sábado, 26 de julio de 2014
UN POEMA PARA LOS GENOCIDIOS DEL SIGLO XXI
No quería reiniciar este blog con noticias tristes. Pero en los tiempos que corren parece esto imposible.
Todos ustedes saben lo que sucede ahora en la franja de Gaza. Una guerra asimétrica entre uno de los ejércitos más poderosos del mundo versus una milicia que usa fusiles automáticos, túneles y cohetes artesanales. Para variar, la población civil es la más damnificada. Dentro de ella una enorme cantidad de bebés, niños y adolescentes. Y los niveles de masacre son tan terribles que el régimen de Tel Aviv ha prohibido que por la radio se mencionen los nombres de los niños palestinos fallecidos por los misiles y la metralla de las fuerzas armadas de Israel.
A raíz de ello, Michael Rosen, el célebre poeta y novelista británico para niños, acaba de escribir este tremendo poema:
No nombres a los niños muertos.
La gente no debe saber los nombres
de los niños muertos.
Los nombres de los niños muertos deben ser escondidos.
Los niños deben ser innombrables.
Los niños deben dejar este mundo
sin poseer nombres.
Nadie debe saber los nombres
de los niños muertos.
Nadie debe pronunciar los nombres
de los niños muertos.
Nadie debe siquiera pensar que los niños
tengan nombres.
La gente debe entender que sería peligroso
conocer los nombres de los niños.
La gente ha de estar protegida
de conocer los nombres de los niños.
Los nombres de los niños pueden expandirse
como un fuego incontrolado.
La gente no estaría segura si se enterara
de los nombres de los niños.
No mencionen los nombres de los niños muertos.
No recuerden a los niños muertos.
No piensen en los niños muertos.
No digan: "niños muertos".
La versión original al final de este post.
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javier
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Etiquetas: literatura y violencia, nuevos tiempos, política internacional
miércoles, 6 de marzo de 2013
¿BARBARIE O CIVILIZACIÓN?
Dentro de la gran controversia que ha generado quien en vida fuera Hugo Chávez Frías, una de las discusiones típicas era si Chávez, con el histrionismo que le caracterizaba, era el típico militar populista que de culto tenía muy poquito. O más aún, que sus arranques mediáticos, sus gestos contundentes e incluso apresurados, denotaban un signo de la barbarie que venía a quedarse en Sudamérica: La de gobiernos autoritarios, manipuladores, cuya visión social se acababa en subvenciones para cosechar fáciles aplausos, la imposición del partido ganador para acaparar rectorías, direcciones generales de educación y producir una generación de artistas e intelectuales que, por mor del petrodólar, sólo podían ser afectos y serviles. El famoso Ogro Filantrópico que dibujó años antes Octavio Paz para definir al viejo PRI mexicano y que ahora resucitaba empeorado, más grande, más fiero, más torpe y más inculto.
Perú 21, el vástago contrahecho del grupo El Comercio, no ha perdido tiempo coleccionando las frases más agresivas de Chávez, muchas de ellas cargadas de ajos y cebollas. Los medios que se alinearon con la oposición al régimen bolivariano no dejan de recordar su retórica altisonante, sus gestos mussolinianos ante masas, sus apariciones televisivas cantando, bailando y declamando cuartetas simples, sus contradicciones ideológicas (se consideraba heredero tanto de José Carlos Mariátegui como de Haya de la Torre) y esos ruegos áulicos al dios de los cristianos, que recordaban a las peligrosas alianzas del poder con la religión. Casi nunca se le ha visto leyendo un libro y su bagaje intelectual tenía más de manuales de autoayuda y clásicos leídos por terceros, que de una sofisticada formación intelectual. Cuando rechazó debatir con Vargas Llosa, muchos liberales lo tomaron como una huida de la "barbarie" ante la presencia de la "civilización". Y además, era militar, que para los ilustrados limeños -con razón o sin ella- es sinónimo de bruto.
Y, finalmente, ese culto a la personalidad in crescendo qué tan mal cae a muchos letrados (de izquierda y de derecha), esa entronización de un segundo Bolívar viviente, esa divinización popular que convirtió a un teórico presidente democrático de izquierdas en un ícono similar a Evita Perón (o Abimael Guzmán, sin ir más lejos).
