viernes, 27 de diciembre de 2013
NAVIDADES PERUANAS
Estos días estuve en varios colegios públicos de San Juan de Miraflores. Y me topé con tres escenarios:
Primer colegio. Un colegio nacional pequeño, de infraestructura insuficiente, casi deleznable. Hablo de toscos salones hechos apresuradamente de tripley y niños que estudian en aulas que ya tienen comprobados problemas de infraestructura (es decir, que pueden venirse abajo ante cualquier temblor). Allí las autoridades organizan una navidad para primaria. Traen a dos mozuelas con gorritos de Papá Noel sobre su cabellera teñida, unos prietos corsés a lo Blancanieves y sugerentes minifaldas que hacen desviar la vista a más de un profesor. Las jovencitas imitan a Yola Polastri y cantan en puro playback canciones pegadizas "para niños". Las acompaña un pobre hombre enfundado en un disfraz de ardilla-cuy bajo el cual debe estar sudando horrores. El espectáculo llega a su fin cuando las animadoras y la autoridad empiezan a lanzar golosinas a puñados hacia una chiquillería que se agarra a empujones y puntapiés para acceder a algún chupete o caramelo. Finalmente, los niños de ocho a diez años regresan a sus aulas arrastrando cada uno su silla mientras la autoridad racanea el pago a las señoritas (a juzgar por sus caras) y la administrativa de limpieza inicia su tarea de adecentar ella sola un ancho patio cubierto de confeti, serpentinas y envoltorios de golosinas. Feliz Navidad.
Segundo colegio. Un colegio que aguanta dignamente el polvo de los cerros y el sol canicular. Toca homenaje a segundo de secundaria y viene una delegación de esas universidades privadas carísimas que se ufanan de tener su extensión de pastoral y proyección social. Entre rezo y rezo, hacen actividades lúdicas, empalagosas reflexiones navideñas y una amable chocolatada mientras disfrutan con un mago de segunda fila. Esta experiencia -que yo la he visto en varios tiempos y lugares- es una variedad de esa entrañable costumbre de la España franquista "ponga un pobre en su mesa": En Navidad, las familias pudientes, para lavarse sus complejos de culpa y ganar puntos con el Altísimo, invitaban a algún pobre de solemnidad a acompañarlos en la cena de Nochebuena. Bueno, por lo general eran unos brindis y el pobre comía su pedacito de lechón en la cocina o la puerta de servicio. Este bizarro hábito está descrito en la excepcional película de Berlanga, Plácido. Nuestra versión peruana es la de sonrosados chicos de universidades o colegios de alto costo que cumplen con su buena acción del año ofreciendo a sus desventurados hermanos un tetrabrick de leche chocolateada, una raja de panetón, una sesión de circo y, claro está, regalos. Porque esa es la nota significativa de la navidad peruana, los regalos. Aunque sean, eso sí, un osito de peluche para las niñas y un polo con el logo universitario para los niños. Todo pagado por esos alegres y desinteresados jóvenes que alucinan con los cerros de Pamplona y los comparan con los paisajes de Afganistán cuando ven en el cable los documentales del NatGeo. A esos gastos añádanse el salario del mago, el precio del equipo de sonido, el lujoso autobús de transporte con chofer incluido, el tabladillo con toldo y las mesas con sus respectivas sillas playa. Todo el festival lo culminan con una entusiasta foto de todo el grupo, con humor blanco y reiteradas consultas a sus smartphones. Feliz Navidad, otra vez.
