viernes, 22 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en las Olimpiadas de Berlín (Sexta y última parte)

La delegación olímpica regresa al Perú en olor de multitudes, foto sacada de aquí.


VI

Todos perdimos, menos ellos

Dada la apresurada retirada y la evidente escasez de fondos de la delegación de un país semifeudal y subdesarrollado como el Perú; el regreso fue accidentado y al vuelo se pescó a un herrumbroso carguero que marchaba a Sudamérica como improvisado transporte. Los peruanos regresaban a su patria más o menos como los inmigrantes lo hacían al Nuevo Mundo (Con excepción del cuerpo diplomático y otras autoridades que de seguro esperaron a que el gobierno les pagara lujosos billetes de primera clase para regresar).

En Lima el pueblo los recibió como campeones. Cimentaron una generación de buenos futbolistas al punto que, tres años después, ganaron su primer torneo sudamericano de fútbol (antecesor a lo que hoy conocemos como Copa América). Pero, pese a ser cracks, no eran futbolistas profesionales; ni siquiera eran trabajadores bien pagados.

Lolo Fernández jugó en la primera categoría durante casi veinte años más, se convirtió en ídolo viviente del club Universitario de Deportes, vio como le ponían su nombre a un estadio antes de padecer y morir de Alzheimer. Alejandro Manguera Villanueva, el mejor jugador de su generación, rechazó ofertas millonarias de Francia y México por la sencilla razón que nunca quiso separarse de su barrio (¡Olé tus huevos, maestro!) y, haciendo caso omiso de los médicos, continuó con sus noches juergueras hasta que la tuberculosis se lo llevó de este mundo con sólo 36 años cumplidos. Décadas después, el Alianza Lima construyó un estadio de cuarenta mil almas y le dedicó su nombre. El portero Valdivieso, merced a sus méritos deportivos, obtuvo un puesto de burócrata menor en la municipalidad de Lima con el cual llegó a jubilarse. Adelfo Magallanes, otro jaranero de pro, llegó a convertirse en entrenador del equipo de sus amores -el Alianza Lima- y confundir su vida con la del club. El resto del seleccionado terminó sus días trabajando de albañiles, camioneros o recogedores de basura hasta que sus fuerzas se lo permitieron. La gran mayoría acabó de abuelitos en su propia casa de callejón, al cuidado de la familia de sus hijos que heredaban el tugurio.

Pese a que la Gesta de Berlín se conmemoraba anualmente en los periódicos, fue motivo de canciones populares y pasaron a la historia del deporte nacional; a casi todos ellos les tocó aguantar los golpes de la pobreza y la ingratitud: El hambre y la carestía de los años cuarenta, la represión policial de los años cincuenta y el olvido generacional de los sesenta. Hoy no encontraréis ni una sola web dedicada a ese momento, ninguna investigación oficial, apenas chismes privados: El fraude cometido por los nazis y la FIFA en las Olimpiadas de Berlín es un hecho menor tan ninguneado por los organismos deportivos internacionales, como aquella otra gesta de los futbolistas ucranianos quienes ganaron a un equipo nazi bajo pena de muerte, dentro del infierno de la ocupación alemana en la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial.

El equipo austríaco que perdió ante los peruanos derrotó a Noruega y disputó la final contra Italia. Fue un nuevo palmarés para los azzurri, que festejaron haciendo el saludo fascista ante casi cien mil espectadores . Buena parte de ese equipo austríaco se fusionó con el alemán después del Anschluss de 1938, pero los resultados fueron nefastos: La gran estrella Matías Sindelar (quien además sobrellevaba una dramática ruptura amorosa) decidió suicidarse y buena parte del público vienés asistió a su entierro en un acto de inútil protesta frente a la recién estrenada ocupación nazi, mientras la nueva selección austroalemana hacía el ridículo en el mundial de Francia. El gran fútbol austríaco se había extinguido y sólo volvería a resucitar quince años después. También perdieron ellos.