Y sin embargo, cuando uno ve lo que se ha hecho en cultura y en la educación en estos 14 años de chavismo, se podrá decir cualquier cosa excepto barbarie: Un acceso casi universal a las universidades (o como decía una amiga mía "en Venezuela no estudia solamente quien no quiere") con facultades que producen miles de doctorados al año (recordemos que Venezuela tiene casi la misma población que Perú, así que calculen), una producción editorial gigantesca capaz de ofrecer gratuitamente 300,000 ejemplares del Quijote en las calles, una red de orquestas sinfónicas en todo el país que ha hecho de Venezuela ya una potencia musical regional, un cultivo fervoroso de las artes populares más allá de la zanahoria del turismo, toda un infraestructura de premios, concursos, entradas baratas a teatros, museos y festivales que ha convertido a la gestión cultural en una profesión de primer orden y a los intérpretes y artistas en un oficio apreciado socialmente. Claro, todo esto no hubiera sido posible sin una sólida voluntad política de impulsar una política cultural a gran escala. Mientras el Ministerio de Cultura de Venezuela es una gigantesca fábrica de productos culturales que mueve millones, acá nuestro liliputiense ministerio peruano se parece más a un carretillero informal que se dedica mendigar fondos.
Obviamente los venezolanos tiene sus propios problemas: Tienen que lidiar con universidades masificadas, tienen que seleccionar (y no necesariamente con la mejor asertividad) la enorme oferta cultural que será apoyada, saben que toda la gran inversión en educación no ha podido disminuir la tremenda criminalidad en varias ciudades y, como muchos escritores limeños señalan, la revolución bolivariana todavía no ha dado un graaaaaaaan escritoooor, de esos que terminan siendo publicados por las reconocidas editoriales españolas. Que la explosión de cantidad no se ha traducido en un crecimiento de la calidad. Y que, en todo caso,sus logros culturales han sido gracias al grifo interminable del petróleo (¿Y en el Perú hemos hecho algo parecido con las vetas interminables de nuestra minería?)
Es una discusión que no se acabará ahora. Yo solamente puedo comcluir que, además de las contundentes cifras de reducción de la pobreza y pobreza extrema en Venezuela, el legado de Chávez en la educación y la cultura nos dice que, efectivamente, en ese hermano país ha triunfado la civilización sobre la barbarie.
¿Podremos decir lo mismo del Perú?
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sábado, 31 de enero de 2009
DE CORCUERA A AYACUCHO (pasando por Bagdad y Majaz)

No es necesario irse hasta Gaza o Bagdad para conocer la tortura, la iniquidad y el crimen. El sufrimiento humano no está tan lejos. Cohabita con nosotros en el Perú.
Como bien lo afirma mi colega Ricardo Caro, en Ayacucho se está armando con total impunidad un cerco militar contra las legítimas protestas ciudadanas. Y todo para hacerle la vida más tranquila al megaproyecto que a precio de ganga montará un gaseoducto que atravesará (y alterará) el ecoambiente de por lo menos cuatro comunidades campesinas. Si el gasoducto pasara por La Molina, créanme que los costos por expropiación del terreno serían tan prohibitivos que preferirían hacer un rodeo por medio mundo antes de pasar por el dichoso distrito. Pero como el terreno del gaseoducto de marras atraviesa solamente comunidades ayacuchanas de indios de mierda, pues que acepten la propina que le dan los grandazos y no frieguen. Y claro, como los comuneros ayacuchanos ya están hartos que los planes energéticos que afectan su entorno se hagan sin su consulta y mucho menos sin su consentimiento, pues se movilizan. Y como el gobierno está harto de vainas comuneras de protesta, pues mueve ficha. Una vez más, los comuneros se mueven como extranjeros en su propia tierra.
¿A qué viene todo esto? A que un poema de nuestro vate nacional Arturo Corcuera está dando la vuelta al mundo. Un poema referido a la resistencia iraquí contra la ocupación yanqui y en homenaje a Mountazer al Zaidi, el periodista iraquí quien le tiró sus zapatos al ya (por fortuna) ex-presidente Bush y se ha convertido, sin duda, en uno de los íconos del siglo XXI. Y no los dejo con las ganas, el poema dice así:
VUELAN LOS ZAPATOS EN BAGDAD
Vuelan los zapatos
como misiles sobre George W.Bush.
Se vuelven los zapatos contra él
y los pasadores aprovechan su ajuste de cuentas.
En lengua milenaria que da flor al idioma
le gritan los zapatos al oído: "¡pedazo de perro!"
Desde el patíbulo el ahorcado
le tira, agusanados y fríos, sus zapatos de muerto.
Vuelan los zapatos descalzos de los asesinados,
de los escarnecidos en Guantánamo,
de las viudas sin ojos de tanta lágrima,
de los niños sin brazos pintándole
la cara desteñida a George W. Bush
con cagarruta de soldado invasor.
No quiero calzado Pierre Cardin,
menos calzado Bertulli Boston (de diseño italiano)
ni calzado Klass (de las estrellas de cine),
quiero zapatos de la resistencia
marca MOUNTAZER AL ZAUDI, madre.
Para muchos poetitas de Barranco, el que un peruano se refiera a Bagdad les puede sonar a huachafería.
