Mostrando entradas con la etiqueta opio del pueblo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta opio del pueblo. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de diciembre de 2013

NAVIDADES PERUANAS



Estos días estuve en varios colegios públicos de San Juan de Miraflores. Y me topé con tres escenarios:

Primer colegio. Un colegio nacional pequeño, de infraestructura insuficiente, casi deleznable. Hablo de toscos salones hechos apresuradamente de tripley y niños que estudian en aulas que ya tienen comprobados problemas de infraestructura (es decir, que pueden venirse abajo ante cualquier temblor). Allí las autoridades organizan una navidad para primaria. Traen a dos mozuelas con gorritos de Papá Noel sobre su cabellera teñida, unos prietos corsés a lo Blancanieves y sugerentes minifaldas que hacen desviar la vista a más de un profesor. Las jovencitas imitan a Yola Polastri y cantan en puro playback canciones pegadizas "para niños". Las acompaña un pobre hombre enfundado en un disfraz de ardilla-cuy bajo el cual debe estar sudando horrores. El espectáculo llega a su fin cuando las animadoras y la autoridad empiezan a lanzar golosinas a puñados hacia una chiquillería que se agarra a empujones y puntapiés para acceder a algún chupete o caramelo. Finalmente, los niños de ocho a diez años regresan a sus aulas arrastrando cada uno su silla mientras la autoridad racanea el pago a las señoritas (a juzgar por sus caras) y la administrativa de limpieza inicia su tarea de adecentar ella sola un ancho patio cubierto de confeti, serpentinas y envoltorios de golosinas. Feliz Navidad.

Segundo colegio. Un colegio que aguanta dignamente el polvo de los cerros y el sol canicular. Toca homenaje a segundo de secundaria y viene una delegación de esas universidades privadas carísimas que se ufanan de tener su extensión de pastoral y proyección social. Entre rezo y rezo, hacen actividades lúdicas, empalagosas reflexiones navideñas y una amable chocolatada mientras disfrutan con un mago de segunda fila. Esta experiencia -que yo la he visto en varios tiempos y lugares- es una variedad de esa entrañable costumbre de la España franquista "ponga un pobre en su mesa": En Navidad, las familias pudientes, para lavarse sus complejos de culpa y ganar puntos con el Altísimo, invitaban a algún pobre de solemnidad a acompañarlos en la cena de Nochebuena. Bueno, por lo general eran unos brindis y el pobre comía su pedacito de lechón en la cocina o la puerta de servicio. Este bizarro hábito está descrito en la excepcional película de Berlanga, Plácido. Nuestra versión peruana es la de sonrosados chicos de universidades o colegios de alto costo que cumplen con su buena acción del año ofreciendo a sus desventurados hermanos un tetrabrick de leche chocolateada, una raja de panetón, una sesión de circo y, claro está, regalos. Porque esa es la nota significativa de la navidad peruana, los regalos. Aunque sean, eso sí, un osito de peluche para las niñas y un polo con el logo universitario para los niños. Todo pagado por esos alegres y desinteresados jóvenes que alucinan con los cerros de Pamplona y los comparan con los paisajes de Afganistán cuando ven en el cable los documentales del NatGeo. A esos gastos añádanse el salario del mago, el precio del equipo de sonido, el lujoso autobús de transporte con chofer incluido, el tabladillo con toldo y las mesas con sus respectivas sillas playa. Todo el festival lo culminan con una entusiasta foto de todo el grupo, con humor blanco y reiteradas consultas a sus smartphones. Feliz Navidad, otra vez.

Tercer colegio. Es uno de los más extensos y poblados del distrito. Son las nueve de la mañana y el plantel está rodeado por largas colas de sufridas amas de casa, niños y bebés colgando de los brazos. ¿Temporada de matrícula?¿Algún programa del Ministerio de Salud? No!! Desde ayer la gente se ha pasado la voz que en ese colegio van a gozar de una sesión navideña del personal de Combate, el exitoso programa de nuestra telebasura patria.  El rumor vino de un reparto inescrupuloso de volantes el día anterior y al colegio no solo asistían sus educandos sino que se les sumaron adolescentes, niños y familias de otros colegios y barrios, desbordando a todo el personal del colegio (que, al parecer, solo le dijeron la mitad de la película). Adentro ya suenan los parlantes con otro espectáculo infantil de mozuelas en minifalda, la gente exige entrar, los profesores intentan poner orden en una histeria que crece más y más. En una esquina aparece un Hyundai de lunas polarizadas que se abre paso entre la multitud ¡Allí están, allí están! Madres de familia, muchas de ellas con bebés en sus llicllas aporrean el chasis del coche, intentan ver quién está adentro. El pobre carro termina alejándose para entrar por alguna otra puerta. El sol aprieta pero nadie quiere irse del colegio, todos esperan a que sus adorados ídolos aparezcan en carne y hueso. Al final entraron, bueno entró. El único miembro del programa de marras es un subnormal con el sobrenombre de "Pantera" que animó una breve fiesta cuyo motivo final fueron -como no- los regalos. Esta vez fueron pelotas de plástico playero repartidas con entusiasmo entre la febril muchachada. Ah, la fiesta navideña se realizó en un flamante tabladillo encabezado por la figura de un candidato a la municipalidad por el Partido Humanista.  Sí, un político que se aprovecha de un colegio para hacer campaña. Feliz Navidad, también.

Demás está decir que esos tres espectáculos se hicieron en horas de clase. Y con el disgusto de más de un profesor.

A ver, no quiero hacer de pitufo gruñón (una apodo que recibo en varias ocasiones) pero quisiera señalar qué tipo de peruanos estamos formando con esas festividades. Estamos creando una generación de gente que ve diciembre como el mes de los regalos y que, por mor de disfrutar de algún obsequio, aceptan los ritos del clientelismo y la hipocresía. No quiero cargar tintas contra un par de jovencitas que se ganan el pan inspirándose en Xuxa, ni contra adinerados estudiantes que sienten tener buen corazón (aunque me recuerdan a cierta canción de Joan Manuel Serrat), incluso podemos entender a un sujeto que ha aprendido a hacer política al estilo peruano y que le parece lo más normal del mundo. 

El asunto es ver como, desde chiquititos, nuestros futuros peruanos empiezan a entender el mundo como un juego de prebendas, a sumergirse en la cultura del espectáculo, a soportar dos horas de severo sol esperando por una pelota o una bolsa de chocolatinas, a comprobar qué fácil es perder horas y horas de clase. 

Lo peor es que muchas de estas personas que cantan, hacen gymkanas y regalan juguetes sólo se aparecen en los colegios en diciembre. No hay la más mínima intención de ayudar a estos chicos a lo largo del año. No se detienen a pensar que valdría la pena a estos chicos regalarles libros, sortear telescopios, repartir juegos de pinceles y acuarelas. A los niños que todos los días suben largas cuestas de arenal para regresar a sus casas, que tienen que recursearse cuidando bebes o vendiendo en las calles, que son testigos de la violencia doméstica en sus familias agonizantes; no les arreglas el año con un trozo de panetón. El trabajo para devolver la felicidad a nuestros hermanitos dura todo el año y va más allá que una jornada festiva.