Mi país andino de untermenschen no podía, de ninguna manera, retar a los nazis, quienes además contaban con gran parte del beneplácito de las naciones desarrolladas. Lo curioso es que la dictadura del general Benavides era un régimen de patricios y terratenientes que simpatizaba con los fascistas y no tardaron mucho en reconocer oficiosamente al gobierno de Burgos. Es natural pensar que esa gentuza no persistió con una queja federativa que pudo poner en entredicho a la FIFA, que ya contaba con la abierta oposición de los países sudamericanos. Se había salvado la cara y punto. Todos esos oligarcas creyeron haber hecho patria.

Aunque hubo venganza histórica: Muchos de ellos y sus hijos vieron cómo, décadas después, la dictadura militar de Velasco les confiscaba tierras y periódicos. Y luego la guerrilla maoísta acababa con sus propiedades y les metía miedo en el cuerpo hasta incluso convencerles de largarse del país.

Y estoy seguro que muchos de esos quinceañeros rubios que con diáfanas sonrisas invitaban a los deportistas peruanos a subir al autobús, fueron los mismos que -años después, enfundados en el uniforme de las SS o de la Wehrmacht- terminarían como cadáveres saqueados por bereberes en Tobruk o colgados con júbilo por las guerrillas soviéticas o....¿quizá, quizá ? terminarían en la retaguardia, invitando con las mismas diáfanas sonrisas a los desgraciados de Treblinka o Auschwitz a ingresar a los autobuses o duchas prestas a rociar el Zyklon B.

Más allá de una mención testimonial en el Estadio Nacional, perderemos el tiempo buscando alguna placa recordatoria, monumento o avenida consagrada a estos muchachos. Los peruanos somos un pueblo ingrato para con nosotros mismos. Así que solo nos queda el pajero recurso de recordarlos a la distancia y brindar a la memoria de aquellos jaraneros que disfrutaban de la vida y el fútbol, que les importaba un comino recibir una medalla y que sólo se preocupaban de llenar el puchero diario y terminar la jornada jugando, bebiendo y bailando hasta el amanecer. Además, habían derrotado al equipo de Hitler. Casi nada.

No sé si les reconozcamos glorias, pero sí les tendremos cochina envidia.


Nuestro ya conocido Manguera Villanueva, cobrando sus honorarios después del partido: Un suculento pato que se consumirá esa misma noche. Siendo malpensados, diríamos que la jovencita forma parte de la transacción. Podían ser bonitos tiempos, pero también muy crueles.


Notas: Este ensayo en sus diversas partes contó con varias fuentes de la red. Para quien quiera una versión más académica (y menos literaria, porque aquí yo he puesto de mi ají) puede visitar este sitio, este otro y acá. Como si fuera a propósito, acaba de aparecer un libro muy sugerente sobre el fútbol peruano y donde el ensayo de Carlos Arias Schreiber sobre Berlín propone romper con viejos mitos y plantear una descarnada verdad. Bueno, yo he planteado otra.

jueves, 21 de agosto de 2008

Otro poeta que se va, como los grandes poetas peruanos


Manuel Morales, otro poetazo de Hora Zero falleció hace casi un año. No nos enteramos. Treinta años tenía el Poeta en el Brasil e, ingratos como somos los peruanos, nuestros gobiernos e instituciones, terminamos olvidándolo. Casi de casualidad, Tulio Mora se encontró con la noticia del fallecimiento de su antiguo compañero de letras.

Aquí su poema más conocido. A ver si así recuperamos parte de nuestra memoria literaria.


"SI TIENES UN AMIGO QUE TOCA TAMBOR”

Si tienes un amigo que toca tambor
Cuídalo, es más que un consejo, cuídalo.
Porque ahora ya nadie toca tambor,
Más aún, ya nadie tiene un amigo.
Cuídalo, entonces,
Que ese amigo guardará tu casa.
Pero no lo dejes con tu mujer, recuerda
Que es tu mujer y no la de tu amigo.
Si sigues este consejo, vivirás
Mucho tiempo. Y tendrás tu mujer
Y un amigo que toca tambor.

(Como los grandes poetas peruanos, Manuel murió lejos, en un olvido que se ha vuelto sistemático, propio de una sociedad donde la literatura se esta volviendo más minoritaria. Ramirez Ruiz, Romualdo, .... ya son bastantes grandes poetas que nos han dejado desde hace poco. Como si nos dijeran algo, como si con sus adioses nos invitaran a recuperar la poesía...)