Tercer colegio. Es uno de los más extensos y poblados del distrito. Son las nueve de la mañana y el plantel está rodeado por largas colas de sufridas amas de casa, niños y bebés colgando de los brazos. ¿Temporada de matrícula?¿Algún programa del Ministerio de Salud? No!! Desde ayer la gente se ha pasado la voz que en ese colegio van a gozar de una sesión navideña del personal de Combate, el exitoso programa de nuestra telebasura patria. El rumor vino de un reparto inescrupuloso de volantes el día anterior y al colegio no solo asistían sus educandos sino que se les sumaron adolescentes, niños y familias de otros colegios y barrios, desbordando a todo el personal del colegio (que, al parecer, solo le dijeron la mitad de la película). Adentro ya suenan los parlantes con otro espectáculo infantil de mozuelas en minifalda, la gente exige entrar, los profesores intentan poner orden en una histeria que crece más y más. En una esquina aparece un Hyundai de lunas polarizadas que se abre paso entre la multitud ¡Allí están, allí están! Madres de familia, muchas de ellas con bebés en sus llicllas aporrean el chasis del coche, intentan ver quién está adentro. El pobre carro termina alejándose para entrar por alguna otra puerta. El sol aprieta pero nadie quiere irse del colegio, todos esperan a que sus adorados ídolos aparezcan en carne y hueso. Al final entraron, bueno entró. El único miembro del programa de marras es un subnormal con el sobrenombre de "Pantera" que animó una breve fiesta cuyo motivo final fueron -como no- los regalos. Esta vez fueron pelotas de plástico playero repartidas con entusiasmo entre la febril muchachada. Ah, la fiesta navideña se realizó en un flamante tabladillo encabezado por la figura de un candidato a la municipalidad por el Partido Humanista. Sí, un político que se aprovecha de un colegio para hacer campaña. Feliz Navidad, también.
Demás está decir que esos tres espectáculos se hicieron en horas de clase. Y con el disgusto de más de un profesor.
A ver, no quiero hacer de pitufo gruñón (una apodo que recibo en varias ocasiones) pero quisiera señalar qué tipo de peruanos estamos formando con esas festividades. Estamos creando una generación de gente que ve diciembre como el mes de los regalos y que, por mor de disfrutar de algún obsequio, aceptan los ritos del clientelismo y la hipocresía. No quiero cargar tintas contra un par de jovencitas que se ganan el pan inspirándose en Xuxa, ni contra adinerados estudiantes que sienten tener buen corazón (aunque me recuerdan a cierta canción de Joan Manuel Serrat), incluso podemos entender a un sujeto que ha aprendido a hacer política al estilo peruano y que le parece lo más normal del mundo.
El asunto es ver como, desde chiquititos, nuestros futuros peruanos empiezan a entender el mundo como un juego de prebendas, a sumergirse en la cultura del espectáculo, a soportar dos horas de severo sol esperando por una pelota o una bolsa de chocolatinas, a comprobar qué fácil es perder horas y horas de clase.
Lo peor es que muchas de estas personas que cantan, hacen gymkanas y regalan juguetes sólo se aparecen en los colegios en diciembre. No hay la más mínima intención de ayudar a estos chicos a lo largo del año. No se detienen a pensar que valdría la pena a estos chicos regalarles libros, sortear telescopios, repartir juegos de pinceles y acuarelas. A los niños que todos los días suben largas cuestas de arenal para regresar a sus casas, que tienen que recursearse cuidando bebes o vendiendo en las calles, que son testigos de la violencia doméstica en sus familias agonizantes; no les arreglas el año con un trozo de panetón. El trabajo para devolver la felicidad a nuestros hermanitos dura todo el año y va más allá que una jornada festiva.
No creo en el "algo es algo". Es una excusa que acicala nuestro conformismo. Nuestras desvencijadas escuelas se merecen otro tipo de dinámicas, de iniciativas, incluso de regalos. A ver si nuestras chicas en minifalda puedan crear jornadas pedagógicas creativas para nuestros niños, que nuestros bienintencionados universitarios monten bibliotecas o modernicen laboratorios y que nuestra silvestre clase política elija ganarse a la comunidad cumpliendo sus promesas y no sólo haciéndolas desde tabladillos aprovechados. Lo otro, es seguir la engañosa ceremonia de nuestras navidades peruanas.
* (En la foto, otro ejemplo de nuestras navidades peruanas, llenas de globos y stickers).
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viernes, 11 de enero de 2013
¿Esa Lima que se viene?
Acá vemos a Marco Turbio Gutiérrez, el gestor de la Revocatoria a la alcaldesa de Lima, en un fracasado mitin de Ate hace unos días. Está intentando bailar una cumbia tropical con una pobre joven que no sabe qué hacer, que por qué
No. No nos riamos demasiado. Esa es la Lima que se viene.
La revocatoria a la actual alcaldesa goza de un apoyo genuinamente popular (con lo contradictorio que significa hoy el término popular, que es materia de otro post, se los prometo). Lo veo por las pintas en las zonas más pobres de San Juan de Miraflores, donde las paredes chillan "Susana pituca fuera" o varias casas portan pancartas amarillas y amarillentas de apoyo al sí. Ese sí de amarillo patito, símbolo de la huachafería colonial limeña, color de la mafia de Castañeda y de Kouri, reivindicado en actos respaldados por el fujimorismo.