No creo en el "algo es algo". Es una excusa que acicala nuestro conformismo. Nuestras desvencijadas escuelas se merecen otro tipo de dinámicas, de iniciativas, incluso de regalos. A ver si nuestras chicas en minifalda puedan crear jornadas pedagógicas creativas para nuestros niños, que nuestros bienintencionados universitarios monten bibliotecas o modernicen laboratorios y que nuestra silvestre clase política elija ganarse a la comunidad cumpliendo sus promesas y no sólo haciéndolas desde tabladillos aprovechados. Lo otro, es seguir la engañosa ceremonia de nuestras navidades peruanas.

* (En la foto, otro ejemplo de nuestras navidades peruanas, llenas de globos y stickers).

viernes, 11 de enero de 2013

¿Esa Lima que se viene?



Acá vemos a Marco Turbio Gutiérrez, el gestor de la Revocatoria a la alcaldesa de Lima, en un fracasado mitin de Ate hace unos días. Está intentando bailar una cumbia tropical con una pobre joven que no sabe qué hacer, que por qué chucha  demonios  le hace compañía a ese tipo indolente y seboso, rodeado de una audiencia indiferente que parece estar esperando otra remesa de fideos o galletas antes de enterarse que está en un  reunión política. Túnel del tiempo: Los mítines del fujimorismo. Solo que con bastante menos gente.

No. No nos riamos demasiado. Esa es la Lima que se viene.

La revocatoria a la actual alcaldesa goza de un apoyo genuinamente popular (con lo contradictorio que significa hoy el término popular, que es materia de otro post, se los prometo). Lo veo por las pintas en las zonas más pobres de San Juan de Miraflores, donde las paredes chillan "Susana pituca fuera" o varias casas portan pancartas amarillas y amarillentas de apoyo al sí. Ese de amarillo patito, símbolo de la huachafería colonial limeña, color de la mafia de Castañeda y de Kouri, reivindicado en actos respaldados por el fujimorismo.

Pero esa puede ser la mafia que se viene.

El poeta Miguel Idelfonso me confesó que nada había cambiado en La Parada en más de veinte años (y lo dice él, que desde adolescente ha frecuentado esos lares). La próxima Lima va a ser el regreso de La Parada de toda la vida con fuegos artificiales, con todos los lúmpenes de la zona brindando Brahma hasta el amanecer, mientras en un concierto masivo el Grupo 5 le pone vida a la reconquista.

El narrador Carlos Rengifo se siente dubitativo mientras toma su combi al Callao. La próxima Lima va ser la perpetuación de las combis Orión, el gagsterismo transportista afincado en la provincia constitucional con prebendas regionales y municipales, plagadas de egresados de las cárceles, con lúmpenes drogados en La Colmena -esquina con la universidad Villarreal-  que te gritan en la calle y te empujan groseramente al vientre de las combis mientras vociferan como posesos "¡Callao! ¡Callao! Vas, vas, vas!!!" (al mejor estilo de la entrañable novela de Rafael Inocente La ciudad de los culpables).

Los grupos juveniles de música, teatro, danza y performance han tenido más oportunidades que nunca de ofrecer su arte a sectores diversos de Lima. La próxima Lima es la Lima de Al fondo hay sitio, donde la única cultura será los conciertos de grupos de cumbia mediáticos, la retransmisión en pantalla LED gigante de los tristes partidos de la selección de fútbol en la Plaza de Armas, concursos de bandas de colegios privados que imitan a sus símiles yanquis (eso de hacer figuritas y mover las caderas mientras tocan) y una liquidación rutinaria y ruinosa de lo que dejó la administración anterior. Y el posible cierre de un par de museos y centros culturales porque el dinero de la próxima Lima solo se gastará en cemento y asfalto.

Es la Lima de Combate, de los vergonzantes telediarios de la noche que se ahítan de crímenes y farándula, de la prensa chicha que impregna de basura los kioskos ( y que es algo excepcional, que no existe ni por asomo en el extranjero, en un país como Chile, por ejemplo). Una Lima consumista salvaje, con muchos centros comerciales y ningún parque público, con casas sin bibliotecas y con la música secuestrada por radios serviles al poder. La Lima que nos tocará vivir en los próximos años si esa maldita Revocatoria triunfa. Una Lima más difícil no solo para los escritores y demás amigos del arte, sino para cualquier persona decente.

Porque se viene la Lima de las argollas, de la corrupción legal, de los veinte soles de soborno al serenazgo, del cebichito mixto con sus chelas al pequeño funcionario que nos dé la buena pro, de las tremendas coimas en las próximas licitaciones de avenidas, óvalos y autopistas. La Lima de las lozas deportivas de día y fumaderos de droga por la noche. La Lima donde a los excluidos les obliguen a que besen los pies de aquel acalde que sólo inaugure escaleras en los cerros pero que no abra en décadas una sola biblioteca pública.

¿Consuelo? Va a ser una Lima de novela. Un buen material para escribir. El gran Rubem Fonseca nació al escribir sobre la corrupción institucional en Brasil. Petros Márkaris se ha hecho famoso denunciando la inmoralidad y el robo cotidiano de los funcionarios públicos y los empresarios privados a Grecia. Mo Yan, el último premio Nobel, narra la decadencia ética de la China postmaoísta.

¿Qué escritor va a escribir sobre esta Lima, caótica, corrupta, ignara y obscena que se nos viene?


domingo, 29 de julio de 2012

EL MILITARISMO EN LA EDUCACIÓN (y seguimos hurgando en la insoportable levedad del ser peruanos)


Para nosotros, el desfile escolar de Fiestas Patrias puede ser lo más normal. Es más, para nuestros escolares puede resultar incluso su momento de gloria desfilando en el Campo de Marte. Sin embargo, este simulacro paramilitar es chocante a los ojos de cualquier extranjero. Mi hijo, educado en España (donde no existen uniformes escolares obligatorios y los chicos pueden asistir a clase con el pelo largo) se asustó de los peruanísimos desfiles escolares de Fiestas Patrias y más aún de la pasión que ponían nuestros estudiantes en marchar mecánicamente, cuidar su impecable uniforme e incluso aventurarse con el paso de oca ("¡¡Papá, esto es fascismo!!"). En un país con poca cultura musical, resaltaban las bandas escolares de tarolas, bombos y xilófonos que generalmente alimentan los desfiles (apenas figuran trompetas, hay por allí algún saxofón y ningún clarinete). Lo que aparentemente es un homenaje a la patria, en realidad es un pobre remedo de la cultura militarista en este país. Porque el asunto es ese.


Un país donde nuestras fuerzas armadas han perdido casi todas nuestras guerras ¿Cómo legitimarse ante el resto de peruanos? Donde bajo la bandera patria masacraron a campesinos desde los tiempos de Atusparia o  Rumi Maqui  hasta los años terribles que todos conocemos. ¿Cómo legitimarse? Pues apropiándose de la educación, marchando, embutiéndonos de héroes criollos, marchando, hablando de una nación inexistente, marchando, ignorando nuestro extraordinario pasado prehispánico. Y marchando.

