguedas era interdisciplinario. Su literatura estaba muy unida a su praxis antropológica, pedagógica y folklorista. Ese acento polifacético es otra de las palancas para que Arguedas siga importándonos en este nuevo siglo. Los escritores tenemos que salir ya a la calle, tenemos que impulsar bibliotecas donde sea, tenemos que buscar fórmulas para editar libros más baratos y mejor distribuidos, vincularnos mucho más a los colegios y las universidades, tenemos que hablar más con los niños. adolescentes y jóvenes. Tenemos que participar en los grandes festivales públicos que se realizan. Arguedas iba a los coliseos, a las plazas de la periferia, frecuentaba centros culturales, buscaba fuera de Lima nuevos escenarios donde vislumbrar nuevas propuestas, estaba siempre en contacto con la gente ¿Por qué los escritores no pueden hacer lo mismo?
Eso sería una muestra que Arguedas no es una momia sino que está más vivo que muchos (escritores) peruanos de hoy, que su sitio en el siglo XXI es el del hermano mayor del cual todavía podemos aprender.
Arguedas vive. Conversemos con él. Lo necesitamos y lo merecemos.
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viernes, 11 de enero de 2013
¿Esa Lima que se viene?
Acá vemos a Marco Turbio Gutiérrez, el gestor de la Revocatoria a la alcaldesa de Lima, en un fracasado mitin de Ate hace unos días. Está intentando bailar una cumbia tropical con una pobre joven que no sabe qué hacer, que por qué
No. No nos riamos demasiado. Esa es la Lima que se viene.
La revocatoria a la actual alcaldesa goza de un apoyo genuinamente popular (con lo contradictorio que significa hoy el término popular, que es materia de otro post, se los prometo). Lo veo por las pintas en las zonas más pobres de San Juan de Miraflores, donde las paredes chillan "Susana pituca fuera" o varias casas portan pancartas amarillas y amarillentas de apoyo al sí. Ese sí de amarillo patito, símbolo de la huachafería colonial limeña, color de la mafia de Castañeda y de Kouri, reivindicado en actos respaldados por el fujimorismo.
Pero esa puede ser la mafia que se viene.
El poeta Miguel Idelfonso me confesó que nada había cambiado en La Parada en más de veinte años (y lo dice él, que desde adolescente ha frecuentado esos lares). La próxima Lima va a ser el regreso de La Parada de toda la vida con fuegos artificiales, con todos los lúmpenes de la zona brindando Brahma hasta el amanecer, mientras en un concierto masivo el Grupo 5 le pone vida a la reconquista.
El narrador Carlos Rengifo se siente dubitativo mientras toma su combi al Callao. La próxima Lima va ser la perpetuación de las combis Orión, el gagsterismo transportista afincado en la provincia constitucional con prebendas regionales y municipales, plagadas de egresados de las cárceles, con lúmpenes drogados en La Colmena -esquina con la universidad Villarreal- que te gritan en la calle y te empujan groseramente al vientre de las combis mientras vociferan como posesos "¡Callao! ¡Callao! Vas, vas, vas!!!" (al mejor estilo de la entrañable novela de Rafael Inocente La ciudad de los culpables).
Los grupos juveniles de música, teatro, danza y performance han tenido más oportunidades que nunca de ofrecer su arte a sectores diversos de Lima. La próxima Lima es la Lima de Al fondo hay sitio, donde la única cultura será los conciertos de grupos de cumbia mediáticos, la retransmisión en pantalla LED gigante de los tristes partidos de la selección de fútbol en la Plaza de Armas, concursos de bandas de colegios privados que imitan a sus símiles yanquis (eso de hacer figuritas y mover las caderas mientras tocan) y una liquidación rutinaria y ruinosa de lo que dejó la administración anterior. Y el posible cierre de un par de museos y centros culturales porque el dinero de la próxima Lima solo se gastará en cemento y asfalto.
Es la Lima de Combate, de los vergonzantes telediarios de la noche que se ahítan de crímenes y farándula, de la prensa chicha que impregna de basura los kioskos ( y que es algo excepcional, que no existe ni por asomo en el extranjero, en un país como Chile, por ejemplo). Una Lima consumista salvaje, con muchos centros comerciales y ningún parque público, con casas sin bibliotecas y con la música secuestrada por radios serviles al poder. La Lima que nos tocará vivir en los próximos años si esa maldita Revocatoria triunfa. Una Lima más difícil no solo para los escritores y demás amigos del arte, sino para cualquier persona decente.