Pero esa puede ser la mafia que se viene.
El poeta Miguel Idelfonso me confesó que nada había cambiado en La Parada en más de veinte años (y lo dice él, que desde adolescente ha frecuentado esos lares). La próxima Lima va a ser el regreso de La Parada de toda la vida con fuegos artificiales, con todos los lúmpenes de la zona brindando Brahma hasta el amanecer, mientras en un concierto masivo el Grupo 5 le pone vida a la reconquista.
El narrador Carlos Rengifo se siente dubitativo mientras toma su combi al Callao. La próxima Lima va ser la perpetuación de las combis Orión, el gagsterismo transportista afincado en la provincia constitucional con prebendas regionales y municipales, plagadas de egresados de las cárceles, con lúmpenes drogados en La Colmena -esquina con la universidad Villarreal- que te gritan en la calle y te empujan groseramente al vientre de las combis mientras vociferan como posesos "¡Callao! ¡Callao! Vas, vas, vas!!!" (al mejor estilo de la entrañable novela de Rafael Inocente La ciudad de los culpables).
Los grupos juveniles de música, teatro, danza y performance han tenido más oportunidades que nunca de ofrecer su arte a sectores diversos de Lima. La próxima Lima es la Lima de Al fondo hay sitio, donde la única cultura será los conciertos de grupos de cumbia mediáticos, la retransmisión en pantalla LED gigante de los tristes partidos de la selección de fútbol en la Plaza de Armas, concursos de bandas de colegios privados que imitan a sus símiles yanquis (eso de hacer figuritas y mover las caderas mientras tocan) y una liquidación rutinaria y ruinosa de lo que dejó la administración anterior. Y el posible cierre de un par de museos y centros culturales porque el dinero de la próxima Lima solo se gastará en cemento y asfalto.
Es la Lima de Combate, de los vergonzantes telediarios de la noche que se ahítan de crímenes y farándula, de la prensa chicha que impregna de basura los kioskos ( y que es algo excepcional, que no existe ni por asomo en el extranjero, en un país como Chile, por ejemplo). Una Lima consumista salvaje, con muchos centros comerciales y ningún parque público, con casas sin bibliotecas y con la música secuestrada por radios serviles al poder. La Lima que nos tocará vivir en los próximos años si esa maldita Revocatoria triunfa. Una Lima más difícil no solo para los escritores y demás amigos del arte, sino para cualquier persona decente.
Porque se viene la Lima de las argollas, de la corrupción legal, de los veinte soles de soborno al serenazgo, del cebichito mixto con sus chelas al pequeño funcionario que nos dé la buena pro, de las tremendas coimas en las próximas licitaciones de avenidas, óvalos y autopistas. La Lima de las lozas deportivas de día y fumaderos de droga por la noche. La Lima donde a los excluidos les obliguen a que besen los pies de aquel acalde que sólo inaugure escaleras en los cerros pero que no abra en décadas una sola biblioteca pública.
¿Consuelo? Va a ser una Lima de novela. Un buen material para escribir. El gran Rubem Fonseca nació al escribir sobre la corrupción institucional en Brasil. Petros Márkaris se ha hecho famoso denunciando la inmoralidad y el robo cotidiano de los funcionarios públicos y los empresarios privados a Grecia. Mo Yan, el último premio Nobel, narra la decadencia ética de la China postmaoísta.
¿Qué escritor va a escribir sobre esta Lima, caótica, corrupta, ignara y obscena que se nos viene?
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domingo, 29 de julio de 2012
EL MILITARISMO EN LA EDUCACIÓN (y seguimos hurgando en la insoportable levedad del ser peruanos)
Un país donde nuestras fuerzas armadas han perdido casi todas nuestras guerras ¿Cómo legitimarse ante el resto de peruanos? Donde bajo la bandera patria masacraron a campesinos desde los tiempos de Atusparia o Rumi Maqui hasta los años terribles que todos conocemos. ¿Cómo legitimarse? Pues apropiándose de la educación, marchando, embutiéndonos de héroes criollos, marchando, hablando de una nación inexistente, marchando, ignorando nuestro extraordinario pasado prehispánico. Y marchando.