Bajo estas líneas verán unas fotos. Estas fueron tomadas el año pasado en un colegio de Pamplona alta, una zona de pobreza y pobreza extrema adosada en el flanco sur de la capital. Julio del año 2011, lluvioso,  tan cargado de neblina como en aquel 28 de 1821 donde se declaró la independencia en cuatro lugares distintos de la ciudad de Lima (y no solamente en Plaza de Armas como mentirosamente nos cuenta la hagiografía estatal y metropolitana). 2011, era día de desfiles, además el colegio anfitrión cumplía 30 años de fundación. Y, para la ocasión, invitó a las escoltas de otros colegios. Ser Escolta es algo muy valorado por el colegial medio, una suerte de popstar pero en pequeñito.


Empecemos por los invitados. Acá abajo tenéis el colegio particular Héroes del Pacífico, con un uniforme naval a la ocasión. Ojo a los entorchados, la corbatita, el blazer náutico y los guantes ceremoniales. Y todos paraditos en posición de firmes. Así es como quiere vernos la Marina de Guerra.



Sigamos, luego tenemos al Juan de Espinosa Medrano, un colegio estatal pequeño pero que porta una original indumentaria, donde combina el clásico uniforme escolar actual (el eterno encanto de la falda escocesa) con un bombín altiplánico. También están en posición de firmes.



Ahora viene el Alfonso Ugarte, otro colegio de Pamplona alta donde estudian muchas trabajadoras infantiles domésticas. Uff, abundan las charreteras, los capotes y una estética, digamos, de la Guerra de las Galaxias (y si echamos a volar la imaginación, las podríamos ver como militantes de la BDM o casi como comisarias soviéticas). No neguemos que es espectacular y ya quisiéramos a nuestras policías o soldadas vestir así, aunque sea para los desfiles. 




Y ahora el colegio anfitrión, La Inmaculada (sí, en el Perú, muchísimos colegios públicos de un Estado teóricamente laico tienen nombres religiosos: Inmaculada, Nazareno, Santa Rosa, etc.). Es un colegio pequeño, con buena cantidad de niños y adolescentes trabajadores. Diría que me encanta su uniforme sencillo, austero, virtualmente proletario. Aunque me consta que las chicas todos los años piden que el colegio le compren uniformes más acordes con la competencia. Quieren desfilar como marineritas o tropas imperiales. Tienen derecho.


Y desfilan llenas de orgullo. Porque se alucinan personajes de peruanidad. Es en ese momento del desfile donde se consideran peruanas, nos guste o no. Y con todas las contradicciones del mundo. En la foto de abajo, la adolescente quien porta la bandera -a quien llamaremos Irma- está feliz y marcial, marcando el paso y cuadrando a su escolta con el autoritarismo de toda una cachaca. Pero Irma, además, es parte de una catequesis católica local. Pero Irma, además, es poeta y compositora de muchas melodías de rap, todas de letra provocadora e iconoclasta. Pero Irma, además, es una lideresa nata amante del teatro.Y sí, así la puedes ver marchando impávida, impasible el ademán, con un celo militar de quien desfilara en Westpoint o en la Plaza Roja.



País conflictivo y contradictorio. El militarismo (y la religión) se han convertido en reservorios de ética y moral en un país donde se pisotea con impunidad la ética y la moral. En los colegios públicos se derrochan cientos de horas entrenando para desfilar. Y se fomentan actos religiosos en la creencia que ellos evitarán que nuestros escolares se vuelvan pandilleros o drogadictos. Porque esa es la trampa: Marchando y rezando tendremos que acabar con las lacras del alcohol, la delincuencia y la drogadicción. En colegios públicos  donde algunos directivos roban, algunos profesores trapichean notas y algunos escolares desertan porque creen que lo que estudian no les sirve. El problema no es que no sepan valores. Los saben perfectamente.

Saben también que los adultos se orinan en dichos valores. Que sus padres engañan a sus esposas, que pegan a sus hijos sin razón, que solamente ven telebasura, que le niegan a su hijo comprar libros mientras tienen en El Trome la única literatura en casa. Que la viveza, la pendejada, la criollada dan plata y que la sinceridad es sinónimo de cojudez, que la solidaridad es cosa de perdedores. Que la heroicidad es algo, sencillamente, incomprensible.

Y así creemos que marchando aprenderán valores.

Afortunadamente, ese tiempo está pasando y aumenta la idea de buscar otras formes mejores de querer este país. 

Año 2012. En el mismo colegio donde se concertaron desfiles paramilitares surgió la iniciativa de algunos profesores por darle otro acento a la celebración de fiestas patrias. Chau al militarismo, cada aula representaría a una región del Perú. Los estudiantes se imaginarían por un día ser ayacuchanos, cajamarquinos, sanmartinenses o iqueños. Aprenderían sus danzas y sus viandas. Se enterarían que awajunes o boras son sus hermanos, aprenderían a saludar en quechua o cómo se hace una pachamanca.

Y nuestra Irma, la cachaca, ahora dirigía el stand que representaba a Apurímac. Nos hablaba de una parte del Perú que todavía no conoce. Antes marchaba, ahora nos habla. 

Pablo Macera, nuestro historiador ahora caído en desgracia, decía que cualquier descubridor de algo en el Perú terminaba siendo un inventor del Perú. Las niñas y adolescentes del colegio La Inmaculada, han empezado a inventar su país.

Feliz 28, amigos.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Semiologías Electorales: Reflexionando la Lima de hoy.


La semiología, para mí, es el estudio de los discursos, uséase, el análisis de las formas que nosotros tenemos de comunicar determinados contenidos. Pecando de poco académico e incluso de atorrante, diría que -además- eso también es literatura: Es la descripción del lector in fábula, del pacto con el destinatario del mensaje. Un pacto no muy lejano del pacto narrativo escritor-lector, "yo te lo cuento de la forma en que tú quisieras creértelo".

Miren esta foto. Son las dos candidatas a la Alcaldía de la espantosa ciudad de Lima. A su izquierda Susana Villarán que articula la mayoría de las fuerzas y discursos progresistas, a su derecha a Lourdes Flores que representa el actual conservadurismo moderno en el Perú. Ambas acaban de terminar el gran debate electoral de anoche. Porque, ojo, ambas proponen un discurso, pero también ambas son un discurso, posiblemente distinto a las intenciones de la propia emisora (total, hablamos de mujeres, jojojó).

Ahora bien, posiblemente cualquier ciudadano extranjero que visite este humilde blog tendrá un equívoco común. Iconográficamente, Lourdes aparenta ser la candidata de los pobres y trabajadores, con su carita de mestiza sufridora, sonrisita Colgate, su peinado retro con aires de Mujer Biónica y su chaleco de ingeniera-modernaza. Por contra, Susana Villarán lleva un chal esponjosamente verde (un verde que, hoy, en este país, es un verde Falabella) un sobrio y ceñido vestido negro, todo coronado por una gargantilla dorada lindante con el artículo de lujo, unas gafas modernikis y un peinado también retro, pero de los ochentas. En esa foto, Lourdes -salvando las distancias- aparece casi como la directora de una cooperativa estatal y Susana -también salvando las distancias- semeja como la propietaria de una galería de arte.


Aparentemente Lourdes es la candidata de las mayorías, exhibiendo su look chambero y esa parálisis facial que la cholifica. Susana, al contrario, es la señorona burguesa de las novelitas de Bryce, blanquiñosa, miraflorina de pro, con el insoportable buen rollito de las activistas de las ONG, barranquinamente culta y con esa risita limeña que tanto atormetaba a César Vallejo. Pero no solo los contenidos han sido disímiles para sus respectivos envoltorios, sino que gran parte de la opinión pública ha llegado a notarlo así. A descubrirlo así. O a inventarlo así.