Porque se viene la Lima de las argollas, de la corrupción legal, de los veinte soles de soborno al serenazgo, del cebichito mixto con sus chelas al pequeño funcionario que nos dé la buena pro, de las tremendas coimas en las próximas licitaciones de avenidas, óvalos y autopistas. La Lima de las lozas deportivas de día y fumaderos de droga por la noche. La Lima donde a los excluidos les obliguen a que besen los pies de aquel acalde que sólo inaugure escaleras en los cerros pero que no abra en décadas una sola biblioteca pública.
¿Consuelo? Va a ser una Lima de novela. Un buen material para escribir. El gran Rubem Fonseca nació al escribir sobre la corrupción institucional en Brasil. Petros Márkaris se ha hecho famoso denunciando la inmoralidad y el robo cotidiano de los funcionarios públicos y los empresarios privados a Grecia. Mo Yan, el último premio Nobel, narra la decadencia ética de la China postmaoísta.
¿Qué escritor va a escribir sobre esta Lima, caótica, corrupta, ignara y obscena que se nos viene?
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domingo, 29 de julio de 2012
EL MILITARISMO EN LA EDUCACIÓN (y seguimos hurgando en la insoportable levedad del ser peruanos)
Un país donde nuestras fuerzas armadas han perdido casi todas nuestras guerras ¿Cómo legitimarse ante el resto de peruanos? Donde bajo la bandera patria masacraron a campesinos desde los tiempos de Atusparia o Rumi Maqui hasta los años terribles que todos conocemos. ¿Cómo legitimarse? Pues apropiándose de la educación, marchando, embutiéndonos de héroes criollos, marchando, hablando de una nación inexistente, marchando, ignorando nuestro extraordinario pasado prehispánico. Y marchando.
Bajo estas líneas verán unas fotos. Estas fueron tomadas el año pasado en un colegio de Pamplona alta, una zona de pobreza y pobreza extrema adosada en el flanco sur de la capital. Julio del año 2011, lluvioso, tan cargado de neblina como en aquel 28 de 1821 donde se declaró la independencia en cuatro lugares distintos de la ciudad de Lima (y no solamente en Plaza de Armas como mentirosamente nos cuenta la hagiografía estatal y metropolitana). 2011, era día de desfiles, además el colegio anfitrión cumplía 30 años de fundación. Y, para la ocasión, invitó a las escoltas de otros colegios. Ser Escolta es algo muy valorado por el colegial medio, una suerte de popstar pero en pequeñito.
Empecemos por los invitados. Acá abajo tenéis el colegio particular Héroes del Pacífico, con un uniforme naval a la ocasión. Ojo a los entorchados, la corbatita, el blazer náutico y los guantes ceremoniales. Y todos paraditos en posición de firmes. Así es como quiere vernos la Marina de Guerra.
Sigamos, luego tenemos al Juan de Espinosa Medrano, un colegio estatal pequeño pero que porta una original indumentaria, donde combina el clásico uniforme escolar actual (el eterno encanto de la falda escocesa) con un bombín altiplánico. También están en posición de firmes.

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sábado, 21 de julio de 2012
CHIMBOTE EN LA LITERATURA PERUANA (y seguimos hurgando en la insoportable levedad del ser peruanos)
Lima, siempre Lima. La eterna cantaleta del centralismo de la capital y su visión paternalista sobre el resto de las regiones del Perú. En Lima nos lo tomamos a la ligera, pero –hablando en plata- el centralismo limeño ha sido una maldición para el Perú. Países tan cercanos como Bolivia y Ecuador tienen en sus ciudades igual o más protagonismo cultural que la capital. En México, Guadalajara o Monterrey se destacan en producción cultural o científica por encima del Distrito Federal. En Alemania hay no menos de una treintena de ciudades de trayectoria estelar en diversas disciplinas o temáticas. Incluso en un país “en vías de subdesarrollo” como lo es el ahora agónico Estado español, hay varias ciudades que en propuestas culturales rompen la dicotomía Madrid- Barcelona como Gijón y su relación con la novela negra, Valencia como referencia del arte contemporáneo, Bilbao y sus propuestas de desarrollo sostenible en una ciudad degradada por el industrialismo de dos siglos. Incluso ciudades pequeñas como Mérida, Valladolid o Cáceres se hacen un sitio en el año como impulsores de festivales artísticos internacionales de bastante calidad sea en teatro, cine o música.