Lo que no saben es que la injusticia, la opresión y la tristeza es tan grande en el Perú que nuestros poetas de raza pueden entender perfectamente la rebeldía y la rabia de otras partes del orbe. El Perú y el campo de concentración de Guantánamo no están tan lejos. Este pequeño poema de Corcuera testimonia la universalidad de la buena poesía peruana.
Ahora esperemos que algún poeta árabe, kurdo o irlandés se acuerde -por ejemplo- de Ayacucho. De su sufrimiento de antes y de ahora.
Actualización: Otro ejemplo del nuevo ícono del siglo XXI.
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sábado, 9 de agosto de 2008
ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en Berlín (Primera parte)
(Cartel holandés de una Exposición contra las Olimpiadas nazis de Berlín de 1936)
I
La olimpiada aria
Nunca antes el Perú había asistido a una Olimpiada y posiblemente tampoco hubiera asistido a Berlin de no ser por la obsequiosidad e insistencia con que la cancillería alemana asumió la propagandística tarea de invitar al mayor número de naciones sobre la tierra.
Hitler, que al principio le disgustaba la idea de celebrar unos Juegos heredados de la postrer República de Weimar, luego se empeñó en que fueran el mejor escaparate de la Nueva Alemania. Obligó a los arquitectos a que redibujaran el mediocre diseño del estadio berlinés para convertirlo en esa obra de arte que fue el Olympiastadion, agregándole al edificio cuatro torres de fortaleza medieval en un arrebato pajero (En el siglo XXI, la burocracia de Beckenbauer lo volvió a redibujar para el mundial del 2006 hasta hacerlo irreconocible). Le regaló a la ya mítica directora de cine Leni Riefenstahl kilómetros de celuloide para que filmara la mas grandiosa de las películas del Reich (lo que se logró). Accedió a hacer menos visible el antisemitismo para contentar a Avery Brundage, el puto amo del olimpismo yanqui. Construyó la primera Villa Olímpica como Thor manda, que incluía restaurantes, bibliotecas, gimnasios, cine y oficina postal de servicio gratuito. Fueron los primeros Juegos televisados (aunque vistos solo por menos de quinientos receptores repartidos entre la jefatura nazi, venticinco pantallas distribuidas entre teatros y patios de algunos hospitales del KdF y posiblemente alguna otra más en el recibidor de aquel piso que se convertiría en el legendario Salón Kitty, el famosísimo prostíbulo para grandes oficiales del Tercer Reich) y a la imaginación e inventiva nacionalsocialista le debemos ese símbolo de la paz y la amistad de los pueblos que es la llama olímpica y su recorrido desde Grecia.
El complejo olímpico. Las torres que lo rodean fueron la contribución estética del FührerMediática y políticamente hablando, la olimpiada de Berlín fue la primera olimpiada realmente moderna del siglo XX. El sentido del espectáculo de masas, de coreografía instrumental o -como bien diría el comunicador español Miguel Ibáñez- de politoxicomanía mediática ; estuvo bien presente en toda la realización de los Juegos, lo que incluía el uso intensivo de medios de comunicación pero sometidos a una censura axial que se regía por preconceptos ideológicos y sometimiento a la autoridad : No sólo se fotografiaba y se filmaba desde ángulos estéticamente correctos (nada de hatajos de atletas desaliñados tocándose los huevos en una esquina de la pista) tampoco se permitían imágenes que atentaran contra el orden y la jerarquía ceremonial de los Juegos (la escena de una entusiasta ama de casa yanqui lanzándose sobre el Führer para abrazarlo y besarlo en la tribuna de la Piscina Olímpica, fue fulminantemente separada de los negativos y convertida en virtual mito urbano).
¿Qué sitio podían tener cuarenta untermensche vestidos con trajes de rojo chillón, venidos de un país remoto que -si hacemos caso al famoso mapa encontrado a un espía nazi en Brasil- ni siquiera era tomado en cuenta en los planes de expansión nacionalsocialista en Sudamérica?
La delegación peruana viajaba a la Villa Olímpica en unos autocares de dos pisos con el segundo al descubierto. Los berlineses podían ver en esos vehículos cabelleras crespas, trinchudas, toscamente disciplinadas con brillantina. Y en todas refulgía la piel cobriza o directamente retinta de sus protagonistas. Como llevaban la bandera olímpica, los berlineses aplaudían a su paso, pero algún SS de paisano estaría murmurando: “Estos sujetos estarían mejor en el zoológico del Tiergarten”.
Y si lo hubiera dicho en voz alta, más de uno le daría la razón.
Bienvenidos a los Décimos Juegos Olímpicos de verano, Berlín 1936.
Obvio afiche de la olimpiada aria ¿O ustedes se imaginaban al laureado de otro color?CONTINUARÁ...