Hoy no solamente todo lo sólido se desvanece en aire, sino que la Sociedad del Espectáculo impera sobre otras racionalidades. Así hemos encontrado a un electorado -tradicionalmente pasivo, insultado abiertamente por los medios, sin conocimiento alguno de ideologías, pero con ideas-fuerza atadas a su propia experiencia- que, de repente, disiente de los medios hegemónicos y construye su propio mapa político definitivo.

¿Por qué los limeños -como todo parece indicarlo- van a votar masivamente por Susana Villarán y se niegan darle a Lourdes Flores su premio consuelo de la alcaldía? ¿Por el heroico esfuerzo de los cuadros de Patria Roja? ¿Porque Lima, un buen día, se levantó con conciencia de clase? (Esa deducción "tener conciencia de clase, ergo, votar por Susana" le daría retortijones a más de un marxista-leninista). Siendo más retorcidos ¿Cómo así una ciudad que votó abrumadoramente por un tipo como Luis Castañeda ahora se inclina por alguien que tiene un discurso absolutamente distinto, con otras prioridades y hasta otra retórica?

Desde hace varios años hemos visto la cultura chicha como el fulgor exótico y chillón de la Lima de los conos. Una Lima de mototaxis, cachinas y cerros chacaloneros. Es decir, la Lima que creemos chicha es una Lima siempre "ajena", que siempre "está allá", al otro lado del Rímac o de la Panamericana.


Mentira, nos equivocamos (y yo el primero). La Lima chicha habita en nosotros.

Como señalaba Marcel Velázquez: "La cultura chicha mediante la transgresión, la irresponsabilidad, el triunfo individual, la mezcla incesante, la memoria andina, el capitalismo popular, el kitsch, la imaginación melodramática, la ética del trabajo y la superación social, ofrece nuevas categorías de pensamiento, nuevas formas de ser y estar en una ciudad, simultáneamente, andinizada y globalizada. sin embargo, no debemos caer en la idealización de la cultura chicha, ella también reproduce exclusiones, se nutre de la racialización de los subalternos y adopta la lógica de la mercancía y del mercado deshumanizador." (El resaltado es mío. El artículo completo se encuentra aquí aunque yo recomiendo una versión mucha más completa, que es esta).

La Lima chicha no solamente es la Lima de Tongo, sino también de Jaime Bayly, su envés pituco. Es una Lima que se engancha al show de Gisela Valcárcel, a la coprofagia de Magaly Medina o a los horrores de Efraín Aguilar. Pero también es una Lima capaz de reventar estadios escuchando a Metallica o Soda Stereo, que agota el teleticket para asistir a Mistura o que ha convertido a NoamChomsky o Roberto Saviano en algunos de los superventas de Quilca. Es la Lima que lee El Trome, que mira el voley femenino y le fascina tremendamente el huachafo Círculo Mágico del Agua.

Adonde seguro ya has ido tú con tu pareja. Sí, tú, a tí te hablo.

Esa Lima tremendamente contradictoria y tornadiza va a votar por un proyecto municipal progresista e izquierdoso. Pero es la misma Lima que el próximo año puede votar masivamente por los fujimoristas. Es una Lima que posiblemente celebre las iniciativas ecologistas, ciudadanas y solidarias que propone el equipo de Fuerza Social, pero de los que también piden la pena de muerte para solucionar la delincuencia o exigen que todos los sentenciados por delitos de terrorismo se pudran en la cárcel por el resto de su vida.

¿Conclusión? Queda muchísimo por hacer. No lancemos campanas al viento. Lima no se ha vuelto más inteligente y amable por votar a Susana. Sigue siendo la misma ciudad caótica, desintegrativa e inculta.
Pero, ojo, no es la náusea sartreana, el infierno no son los demás.

Norman Bethune, un cirujano comunista que ofreció desinteresadamente sus servicios en la España republicana y en la China defendida por el ejército de Mao, decía que "todos, absolutamente todos, tenemos un lado fascista que debemos siempre combatir". La bestia habita entre nosotros y se alimenta de nuestros actos.Y matar a la bestia será un proceso inevitablemente doloroso, porque significará destruir algo de nosotros mismos. Algo quizá muy querido acaso y del cual dudemos cien veces el arrancarlo.

¿Habrá que incendiar toda la ciudad para volver a reconstruirla sobre bases más racionales, más sinérgicas, más libertarias? ¿O es precisamente ese delirio neroniano la mala hierba que alimenta nuestras peores tentaciones? .

No voto en elecciones peruanas desde 1990. Y el hecho que este domingo lo haga por Susana Villarán me sabe a una tremenda paradoja.

viernes, 3 de septiembre de 2010

LA CIUDAD INCULTA

No, no me refiero a la Lima de las combis, ni a esa Lima que imaginan los guionistas de Al fondo hay sitio, ni siquiera a la Lima pituca de calles sin veredas con cinco centros comerciales y ninguna biblioteca. No, hablamos de una municipalidad que, en seis años de millonarios ingresos, apenas si ha invertido algo en el arte y la cultura.


Ya llegan las elecciones (Ja, ja, ja como cantaba Ruben Blades en Maestra Vida) y todos los ciudadanos tenemos que recibir diariamente una catarata de mentiras en forma de promesas electorales. Y los limeños en particular sufrimos más, teniendo en cuenta que esta ciudad está sometida a unos medios claramente censurados: los noticieros y periódicos –con muy pocas excepciones- se ocupan en un 90% de crónicas policiales y farándula. Para encontrar noticias sobre cultura, arte o derechos humanos hay que acudir a medios alternativos o semiclandestinos.


Lima es la ciudad que recauda la mayor cantidad de dinero por impuestos. La municipalidad de Lima es el consistorio más rico del Perú. ¿Puede uno deducir que, como consecuencia, es el municipio más culto de nuestro país?


No solamente no lo es sino que está bastante más atrás de otras ciudades que no cuentan ni con la centésima parte de dinero que maneja la capital. Y si hablamos de literatura, peor todavía.


La Municipalidad de Lima no organiza eventos literarios de ningún tipo. Marca, una cabecera de distrito en Ancash que no supera los dos mil habitantes, organizó hace dos años un encuentro de escritores trayendo a creadores del calibre de Áureo Sotelo o Jose Luis Ayala y montó una pinacoteca de lujo de artistas ancashinos en su colegio.


La Municipalidad de Lima no cuenta con un Fondo Editorial. Gobiernos regionales menos opulentos como el de Loreto se dieron el lujo de publicar once volúmenes de escritores loretanos contemporáneos pagándole sus derechos de autor y distribuyéndolos gratuitamente por los colegios públicos de toda la región.


La Municipalidad de Lima no inaugura casas de la cultura ni mucho menos bibliotecas. Pucallpa, que incluso ha padecido un gobierno local enrarecido y problemático, ha inaugurado una espléndida biblioteca municipal que los limeños ya quisiéramos en nuestros distritos populosos.


La Municipalidad de Lima no organiza Ferias de Libro. Jauja, con bastante menos recursos pero con mucha más ganas, por lo menos lo ha intentado y ha sacado una más que decente feria del libro.