Bajo estas líneas verán unas fotos. Estas fueron tomadas el año pasado en un colegio de Pamplona alta, una zona de pobreza y pobreza extrema adosada en el flanco sur de la capital. Julio del año 2011, lluvioso, tan cargado de neblina como en aquel 28 de 1821 donde se declaró la independencia en cuatro lugares distintos de la ciudad de Lima (y no solamente en Plaza de Armas como mentirosamente nos cuenta la hagiografía estatal y metropolitana). 2011, era día de desfiles, además el colegio anfitrión cumplía 30 años de fundación. Y, para la ocasión, invitó a las escoltas de otros colegios. Ser Escolta es algo muy valorado por el colegial medio, una suerte de popstar pero en pequeñito.
Empecemos por los invitados. Acá abajo tenéis el colegio particular Héroes del Pacífico, con un uniforme naval a la ocasión. Ojo a los entorchados, la corbatita, el blazer náutico y los guantes ceremoniales. Y todos paraditos en posición de firmes. Así es como quiere vernos la Marina de Guerra.
Sigamos, luego tenemos al Juan de Espinosa Medrano, un colegio estatal pequeño pero que porta una original indumentaria, donde combina el clásico uniforme escolar actual (el eterno encanto de la falda escocesa) con un bombín altiplánico. También están en posición de firmes.

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lunes, 27 de septiembre de 2010
Semiologías Electorales: Reflexionando la Lima de hoy.
Aparentemente Lourdes es la candidata de las mayorías, exhibiendo su look chambero y esa parálisis facial que la cholifica. Susana, al contrario, es la señorona burguesa de las novelitas de Bryce, blanquiñosa, miraflorina de pro, con el insoportable buen rollito de las activistas de las ONG, barranquinamente culta y con esa risita limeña que tanto atormetaba a César Vallejo. Pero no solo los contenidos han sido disímiles para sus respectivos envoltorios, sino que gran parte de la opinión pública ha llegado a notarlo así. A descubrirlo así. O a inventarlo así.
Mentira, nos equivocamos (y yo el primero). La Lima chicha habita en nosotros.
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viernes, 3 de septiembre de 2010
LA CIUDAD INCULTA
No, no me refiero a la Lima de las combis, ni a esa Lima que imaginan los guionistas de Al fondo hay sitio, ni siquiera a la Lima pituca de calles sin veredas con cinco centros comerciales y ninguna biblioteca. No, hablamos de una municipalidad que, en seis años de millonarios ingresos, apenas si ha invertido algo en el arte y la cultura.
Ya llegan las elecciones (Ja, ja, ja como cantaba Ruben Blades en Maestra Vida) y todos los ciudadanos tenemos que recibir diariamente una catarata de mentiras en forma de promesas electorales. Y los limeños en particular sufrimos más, teniendo en cuenta que esta ciudad está sometida a unos medios claramente censurados: los noticieros y periódicos –con muy pocas excepciones- se ocupan en un 90% de crónicas policiales y farándula. Para encontrar noticias sobre cultura, arte o derechos humanos hay que acudir a medios alternativos o semiclandestinos.
Lima es la ciudad que recauda la mayor cantidad de dinero por impuestos. La municipalidad de Lima es el consistorio más rico del Perú. ¿Puede uno deducir que, como consecuencia, es el municipio más culto de nuestro país?
No solamente no lo es sino que está bastante más atrás de otras ciudades que no cuentan ni con la centésima parte de dinero que maneja la capital. Y si hablamos de literatura, peor todavía.
En Huamachuco se decidió destinar el total de presupuesto participativo al sector cultura.
No quiero esconder las contradicciones, problemas, deficiencias e incluso taras que los municipios mencionados puedan tener. Ni tampoco decir que Castañeda no hace nada por la cultura: De hecho, en la web municipal de la gerencia de cultura (mucho más activa y actualizada que la que tenían hace dos años, cómo se nota que estamos en carrera electoral) uno puede ver varias iniciativas al respecto que realizan.