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viernes, 29 de junio de 2012
La insoportable levedad del ser peruanos
Vuelvo con Uds nuevamente después de un par de meses de ausencia. Pero con fuerza, en estos próximos posts y ya metidos en el Mes de la Patria, vamos a discutir sobre lo que somos o, dicho de forma más directa y negativa, sobre lo que NO somos.
Una de las consecuencias de esta década de crecimiento económico ha sido la explosión de un sentimiento de orgullosa peruanidad que no se notaba, quizá, desde los primeros años del régimen de Velasco. Desde los medios, en la publicidad, en diversos eventos civiles y hasta en aniversarios privados; hay derroches de curiosa peruanidad que van desde atiborrarnos (con un orgullo a prueba de colesterol) de nuestra frondosa gastronomía hasta disfrazar de chalanes a las cajeras de nuestros supermercados en el mes de Julio. Por no hablar de esa incomprensible y masoquista fe en nuestro seleccionado nacional de fútbol pese a las toneladas de evidencia en contra que siempre se nos muestran.
Pero lo que más(me) irrita es ese convencimiento que ya existe un Perú, que ya tenemos un país nuestro, consolidado, procesado, destilado y macerado como nuestro pisco y otros licores patrios con menos cachet. Que hay algo más que la blanquirroja y los desfiles de Fiestas Patrias, que la asiática reverencia a Miguel Grau y el orgullo popular por nuestra viandas, que el culto al emprendedor con éxito y la continuidad de ciertos mitos nacionales aprendidos desde el colegio (Que somos una nación en formación, el el himno del Perú es el segundo más hermoso del mundo después de La Marsellesa, etc.).
Para ser claros ¿Hay algo en común entre el empresario de Gamarra y los pobladores de las alturas de Apurímac, entre los agricultores del Mantaro y las comunidades amazónicas que protestaron en Bagua, entre los trabajadores de la uva en Ica y los comerciantes de Juliaca, entre los creativos de una empresa de publicidad en la Lima miraflorina y los ronderos cajamarquinos? Posiblemente tengan algo más en común, pero no sé si lo suficiente como para hablar de una peruanidad compartida.
¿Sentirán lo mismo una promoción de un colegio particular de Piura que sus pares de un colegio público en Masisea? Como adolescentes definitivamente tienen muchas cosas en común, pero no sé si eso alcance para hacerlos partícipes de una comunidad nacional.
Desde Lima, el Perú es un inmenso discurso publicitario que comparten agencias de turismo como empresas cerveceras. Para los metropolitanos, el sentimiento de identidad común lo intuimos -lo queremos ver real- gracias a los spots de Claro o las carísimas campañas de PromPerú. Ahora en julio, la pujante empresa privada nos va a hartar de comerciales nacionalistas difundiendo a bombo y platillo la imagen de un país optimista, unido, multicolor, armónico y, por cierto, despolitizado.
Para mí este discurso es falso y engañoso, como ustedes -los que me han leído más de una vez- lo saben. Sin embargo, este sentimiento de "falsa peruanidad" (al igual que el concepto marxista de "falsa conciencia") tiene una creciente base popular, alimentada por la bonanza económica y una inusual estabilidad política. Cierto canon de dogmas repetidos desde las aulas, un pool mediático aliado con la élite empresarial que bombardea con impunidad a las masas con proyectiles ideológicamente tóxicos y un espacio psicosocial de relevancia que los poderes fácticos regalan a la Iglesia y a las Fuerzas Armadas; son la base de un nuevo proyecto de identidad nacional, de un enésimo proyecto de país. La diferencia, quizá, es que es un proyecto con mayor éxito que los anteriores. No por ser más democrático sino por conectar mejor con los deseos de la mayoría de este país.
Deseos que no solamente van por ganar plata y punto. Implica también las ganas de muchos peruanas y peruanos de conquistar espacios propios, de ejercer su derecho al disfrute y al placer, la posibilidad de hallar vías de reconocimiento y también de socialización.