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en las Olimpiadas de Berlín (Quinta parte)

Hasta la fecha, la única foto del partido disputado entre Perú y Austria. Valdivieso despeja un centro ante la carga del futbolista austríaco que hoy cualquier árbitro pitaría como falta.



V
De la conspiranoia a la amarga realidad

"Por cierto que los austriacos habían sido derrotados (4-2) por Perú, en cuartos de final. Pero ocurrió que al marcar los peruanos el tercer gol, que desempataba la igualada a dos, sus hinchas saltaron al campo para abrazarlos. Se armó un conato de agresión con los austriacos y con la policía... , y aunque el partido se reanudó, incluso con un cuarto gol peruano, los jueces ordenaron la repetición del encuentro "por invasión del terreno de juego". Los sudamericanos se negaron a ello, hicieron las maletas, se fueron a casa y dejaron que Austria siguiera adelante en el torneo".

Citado en una investigación académica. Ver AQUÍ.

"(versión)…del diario londinense Daily Sketch. Según este medio fueron mil peruanos los que armados de fierros, cuchillos y revólveres invadieron el campo de juego en pleno partido, agredieron a tres jugadores austriacos y dejaron a los europeos con ocho jugadores. Dibós Dammert también consignó que esa versión se difundió en toda Europa a la semana siguiente del partido. Incluso comentó que en las calles de Berlín, desde altoparlantes colocados en estaciones de radio, se decía: "los cobardes peruanos han huido a Lima ante los valerosos jugadores austriacos".

Citado en la investigación de Luis Carlos Arias Schreiber sobre el tema en un prometedor libro de Aldo Panfichi, AQUÍ

Un par de horas después, el presidente del Comité Olímpico de Austria elevó a los organizadores de los Juegos una protesta formal: El partido había sido interrumpido abruptamente por la invasión del populacho que abarrotaba un par de tribunas, atacando a algunos jugadores y causando considerable riesgo a la integridad física del resto de los futbolistas austríacos. La queja se cerraba con una demanda para que el partido se repitiera el día siguiente.

El comité organizador de los Juegos junto con la FIFA no sólo aceptaron el petitorio austríaco: Además de repetir el partido, éste se celebraría a puerta cerrada.

¿Cómo fue posible esta situación? ¿Qué pasó en realidad sobre el césped del Herthastadion? ¿Qué factores se coludieron para que se resolviera una decisión extraordinariamente única en la historia de los Juegos?

La queja de fondo iba enfocada a la violenta invasión del público a la cancha. No hay material filmado que atestigüe la invasión de campo y es difícil imaginarse a los disciplinados alemanes del Tercer Reich portarse como hooligans. Y hablamos de alemanes porque difícilmente podía existir alguna barra alegre y bullanguera que aupara a los sudamericanos. De haberlos, solo podían formar parte de las reducidas delegaciones olímpicas, del cuerpo diplomático o, en el mejor de los casos, de estudiantes becados en Alemania que sabían perfectamente lo que era vivir en un Estado policial y racista como el Tercer Reich. Es decir, paisanos poco propensos al vandalismo.

Además, el turismo olímpico estaba en pañales así que tampoco era factible que millares de exaltados franceses o polacos aprovecharan la ocasión para barruntar en las narices de los cuerpos de seguridad nacionalsocialistas. Por lo que solo hay una deducción: Los espectadores berlineses sencillamente aplaudieron el desempeño del seleccionado peruano, se desfogaron frente a la parcialidad del arbitraje y aprovecharon la ocasión para cachondearse a gusto de los austríacos, a quienes tradicionalmente siempre han visto como zánganos, fanfarrones y pedigüeños.