La cuestión es la paradoja de ver cómo en otras partes del Perú, sin los súper millones del presupuesto municipal limeño, se invierte en cultura mientras que la capital cree que cultura es organizar desfiles militares de escolares o macroconciertos de cumbia en
Se trata de voluntad política, de entender la cultura como una inversión y no como un gasto. Desgraciadamente, la inmensa mayoría de nuestra clase política todavía ve la cultura como un mero adorno, un decorado de quita y pon, algo bonito pero de lo cual se puede prescindir. En Lima, el alcalde -y posiblemente la mayoría de los limeños- consideran que más importante es una clínica de pago que una biblioteca gratuita, una autopista de tres carriles que un centro cultural para jóvenes. Nos hemos resignado a pagar para acceder a espacios que antes eran un derecho ciudadano (yo, hace algunos años, no pagaba un solo sol para entrar aquí o acá). Incluso creemos que lo gratuito, por serlo, ya es algo malo o sospechoso. Y que el sector público puede regalar cheques en la Teletón o cobrar peajes abusivos, pero nunca financiar escuelas de teatro, conservatorios o pinacotecas para todos los limeños.
Sí, la idea de combatir la delincuencia con cultura acá es recibida con desprecio e hilaridad, cuando en Medellín ha funcionado. La posibilidad de organizar orquestas sinfónicas juveniles para erradicar el pandillaje en Lima es percibida como una soberana tontería, cuando en otros países es algo asombrosamente normal. La cantidad de instituciones e iniciativas que gestionó la municipalidad de Curitiba para convertirse en la ciudad más ecológica de Sudamérica acá serían vistas como una tomadura de pelo.
Hoy los candidatos te prometen el oro y el morro (acá hay un excelente resúmen de sus propuestas electorales en política cultural) y a más de uno se le nota que miente descaradamente: Conchas acústicas en casi todos los distritos, red de gerentes culturales, premios literarios, escuelas de arte, una editorial municipal popular, etc. ¡es tan fácil hablar! Mientras tanto la ciudad intenta (sobre)vivir sin un museo de arte contemporáneo, con poquísimas bibliotecas públicas, con salas de teatro carísimas, parques enrejados, sin posibilidad de escuchar gratuitamente música sinfónica y cuya oferta cultural se reduce a la que buenamente nos dan algunas universidades y centros culturales de países extranjeros.
Eso sí, con cumbia gratis, fútbol para todos en la Plaza de Armas, fina telebasura y una prensa sensacionalista que se ha convertido en el principal menú cultural de limeño común y corriente. Lima es una inmensa combi en la que juntos enfilamos al abismo riendo, chupando, cantando, festejando.
Festejando no sé qué.
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sábado, 14 de agosto de 2010
LA CONTRACULTURA Y EL SISTEMA (A propósito de El Averno)

La contracultura suele ser vista en los tiempos que corren como una siemple pose, un capricho estético de minorías ruidosas, un sarampión inevitable que ataca en determinados momentos a determinadas generaciones. En el mejor de los casos, la contracultura se entiende como algo ya muy visto, muy demodé, un artefacto obsoleto ya arrojado en el desván del siglo XX.
González Prada escribió : "Si las sediciones de pretorianos denuncian decadencia, los continuos levantamientos populares manifiestan superabundancia de vida". Malos tiempos si nada se mueve en las calles, si todos escuchamos sin chistar el discurso oficial, si nos da flojera cuestionar o simplemente decir no. Por ello, la contracultura suele ser siempre un indicador de la vitalidad cultural de una sociedad. Mide el grado de crítica, de libertad, de euforia creativa, de compromiso existencial que hay en una comunidad.
El Perú era conocido por una gran vitalidad en la contracultura, esto es, en producir discursos innovadores, profundamente críticos, a contracorriente del menú oficial. Desde el indigenismo de los años veinte hasta las manifestaciones culturales contra la dictadura de Fujimori, nuestro país siempre fue una tierra de intelectuales desconfiados del poder. Y no es de extrañar que el poder terminara marginando a intelectuales y artistas, demoliendo el sistema educativo público, dejando morir de hambre a las universidades nacionales, gastando cero en investigación, poniéndonos a la cola de Sudamérica en la producción cultural de materias como teatro, composición musical o artes plásticas.
No voy a hablar de Cuba o Venezuela: El Chile capitalista gestiona becas para sus poetas, pensiones para sus escritores prolíficos. Acá los dejamos morir en la soledad y en la indigencia.