En Huamachuco se decidió destinar el total de presupuesto participativo al sector cultura. La Municipalidad de Lima prefiere gastar dinero financiando el Día de la Mascota.


No quiero esconder las contradicciones, problemas, deficiencias e incluso taras que los municipios mencionados puedan tener. Ni tampoco decir que Castañeda no hace nada por la cultura: De hecho, en la web municipal de la gerencia de cultura (mucho más activa y actualizada que la que tenían hace dos años, cómo se nota que estamos en carrera electoral) uno puede ver varias iniciativas al respecto que realizan.


La cuestión es la paradoja de ver cómo en otras partes del Perú, sin los súper millones del presupuesto municipal limeño, se invierte en cultura mientras que la capital cree que cultura es organizar desfiles militares de escolares o macroconciertos de cumbia en la Plaza de Armas.


Se trata de voluntad política, de entender la cultura como una inversión y no como un gasto. Desgraciadamente, la inmensa mayoría de nuestra clase política todavía ve la cultura como un mero adorno, un decorado de quita y pon, algo bonito pero de lo cual se puede prescindir. En Lima, el alcalde -y posiblemente la mayoría de los limeños- consideran que más importante es una clínica de pago que una biblioteca gratuita, una autopista de tres carriles que un centro cultural para jóvenes. Nos hemos resignado a pagar para acceder a espacios que antes eran un derecho ciudadano (yo, hace algunos años, no pagaba un solo sol para entrar aquí o acá). Incluso creemos que lo gratuito, por serlo, ya es algo malo o sospechoso. Y que el sector público puede regalar cheques en la Teletón o cobrar peajes abusivos, pero nunca financiar escuelas de teatro, conservatorios o pinacotecas para todos los limeños.


Sí, la idea de combatir la delincuencia con cultura acá es recibida con desprecio e hilaridad, cuando en Medellín ha funcionado. La posibilidad de organizar orquestas sinfónicas juveniles para erradicar el pandillaje en Lima es percibida como una soberana tontería, cuando en otros países es algo asombrosamente normal. La cantidad de instituciones e iniciativas que gestionó la municipalidad de Curitiba para convertirse en la ciudad más ecológica de Sudamérica acá serían vistas como una tomadura de pelo.


Hoy los candidatos te prometen el oro y el morro (acá hay un excelente resúmen de sus propuestas electorales en política cultural) y a más de uno se le nota que miente descaradamente: Conchas acústicas en casi todos los distritos, red de gerentes culturales, premios literarios, escuelas de arte, una editorial municipal popular, etc. ¡es tan fácil hablar! Mientras tanto la ciudad intenta (sobre)vivir sin un museo de arte contemporáneo, con poquísimas bibliotecas públicas, con salas de teatro carísimas, parques enrejados, sin posibilidad de escuchar gratuitamente música sinfónica y cuya oferta cultural se reduce a la que buenamente nos dan algunas universidades y centros culturales de países extranjeros.

Eso sí, con cumbia gratis, fútbol para todos en la Plaza de Armas, fina telebasura y una prensa sensacionalista que se ha convertido en el principal menú cultural de limeño común y corriente. Lima es una inmensa combi en la que juntos enfilamos al abismo riendo, chupando, cantando, festejando.


Festejando no sé qué.

sábado, 14 de agosto de 2010

LA CONTRACULTURA Y EL SISTEMA (A propósito de El Averno)



La contracultura suele ser vista en los tiempos que corren como una siemple pose, un capricho estético de minorías ruidosas, un sarampión inevitable que ataca en determinados momentos a determinadas generaciones. En el mejor de los casos, la contracultura se entiende como algo ya muy visto, muy demodé, un artefacto obsoleto ya arrojado en el desván del siglo XX.

González Prada escribió : "Si las sediciones de pretorianos denuncian decadencia, los continuos levantamientos populares manifiestan superabundancia de vida". Malos tiempos si nada se mueve en las calles, si todos escuchamos sin chistar el discurso oficial, si nos da flojera cuestionar o simplemente decir no. Por ello, la contracultura suele ser siempre un indicador de la vitalidad cultural de una sociedad. Mide el grado de crítica, de libertad, de euforia creativa, de compromiso existencial que hay en una comunidad.

El Perú era conocido por una gran vitalidad en la contracultura, esto es, en producir discursos innovadores, profundamente críticos, a contracorriente del menú oficial. Desde el indigenismo de los años veinte hasta las manifestaciones culturales contra la dictadura de Fujimori, nuestro país siempre fue una tierra de intelectuales desconfiados del poder. Y no es de extrañar que el poder terminara marginando a intelectuales y artistas, demoliendo el sistema educativo público, dejando morir de hambre a las universidades nacionales, gastando cero en investigación, poniéndonos a la cola de Sudamérica en la producción cultural de materias como teatro, composición musical o artes plásticas.

No voy a hablar de Cuba o Venezuela: El Chile capitalista gestiona becas para sus poetas, pensiones para sus escritores prolíficos. Acá los dejamos morir en la soledad y en la indigencia.

Por tanto, la escasez de propuestas culturales críticas es algo reciente, producto de veinte años de privatizaciones y exclusión. Así, no es de extrañar que los pocos centros culturales alternativos sean arrinconados, criminalizados y sometidos a la amnesia mediática. En el caso de Lima, el Centro Cultural El Averno (un espacio gratuito y comunitario de disfrute de propuestas culturales progresistas e incluso iconoclastas) es un perfecto ejemplo: Dicho Centro Cultural en más de una década ha sufrido saqueos, palizas, incendios intencionados, redadas, por no hablar de una larga literatura incriminadora que los tacha de ser un nido de borrachos, drogadictos y terroristas. La escandalosa intervención policial que sufrió el sábado 7 de agosto (destrozos del local, agresión y maltrato de la promotora Leyla Valencia, robo de dinero y otros recursos, sembrado de droga) es un capitulo más de su historia.

Aunque ahora el desenlace ha sido distinto.

La policía, por boca del coronel Carlos Remy Ramis, ofreció disculpas públicas y prometió que este tipo de atropellos no se volvería a repetir. Estas disculpas han sido tan bien recibidas por el colectivo de El Averno que incluso la han retratado gráficamente en el dibujo que encabeza este post.

Estoy seguro que muchos ahora acusarán a El Averno de haber pactado con las fuerzas represivas, de contradecir su discurso contestatario y de aburguesarse. Incluso pueden esgrimir el ejemplo de varios centros contraculturales europeos que terminaron siendo subvencionados por el Sistema al cual decían combatir. Total, así terminan los anarcos ¿no?

Pues yo creo que no. Que ese apretón de manos entre el Negro Acosta (fundador de El Averno) y las fuerzas de seguridad puede ser una gran oportunidad.

Las propuestas contraculturales sirven y son necesarias cuando inciden en la gente y coadyuvan a las transformaciones. Lo contracultural no es intrínsecamente anacoreta y suicida. Lo contracultural vive cuando afirma su presencia singular en la sociedad. Sí, El Averno ahora va a meterse en el Sistema, es decir, a buscar un sitio y una participación en la gestión cultural ¿Será eso posible en la Lima de Castañeda? ¿No habrán caído en una típica trampa de calendario electoral? ¿Están perdiendo el tiempo ilusionándose? ¿No es otra cosa que un ejercicio de cinismo? No lo sé. Lo que sí sé es que es uno de esos desafíos al que uno no debe huir.