Y, qué quieren que les diga, lo veo en las miradas y las palabras de muchos adolescentes y jóvenes de sectores populares, chicos y chicas que todavía viven bajo el límite de la pobreza, en casas de material precario, calles sin asfaltar o con el agua racionada. Más de una vez han sufrido la discriminación y el ninguneo, pero no han respondido con ira y siguen creyendo en este país, incluso en el Perú que le dibuja la televisión en abierto y la prensa chicha. Y pese a que este país -este sistema social enraizado en el Perú- los ha tratado mal, negándole derechos y accesos a servicios que necesitan, quitándole oportunidades y explotándoles gratuitamente; ellos se morirán de ganas de desfilar en estas fiestas patrias, participando en esos eventos paramilitares que a usted y a mi nos exasperan, pero que para millones de chibolos representan el acontecimiento extracurricular más importante del año escolar.
Es verdad que lo oculto permanece y las máscaras tarde o temprano tendrán que caer. Las desigualdades no desaparecen con un spot de televisión y las huellas que en nosotros deja la discriminación no las borra un festival gastronómico. Pero el esclarecimiento de ese Perú profundo quizá no vaya por la explosión política (con en los viejos tiempos) sino con la aparición de nuevas prácticas sociales que los novísimos peruanos apliquen.
Este es el país de la prensa rastrera y la cultura chicha, sí. Pero también es el país donde se lee en los colegios mucho más literatura peruana que antaño y donde en muchas regiones la gente está aprendiendo a defender lo suyo. Es curioso que aquellos jóvenes que protestan contra las transnacionales y arrinconen a la policía, sean los mismos que en la noche ponen Al fondo hay sitio o gastan sus ahorros en un par de zapatillas guapas. Así como es curioso -y chocante para quienes adoran al Perú oficial- que los jóvenes emprendedores de Lima Norte usen su tiempo libre en grupos de pop hindú o que las telenovelas surcoreanas sean más populares entre nuestras muchachas que sus símiles latinoamericanas. Como lo dije alguna vez antes: Hoy las adolescentes de un barrio popular bailan un sinkuy cuzqueño en el Festidanza de su colegio por la mañana, ven juntas un DVD de Las vírgenes de la cumbia por la tarde y bailan puro reggaetón durante toda la noche. Sin ningún problema.
Para quienes crecimos en un país crispado por la violencia política y la bancarrota económica, el Perú del siglo XXI es un nuevo campo de pruebas.
De esto vamos hablar las próximas semanas. Agur y tupallanchis kama.
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lunes, 2 de abril de 2012
Mi camino a un arte del siglo XXI (ruta peligrosa, señalada por nostalgias y melancolías)
Soy, posiblemente, de la última o penúltima generación que creció leyendo revistas de historietas y fotogramas.
Ah, y tuve la suerte de revolver en los archivos familiares y encontrar la bizarra revista Avanzada, una publicación católica de los años cincuenta y sesenta, donde además de conocer historias de misioneros, vaqueros y samurais, te topabas con las aventuras de Coco, Vicuñín y Tacachito, tres personajes que representaban a la costa, sierra y selva peruanas y que proponían con candor la paz, el progreso y la amistad en la sociedad oligárquica de entonces (en un conmovedor capítulo logran reconciliar al terrateniente racista y cascarrabias con los laboriosos y agradecidos indios de su hacienda). Era entrar a un universo paralelo.
P.D. La foto, del superblog ArkivPerú
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lunes, 19 de marzo de 2012
GUERRA, TERROR Y...HUMOR (Advertencia, este post puede ser calificado de frívolo)
Últimamente he estado leyendo mucho sobre Argentina. Su reciente pasado histórico. Me he leído Muertos de Amor del reputado periodista y escritor Jorge Lanata (Alfaguara 2007, disponible abiertamente en Quilca) y un par de ejemplares del estupendo fanzine/cuasi revista Viernes Peronistas (sólo disponibles en España y en Argentina, lo siento hermanitos). Todo eso me llevó a una infernal caza en internet (documentales sobre los Montoneros, discursos de Perón, películas sobre heroínas y torturados, la guerra de las Malvinas, la sempiterna Evita, en fin). Y llegué a la conclusión que hemos estado un poco equivocados sobre aquellos años funestos que padeció la hermana república rioplatense.