Por tanto, la escasez de propuestas culturales críticas es algo reciente, producto de veinte años de privatizaciones y exclusión. Así, no es de extrañar que los pocos centros culturales alternativos sean arrinconados, criminalizados y sometidos a la amnesia mediática. En el caso de Lima, el Centro Cultural El Averno (un espacio gratuito y comunitario de disfrute de propuestas culturales progresistas e incluso iconoclastas) es un perfecto ejemplo: Dicho Centro Cultural en más de una década ha sufrido saqueos, palizas, incendios intencionados, redadas, por no hablar de una larga literatura incriminadora que los tacha de ser un nido de borrachos, drogadictos y terroristas. La escandalosa intervención policial que sufrió el sábado 7 de agosto (destrozos del local, agresión y maltrato de la promotora Leyla Valencia, robo de dinero y otros recursos, sembrado de droga) es un capitulo más de su historia.
Aunque ahora el desenlace ha sido distinto.
La policía, por boca del coronel Carlos Remy Ramis, ofreció disculpas públicas y prometió que este tipo de atropellos no se volvería a repetir. Estas disculpas han sido tan bien recibidas por el colectivo de El Averno que incluso la han retratado gráficamente en el dibujo que encabeza este post.
Estoy seguro que muchos ahora acusarán a El Averno de haber pactado con las fuerzas represivas, de contradecir su discurso contestatario y de aburguesarse. Incluso pueden esgrimir el ejemplo de varios centros contraculturales europeos que terminaron siendo subvencionados por el Sistema al cual decían combatir. Total, así terminan los anarcos ¿no?
Pues yo creo que no. Que ese apretón de manos entre el Negro Acosta (fundador de El Averno) y las fuerzas de seguridad puede ser una gran oportunidad.
Las propuestas contraculturales sirven y son necesarias cuando inciden en la gente y coadyuvan a las transformaciones. Lo contracultural no es intrínsecamente anacoreta y suicida. Lo contracultural vive cuando afirma su presencia singular en la sociedad. Sí, El Averno ahora va a meterse en el Sistema, es decir, a buscar un sitio y una participación en la gestión cultural ¿Será eso posible en la Lima de Castañeda? ¿No habrán caído en una típica trampa de calendario electoral? ¿Están perdiendo el tiempo ilusionándose? ¿No es otra cosa que un ejercicio de cinismo? No lo sé. Lo que sí sé es que es uno de esos desafíos al que uno no debe huir.
El Sistema desea que sus críticos se aíslen y se hundan en minorías melancólicas. La lucha contra el Sistema pasa por romper ese cordon sanitaire que nos invisibiliza ante las masas.
Lo que hay que pedir a los amigos de El Averno no es que radicalicen su discurso o rechacen algún ofrecimiento de la Municipalidad (ofrecimiento que, personalmente, no creo que se materialice). Lo que hay que pedile al Negro, a Leyla, a Piero Bustos, a Pepito Ron y a tantos artistas emblemáticos de El Averno es que continúen con su oferta de arte alternativo, popular y solidario, que exploten todas, todas las vías posibles para que los limeños accedamos a propuestas estéticas y políticas distintas a las convecionales y hegemónicas. Que con su arte el espacio de la crítica y el debate se fortalezca y tengamos otras formas de imaginar, desear y sentir esta ciudad. Esta fea y espantosa ciudad.
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miércoles, 21 de julio de 2010
Vuelta a empezar!

"El socialismo en el que creo es aquel en que todos trabajan el uno para el otro y todos comparten las recompensas. Esa es la forma en que veo el fútbol, esa es la forma en la que veo la vida"
Bill Shankly,
Un minero escocés que llegó a
ser una leyenda del Liverpool.
Eduardo Galeano, hace poco más de mes y medio, puso en la puerta de su casa un letrero que rezaba: "Cerrado por fútbol". Yo no he sido tan cortés como él y me he pasado estas últimas semanas embebido en ese maravilloso opio para las masas con que nos drogamos cada cuatro años. Sí, ya sé, mandé al cuerno la crisis mundial, el desastre ecológico de Lousiana, la sempiterna corrupción peruana, el aniversario de la masacre de Bagua, etc. Podría haber escrito un par de posts al respecto y quedaría como un tipo solidario, crítico, comprometido y hasta de puta madre. Pero ¿Hace falta un hipócrita más al mundo?