El Sistema desea que sus críticos se aíslen y se hundan en minorías melancólicas. La lucha contra el Sistema pasa por romper ese cordon sanitaire que nos invisibiliza ante las masas.

Lo que hay que pedir a los amigos de El Averno no es que radicalicen su discurso o rechacen algún ofrecimiento de la Municipalidad (ofrecimiento que, personalmente, no creo que se materialice). Lo que hay que pedile al Negro, a Leyla, a Piero Bustos, a Pepito Ron y a tantos artistas emblemáticos de El Averno es que continúen con su oferta de arte alternativo, popular y solidario, que exploten todas, todas las vías posibles para que los limeños accedamos a propuestas estéticas y políticas distintas a las convecionales y hegemónicas. Que con su arte el espacio de la crítica y el debate se fortalezca y tengamos otras formas de imaginar, desear y sentir esta ciudad. Esta fea y espantosa ciudad.

miércoles, 21 de julio de 2010

Vuelta a empezar!


"El socialismo en el que creo es aquel en que todos trabajan el uno para el otro y todos comparten las recompensas. Esa es la forma en que veo el fútbol, esa es la forma en la que veo la vida"

Bill Shankly,
Un minero escocés que llegó a
ser una leyenda del Liverpool.


Eduardo Galeano, hace poco más de mes y medio, puso en la puerta de su casa un letrero que rezaba: "Cerrado por fútbol". Yo no he sido tan cortés como él y me he pasado estas últimas semanas embebido en ese maravilloso opio para las masas con que nos drogamos cada cuatro años. Sí, ya sé, mandé al cuerno la crisis mundial, el desastre ecológico de Lousiana, la sempiterna corrupción peruana, el aniversario de la masacre de Bagua, etc. Podría haber escrito un par de posts al respecto y quedaría como un tipo solidario, crítico, comprometido y hasta de puta madre. Pero ¿Hace falta un hipócrita más al mundo?

Tampoco crean que me pasé el Mundial repantigado en un sofá frente a la tele y al lado de una caja de cervezas. A petición de los muchachos del suplemento huancaíno Solo4 escribí una brevísima crónica sobre literatura y fútbol, que aquí os paso algo enriquecido de links y que espero que lo tomen como el colofón de mi descarado silencio:

¿Escribir sobre fútbol?

En el principio la literatura detestaba al fútbol. Rudyard Kipling hablaba de los futbolistas con el mismo odio con que Abraham Valdelomar juzgaba sobre cine. En la envarada cultura de la primera mitad del siglo XX escribir sobre deportes y ocio parecía una herejía anticultural. El escritor futbolero era mirado como un excéntrico que ocultaba su mediocridad jactándose de gustos populares. La reivindicación vino de Albert Camus, quien era suicidamente sincero, al confesar que todo lo que sabía de la moral humana lo aprendió del fútbol.

Fue en América Latina donde creció paulatinamente el fervor de los escritores por el fútbol. Desde los tiempos de nuestro Parra del Riego (el Polirritmo dinámico a Gradín debiera estar en todos los textos escolares) hasta la prosa rebelde de Eduardo Galeano (el fútbol como un capítulo más de su historia alternativa del continente). Rioplatenses como Oswaldo Soriano o Ernesto Sábato fueron futboleros furibundos. Mario Benedetti fue pionero en situar al fútbol como un referente de la cultura popular y la vida cotidiana de la ciudad.


Desgraciadamente hoy todo es distinto. Lo que era antes celebración del ocio creativo de las masas ahora se ha convertido en una subliteratura efectista que se regodea en un espectáculo podrido de famoseo y prensa rosa. Antes daba vergüenza escribir de fútbol porque te tildaban de “inculto”, hoy estás casi obligado a hacerlo para que no te llamen “quedado”. Y escriben de fútbol pitucos inútiles e hijitos de papá que nunca han conocido la tribuna sur de un estadio, arribistas que se disfrazan de escritores, escritores que se rinden ante el mercado.

Juan José Sebreli, el polémico sociólogo argentino, resulta atrozmente sincero cuando habla de agresividad intrínseca del fútbol, del dribbling no como un ejemplo de creatividad popular sino como un matiz de la personalidad instrumentalizadora, de la finta y el engaño, no como una estrategia heroica del pobre, sino como elementos de una ética espuria que lleva al autoritarismo y a la venalidad; donde Maradona es un perfecto símbolo de la degradación cultural del continente. El Maracanazo, Berlín 36’ y la Mano de Dios son nuestra versión regional del Romanticismo.

¿Cómo responder a eso? Quizá sólo desde experiencias auténticas más allá de los grandes discursos. Como el caso del narrador inglés Nick Hornby, quien confesó su enfermiza afición al Arsenal como la elemental vía de escape de un niño destrozado por el brutal divorcio de sus padres…

Pero se acabó el Mundial (¡feliz de la vida, qué lindo fue ver a mi Barcelona campeón!) y volvemos a la dura, ruin, desesperante pero única y existente realidad de nuestros días. Hola amigas, allinllachu compañeros, estoy de regreso.

martes, 17 de febrero de 2009

No reventemos cohetes

Gráficos de Guamán Poma de Ayala, cuando los indios dibujaban indios sin ningún español o criollo que los dirigiera.



La Teta asustada ganó la Berlinale y, por ovarios, es el film peruano que ha accedido a uno de las más altos galardones del cine internacional. Nadie le va a quitar ese sitio, pese a que otros cineastas peruanos como Armando Robles Godoy y Francisco Lombardi hayan dado alas a nuestro raqúítico cine nacional, codeándolo en festivales del calibre de San Sebastián, Montreal o Chicago. Y ganando premios de puta madre, además.


¡El Perú galardonado en la Berlinale! Nuestra clase política criolla, tan huérfana de reconocimiento pese a que ha hecho todo lo posible por agradar a sus amos, vibra en cada título, aunque signifique llegar a cuartos de final de un mundial de chibolos o ganar curiosos premios gastronómicos. Ahora, nuestro genocida estará en su garbanzal halagando a los que realizaron el laureado film. Todos los medios han saltado de alegría con el galardón. Saltitos de alegría a los que se han sumado nuestros blogósferos de entrecasa (por ejemplo, aquí y aquí). Bueno, yo, con la misma desconfianza de siempre, no voy a reventar cohetes. En fin, ya me conocen.


El reconocido crítico español Carlos Boyero no ocultó su desencanto de la última Berlinale y lanzó estos adecuados dardos:


"...confieso que La teta asustada (...) , dirigida con sentimiento y conocimiento por Claudia Llosa, no me provoca ni de lejos ni de cerca ningún volcán anímico. Centrada en el sufrimiento psíquico de una indígena peruana debido a la maldita herencia que pilló de su violada y consecuentemente desquiciada madre, intenta extraer lacerante poesía y costumbrismo veraz de la cotidianidad o la tragedia de gente herida, humillada, traumada y resignada".