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
EL AGUJERO DE LA CULTURA EN EL PERÚ
Ojo, es verdad. En los tiempos del capitalismo tardío -la sociedad global, la de los imperialismos financieros, donde la producción de manufacturas se reduce a un puñado de países del sudeste asiático y donde gran parte del consumo global no es solamente de bienes materiales sino de productos virtuales de entretenimiento- la producción cultural que importa es la que de alguna forma retribuye al consumidor global, sea el empresario textil o el cobrador de combi. Y los sectores subalternos solo tiene sitio en la cultura si participan -de alguna forma- en la vitalidad local, promoviendo a los sectores laboriosos y creativos, como una forma de penalizar también a los ociosos y disfuncionales.
La verdad de la milanesa es el mercado. El mercado hace incluso rentable productos culturales que antes sólo sobrevivían por las subvenciones públicas. ¿Y qué pasa cuando te resignas a que el mercado sea tu principal proceso vehiculizador mientras admites que el aporte del sector público será reducido y menor?
Pues tienes conciertos de bandera para la juventud con dinero, los programas de radio y televisión son popularmente nauseabundos, los éxitos editoriales son manuales de autoayuda o estrellas promocionadas por transnacionales, el turismo reivindicado como el gran promotor cultural de facto, las artes plásticas condenadas a ser minoritarias, la prensa chicha como el principal menú lector de los peruanos. Es decir, cualquier producto cultural peruano que quiera posicionarse en la sociedad o se espectaculariza al grado de poder venderse suficientemente bien o termina en el baúl de los marginales. De los losers, como dicen los yanquis.
He dado todo este rodeo para llegar a lo obvio: Necesitamos una inversión del sector público para normalizar (¡esa es la palabrita!) los procesos culturales y artísticos del Perú. Para que escuchar toriles y mulizas en televisión, tener centros culturales en tu barrio, disfrutar de clases gratuitas de música o teatro, comprar literatura peruana contemporánea a no más de cinco soles por libro, hacer que cada colegio tenga una biblioteca escolar activa y en condiciones; sea algo NORMAL y no una excepción.
Curiosamente, los gobiernos locales sí resultan más interesantes para invertir en cultura, aunque eso se vea más en los auspicios a eventos y performances que a actividades más metódicas y a largo plazo. La municipalidad más rica del Perú (la de la otra Susana, la de Lima) se ha dedicado fundamentalmente a impulsar festivales colectivos de música, teatro, circo y recitales en cinco lugares de la metrópoli ¿Podría la alcaldesa rascarse un poco más la billetera municipal para crear pinacotecas, conservatorios, teatros y fondos editoriales en diez o veinte lugares distintos de la metrópoli? (que plata no falta, ni inmuebles tampoco).
Con los mercados a lo suyo y el sector público más avaro de lo creíamos; solo queda la sociedad civil. Osea, tú, yo y los de enfrente. Demandar. Julio Vega y Javier Arévalo están demandando al Estado con justicia el impulso oficial a la creación de bibliotecas, ¡pero ya! con una carta fundacional. El Gremio de Escritores ya ofreció una hoja de ruta cultural sin respuesta por parte del Estado. ¿Iniciativas condenadas al fracaso? Depende de nosotros.
Porque, visto lo visto, la lluvia de millones a la cultura seguirá siendo un sueño en el Perú. Y lo que sí es fracaso es esperar sentado a que alguna vez llueva como por encanto.
Sin embargo, creo que ahora tenemos las mejores condiciones para demandar cultura, que muchas personas e instituciones están mejor sensibilizadas a escuchar. Los escritores y artistas tiene que aprender también a pedir. Porque tampoco es vivir de una renta pública por leer mecánicamente ante un auditorio medio vacío o forzar a imprimir mediocridades sin ton ni son. De lo que se trata es de un nuevo pacto social: trabajadores de la cultura que ofrecen sus servicios a una localidad por una cantidad equis de recursos. Que pintores puedan dictar talleres a escolares, grupos de teatro animar las veladas de las comunidades, que poetas y narradores formen parte de la cotidianidad de universidades, colegios, tecnológicos y pedagógicos. Do ut des: doy para que me des. Un principio elemental de reciprocidad que rompa el círculo vicioso de ausencia presupuestal e indiferencia mercantil. Ese pacto sirve para una comunidad campesina en las alturas de Andahuaylas, una municipalidad provincial a lo largo del Ucayali o cualquier gobierno regional. También sirven asociaciones profesionales, colegios privados u ONGs. El contrato es el mismo.
No hay que llorar por el agujero de la cultura en nuestro país, de lo que se trata es de taparlo.
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