Tampoco crean que me pasé el Mundial repantigado en un sofá frente a la tele y al lado de una caja de cervezas. A petición de los muchachos del suplemento huancaíno Solo4 escribí una brevísima crónica sobre literatura y fútbol, que aquí os paso algo enriquecido de links y que espero que lo tomen como el colofón de mi descarado silencio:
¿Escribir sobre fútbol?
En el principio la literatura detestaba al fútbol. Rudyard Kipling hablaba de los futbolistas con el mismo odio con que Abraham Valdelomar juzgaba sobre cine. En la envarada cultura de la primera mitad del siglo XX escribir sobre deportes y ocio parecía una herejía anticultural. El escritor futbolero era mirado como un excéntrico que ocultaba su mediocridad jactándose de gustos populares. La reivindicación vino de Albert Camus, quien era suicidamente sincero, al confesar que todo lo que sabía de la moral humana lo aprendió del fútbol.
Fue en América Latina donde creció paulatinamente el fervor de los escritores por el fútbol. Desde los tiempos de nuestro Parra del Riego (el “Polirritmo dinámico a Gradín” debiera estar en todos los textos escolares) hasta la prosa rebelde de Eduardo Galeano (el fútbol como un capítulo más de su historia alternativa del continente). Rioplatenses como Oswaldo Soriano o Ernesto Sábato fueron futboleros furibundos. Mario Benedetti fue pionero en situar al fútbol como un referente de la cultura popular y la vida cotidiana de la ciudad.
Desgraciadamente hoy todo es distinto. Lo que era antes celebración del ocio creativo de las masas ahora se ha convertido en una subliteratura efectista que se regodea en un espectáculo podrido de famoseo y prensa rosa. Antes daba vergüenza escribir de fútbol porque te tildaban de “inculto”, hoy estás casi obligado a hacerlo para que no te llamen “quedado”. Y escriben de fútbol pitucos inútiles e hijitos de papá que nunca han conocido la tribuna sur de un estadio, arribistas que se disfrazan de escritores, escritores que se rinden ante el mercado.
Juan José Sebreli, el polémico sociólogo argentino, resulta atrozmente sincero cuando habla de agresividad intrínseca del fútbol, del dribbling no como un ejemplo de creatividad popular sino como un matiz de la personalidad instrumentalizadora, de la finta y el engaño, no como una estrategia heroica del pobre, sino como elementos de una ética espuria que lleva al autoritarismo y a la venalidad; donde Maradona es un perfecto símbolo de la degradación cultural del continente. El Maracanazo, Berlín 36’ y la Mano de Dios son nuestra versión regional del Romanticismo.
¿Cómo responder a eso? Quizá sólo desde experiencias auténticas más allá de los grandes discursos. Como el caso del narrador inglés Nick Hornby, quien confesó su enfermiza afición al Arsenal como la elemental vía de escape de un niño destrozado por el brutal divorcio de sus padres…
Pero se acabó el Mundial (¡feliz de la vida, qué lindo fue ver a mi Barcelona campeón!) y volvemos a la dura, ruin, desesperante pero única y existente realidad de nuestros días. Hola amigas, allinllachu compañeros, estoy de regreso.
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martes, 17 de febrero de 2009
No reventemos cohetes
Gráficos de Guamán Poma de Ayala, cuando los indios dibujaban indios sin ningún español o criollo que los dirigiera.
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martes, 14 de octubre de 2008
Franquismo a la peruana
Raza fue un éxito de masas en su tiempo entre otras porque el Régimen la había clasificado de "Interés Nacional" y su visionado fue casi obligatorio durante los duros años cuarenta. Luego, con el paso de los años, la película fue perdiendo interés y hoy es apenas vista como una rareza. El destino de Vidas paralelas no llegará ni siquiera a eso.
P.D. A quien le interese la cultura bajo el franquismo (sacando lecciones) puede pasarse por aquí . Y aquí tenéis un excepcional ensayo sobre el arte moderno bajo Franco. Cualquier semejanza con nuestra realidad... pues que no, no es mera coincidencia.
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viernes, 1 de agosto de 2008
NACIONALCATOLICISMO EN EL PERÚ (A propósito de la propuesta de un Ministerio de Cultura)
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