"Cine con planteamiento honesto (no sé qué significa concepto tan enfático, pero sé que se usa mucho, aunque rara vez constato que aparezca el arte), intérpretes que no saben o no necesitan interpretar, sensación de realismo y bienintencionadas intenciones. O sea, un material tan correcto como tibio para los placeres que yo sigo esperando en el cine".


"Esta Berlinale ha sido aún más intranscendente que mediocre, pero los premios le podían haber caído a cualquiera. Me voy a tirar el rollo. Bienvenido sea el multiculturalismo, el galardón a la simpleza exótica, la certidumbre de que hay que reconocer en público el mérito del cine personal y posibilista que no mantiene ninguno de los al parecer obscenos ganchos que embrutecen al espectador convencional, las películas invisibles que nos hablan con un lenguaje distinto de la problemática de los seres humanos en cualquier e ignorada parte del universo. Qué pesadez, qué muermo, qué mentira".


"Les juro por mi madre que me encantaría asegurarles que el cine está esplendorosamente vivo gracias a ellos, que estos premios garantizan savia nueva, que estén ustedes pendientes del improbable estreno de estas laureadas películas que revelan una poderosa e insólita forma de expresión cinematográfica. Pero antes de certificar esa mentira, me retiro del oficio".


"Entre mis títulos favoritos y descerrados del galardón tampoco hay ninguno que me quite el sueño. Y te sientes fatal admitiendo la pobreza de lo que se supone que debe ser la vanguardia del cine. Aseguran voces apocalípticas que a los periódicos y a los libros les queda poco tiempo. Deduzco que a los festivales de cine mucho menos. Cannes, como siempre, reivindicará la parte del león. Pero mi desolada experiencia con los últimos festivales de Venecia, San Sebastián y Berlín certifica que la depresión también amenaza a este negocio. Me parece normal que nos quedemos en paro hasta en esta profesión tan rara, tan inútil y tan contaminada de los críticos de cine".


Todo el artículo, aquí.


Yo solo tengo que agregar que, después de ver Madeinusa, el cine de Claudia Llosa representa un intrigante punto de vista en auge: La bruta apropiación de la realidad andina por parte de las élites criollas. Algo que no se daba desde los tiempos de Lòpez Albújar.


Es decir, han vuelto los tiempos en que puedes jugar alegremente con las sensibilidades de un grupo cultural determinado, interpretar sus mitos y leyendas abiertamente, llamarles borrachos, bárbaros e ignorantes sin roche, aunque sea solo como leit motiv artístico. No solamente se ha perdido la corrección política con el mundo andino, se ha perdido el amor a la tierra. Los andinos pueden ahora pasar como bobos, miedosos y supersticiosos, como los afroamericanos en las películas clásicas del cine yanqui. (Ah, y también los latinos). Ahora, nuestros indios son, cultural y artísticamente, virtuales extranjeros en una tierra que se ha convertido en pasto de empresas mineras, transnacionales turísticas y experimentos cinematográficos a la peruana. Todos saqueando lo que queda de nuestra cordillera. Y parece ser que a nadie le importa.


¿Exagero? Vean La muralla verde. Otra forma -igualmente criolla, que no pasa - de ver nuestro país. Comparen nomás.


El Perú no avanza, retrocedemos cada vez más rápìdo a escenarios ignominosos.

martes, 14 de octubre de 2008

Franquismo a la peruana



A vista y paciencia de todos -y con una buena recaudación taquillera, hay que mencionarlo- se exhibe en nuestras salas la película (es una forma de decir) Vidas paralelas. Empresa financiada y orquestada por nuestro invicto Ejército (también es una forma de decirlo) con lo cual se cumple un sueño largamente acariciado por el general Edwyn Donayre (que, además de Comandante General del Ejército, aprovecha cada momento mediático para exhibir sus dotes de comediante): Que aparezca ante el gran público la versión de los militares sobre lo que ellos denominan -con bastante eufemismo- "la pacificación del Perú".

Antes del estreno las críticas aparecieron por doquier en la blogósfera (aquí, acá y acullá incluso) haciendo hincapié en la figura de una película sobre nuestra guerra interna financiada por uno de los bandos, lo que ponía en bastante tela de juicio su objetividad, por no decir la abierta contradicción ejercida por el Comandante General del Ejército de financiar su película, pero silenciar otras interpretaciones artísticas sobre nuestro conflicto. Ah, y más dudas: ¿La versión del Ejército tendrá que ser la versión del Estado, ya que esta película ha sido financiada con la plata de todos los peruanos? ¿Y acaso no es el colmo que haya dinero fresco para que el Ejército ruede su film propagandístico mientras CONACINE se vuelve cada día más rácana e indolente a la hora de finaciar producciones peruanas independientes?

Bueno, como si fuera poco, el (tele)film contiene un componente tremendamente nocivo. Como lo indica el conocido abogado y activista de DDHH Wilfredo Ardito "La trama muestra cómo un heroico militar es condenado injustamente por haber matado a una terrorista, que en realidad, se había fugado, asumiendo que los millares de desaparecidos ocurridos en el Perú eran senderistas fugitivos".

Del resto de la película queda destacar el inequívoco espíritu franquista de la iniciativa. Hace más de medio siglo, terminada la Guerra Civil española, el general Francisco Franco creyó necesaria dar la versión oficial de lo que él consideró un Cruzada de Liberación. Para tal fin pergreñó un guión maniqueísta y patriotero que el director Sáenz de Heredia montó salvando las partes más infilmables del mismo. El resultado fue Raza, arquetipo del cine militarista que eleva el uniforme por encima casi de todas las cosas y coloca a las Fuerzas Armadas como lo que supuestamente han sido, como lo que tienen que ser y como lo que serán inexorablemente por la gracia de Dios: Instituciones tutelares de la nación. Para quien crea que exagero, podéis descargar la película aquí. Se recomienda tener el estómago sano y vigoroso.

Nuestra versión criolla es menos estridente pero igual de hilarante. Desde un misscasting fenomenal al colocar a Renzo Schuller como mando militar "senderista" en el corazón de los Andes (¿Será porque fue naricita roja?) hasta la descarada desinformación histórica de los hechos (Una columna guerrillera entra a un pueblo al grito de "¡somos de Sendero Luminoso y hemos venido por una contribución revolucionaria!"), pasando por el ideólogo malo-malo, todo un Fu Man Chú de los Andes, que contamina a los jóvenes ingenuos (cuya imagen es la de un sosias de Abimael Guzmán, como para que no queden dudas) y rematado por un imposible triángulo amoroso (Jimena Lindo, como la "Camarada Bertha", haciendo de guerrillera femme fatale, total, todas las rojas son putas ¿no?).

Y quien crea que me estoy regodeando en esta bazofia audiovisual, me curo en salud ofreciéndoles la versión de un crítico de cine más alturado y respetable como Gabriel Quispe. Comparen nomás.

Hace exactamente veinte años, el conocido cineasta peruano Francisco Lombardi rodó La boca del lobo y, pese a que era una película bastante crítica con el estamento militar (se ve como los soldados ametrallan sin piedad a los campesinos arrestados injustamente), no faltaron airadas voces que se quejaron de la interpretación excesivamente psicologista que el director hacía de la masacre (inspirada en el genocidio de Soccos). Bueno, hoy se exhibe una película con una versión por demás parcial, que convierte al Ejército en una pléyade de hérores sin mácula, entiende el problema de la subversión como el envenenamiento ideológico de un profesor resentido e insinúa abiertamente que las violaciones de los DDHH son poco más que embustes para proteger terrucos. Y no pasa nada. Ninguna protesta. Silencio...
La única excepción, como parece ya ser la regla, está en los blogs. La crítica de Ybarra, por ejemplo, es implacable. No encontraréis nada parecido en los periódicos o en la tele.

Bueno, es señal de los tiempos que corren. Hay una impunidad casi orwelliana en la cual se miente y se insulta cotidianamente en todas las pantallas y emisoras. A esto contribuye también el silencioso pero progresivo descrédito de la Comisión de la Verdad, convertida tristemente y malgré eux en un círculo de intelectuales pitucos que pontifican sobre el conflicto armado interno a espaldas de la sensibilidad popular (esa es la versión que da otra película peruana, El Rincón de los Inocentes de Palito Ortega). Frente a la versión parcial que imponen las FFAA, la Iglesia y el empresariado nacional, casi no hay voces discordantes. Juegan solos en la cancha y todos tenemos que soportar cómo festejan sus goles.

Raza fue un éxito de masas en su tiempo entre otras porque el Régimen la había clasificado de "Interés Nacional" y su visionado fue casi obligatorio durante los duros años cuarenta. Luego, con el paso de los años, la película fue perdiendo interés y hoy es apenas vista como una rareza. El destino de Vidas paralelas no llegará ni siquiera a eso.

Ahora bien, en el futuro, cuando alguno de nuestros hijos la vea y se sorprenda del contenido, es muy posible que nos pregunte: ¿Y cómo permitieron que el dinero de un país pobre se gastara en esa sarta de mentiras?¿Es que nadie se opuso a ese bodrio? ¿Aguantaron calladitos que esas mentiras se pasaran abiertamente en las carteleras de Lima?

Bueno ¿Qué le responderemos a nuestros hijos? ¿Que estábamos ocupados en el caso de Magaly Medina?

Y para que no se gasten sus doce soles en esa h..., acá tienen el trailer de la película de marras. avisados quedan.



P.D. A quien le interese la cultura bajo el franquismo (sacando lecciones) puede pasarse por aquí . Y aquí tenéis un excepcional ensayo sobre el arte moderno bajo Franco. Cualquier semejanza con nuestra realidad... pues que no, no es mera coincidencia.


viernes, 1 de agosto de 2008

NACIONALCATOLICISMO EN EL PERÚ (A propósito de la propuesta de un Ministerio de Cultura)



Antes de analizar la necesidad de un Ministerio de Cultura en el Perú (cosa que ha sido tratada en varios blogs como éste y éste) creo que tendríamos que analizar cómo está marchando el actual Instituto Nacional de Cultura (INC), institución que sería la base de cualquier proyecto del futuro ministerio propuesto.

El INC lleva dos años bajo la férula de la dra. Cecilia Bákula Budge quien ha llevado una gestión, digamos, polémica (ceses masivos de personal, participación en la censura de la exposición del dibujante Piero Quijano, mutis en la rarísima negociación de piezas incaicas de la universidad de Yale que realiza -nadie sabe por qué- el actual ministro ¡de salud! Hernán Garrido Lecca, entre otras perlas) y que desde el principio recibió las críticas de este blog.

Pero, como si se homenajeara a la Ley de Murphy, todo ha salido bastante peor de lo mal que uno esperaba de la gestión de Bákula: Y nos referimos a la intromisión descarada de militantes de la agrupación regiliosa ultraconservadora Avanzada Católica en la gestión del INC.

Para nadie es un secreto los gustos religiosos de Bákula, gustos que se tradujeron en la creación de una capilla dentro del local del INC (¿no se está violando el principio del Estado laico?) o el impulso a un bizarro concurso nacional de Nacimientos. En fin. Parte del patrimonio histórico y cultural del Perú es la religión y las diversas formas como se manifiestan en la sociedad peruana (retablos, imaginería, arte colonial, fiestas populares,etc.).

Lo que si no forma parte de ningún patrimonio es la irrupción de fundamentalistas católicos a la peruana en instituciones que administran algo tan diverso y plural como el presente y pasado de la cultura de este país. Avanzada Católica es una agrupación auspiciada por Pro Ecclesia Sancta, un aparato émulo del Opus Dei, que forma parte de la vasta red de organizaciones católicas conservadoras que trabajan con laicos, penetran en espacios influyentes tanto de la sociedad civil como de los organismos del Estado y cuya práctica de reclutamiento de fieles no es precisamente ni transparente ni democrática y ha llevado a denuncias abiertas sobre su funcionamiento.

En un impecable reportaje de La República, publicado hace algunas semanas, se confirma la penetración -reconocida por Bákula- de fanáticos de Avanzada Católica en puestos claves del INC. Bueno, la propia Bákula es miembra conocida de dicha secta. La acusación se agrava cuando estos "cruzados" (por usar el título del reportaje mencionado) carecen de experiencia en gestión cultural y hasta en conocimiento de las disciplinas que se exigen (las áreas de arqueología y patrimonio arquitectónico están colapsadas) y promueven actos de censura (como le pasó a Gustavo Gutierrez, programado para comentar en la presentación de la obra poética de Juan Gonzalo Rose y luego fue vetado fulminantemente). Todo esto mientras más de cien personas (varias de ellas con una experiencia de cinco, ocho y hasta catorce años de servicio) han dejado de trabajar para el INC ¿Quiénes han entrado en su lugar? Éstos.

¿Se imaginan un Ministerio de la Cultura con esa gente? No, no se imaginen nada y vean la realidad de ministerios como el de Justicia, Salud o Educación, con personajes claves de organizaciones católicas conservadoras, puestas ahí para impedir que prosperen iniciativas modernas y más democráticas de salud sexual y reproductiva y mantener una posición de inmovilismo que perjudica a amplios sectores de la población. ¿Por qué creen que el Ministerio de la Mujer terminó llamándose Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social? (como si ser solamente "de la Mujer" fuera demasiado pernicioso) ¿Quién creen que está detrás de volver a bautizar este ministerio con un nombre más rochoso todavía?

Para casi todos ha quedado clara ya la alianza del Apra con el fujimorismo. Pero hace bastante tiempo que este gobierno ha pactado con un sector igual de siniestro. Dado el asfixiante clima que vivimos, no es de extrañar que este monstruo se enfrente a la Universidad Católica para reclamar más poder o que en la segunda ciudad más grande del Perú, la alta jerarquía eclesiástica genere escenas tan patéticamente discriminadoras como ésta.

No es que nos falte un Ministerio de Cultura en el Perú, es que nos está faltando coraje para denunciar en voz más alta la apropiación de este país por instituciones poco democráticas y bastante discriminadoras, poco plurales y demasiado fascistas. Sí, esa Iglesia católica peruana reverenciosa ante un presidente que ha hecho gala de su adulterio mientras condena y prohibe el aborto terapéutico a cualquier adolescente pobre violada en el Perú.
Y ya que en materias como ésta, estamos regresando a los tiempos de Manuel González Prada, no estaría demás volverlo a leer.
Actualización: La última caricatura de Acevedo se mete con la larga mano del Opus Dei ¿Coincidencias? Ver y disfrutar aquí.