Detalle quisquilloso, dado que el Führer portaestandarte de la raza aria era austríaco de origen (Hitler había nacido en un pueblo de mierda cercano a Linz). El Anschluss (la anexión de Austria al Tercer Reich) aún estaba sobre el papel y la dictadura de Dollfüss, muy celosa de la independencia vienesa, no era precisamente muy amiga de los nazis. Por último, los berlineses -ciudad de fuerte impronta obrera, cuya pequeña burguesía era bastante bon vivant, que tradicionalmente votaba socialista y donde la lealtad al régimen era bastante light- se habían comportado con demasiada suficiencia y chulería frente a sus futuros connacionales. La parcialidad del comité organizador de los Juegos era inevitable: Había que dar una pequeña satisfacción a los austríacos, era cuestión de Alta Política.

A esto agreguemos dos cosas más: El enfrentamiento entre europeos y sudamericanos dentro de la FIFA que se agravó cuando ésta dio el mundial de 1938 a Francia (en vez de devolverlo a Sudamérica, donde Argentina soñaba realizarlo). El otro factor era la permeabilidad de la FIFA frente a las presiones políticas del facismo y cuyo precedente fue la parcialidad de los arbitrajes en el mundial de Italia de 1934 frente al violento equipo local que a puntapiés derrotó a dos rivales muy superiores (España y Austria) y allanó el camino para coronarse campeones. ¿Por qué la FIFA había de comportarse de manera distinta en Berlín?

A nuestros futbolistas, quienes festejaban felices en la Villa Olímpica vaciando fuentes de escabeche de pollo; el repetir el partido no les preocupaba mucho. Total, ya se les había ganado con gusto. Pero la dictadura militar peruana aprovechó la indignación popular para subirse al carro, darse un baño de nacionalismo y distraer a las masas aún politizadas por los acontecimientos de algunos años atrás. Lo que rebalsó el vaso fue la orden de jugar a estadio vacío: Dejaba campo libre a cualquier barbaridad arbitral. El general Oscar Ruperto Benavides, dictador de turno, ordenó que no se transara en absoluto.

Hubo un conato de amenaza regional dada la solidaridad verbal de algunas delegaciones latinoamericanas a quienes no le hacían mucha gracia las bravatas eurogringas. Goebbels, el gran factótum mediático de los Juegos, inmediatamente movió sus hilos: Convenció personalmente a los argentinos a que no hicieran olas y pidió a los yanquis que mediaran frente a los mexicanos para lo mismo (Desgraciadamente, su presidente Lázaro Cárdenas estaba ocupado en cosas más importantes como la Reforma Agraria, el asunto del petróleo mexicano y la Guerra Civil española). Al final, el reclamo peruano se quedó solo.

La selección peruana no se presentó al nuevo partido dictaminado y fue eliminada por walk over. Desde Lima se ordenó fulminantemente el regreso de toda la delegación olímpica, incluyendo basketbolistas o nadadores. Varias medallas en ciernes, las primeras de nuestra historia, se quedaron en hipótesis. Ante la indiferencia general, la delegación peruana arrió su pabellón de la Villa Olímpica y se marchó a casa. Como cualquier don nadie. Eso mismo.


(P.D. A estas Olimpíadas debiéramos haber ido).


Continuará...

viernes, 15 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en las Olimpiadas de Berlín (Cuarta parte)


La selección olímpica de futbol en el mismísimo estadio del Hertha. Foto cortesía de los amigos de Hualcara.



IV
Directo en directo, desde el Herthastadion, estimados radioescuchas...


Pese a los fastos de la inauguración y a la impecable organización que exhibía Berlín, las cosas no marchaban tan bien para Alemania. Saltó a la palestra el archiconocido escándalo del saludo nunca dado de Hitler al plusmarquista afroamericano Jesse Owens y su repentina fuga del Estadio Olímpico para no volver nunca más (aunque en los últimos años, varios han criticado este hecho como vulgar patraña). Los japoneses imponían su ley en natación y los húngaros hacían lo mismo en las carreras de fondo. En las competiciones de velocidad, la raza inferior (para los alemanes y también para buena parte de los norteamericanos) derrotaba ampliamente a sus competidores europeos. Se dieron casos tremendos como el del combinado alemán femenino del 4x100 lisos: Siendo favoritas totales, falló el último relevo, la posta cayó al suelo y canadienses, inglesas y yanquis se llevaron las medallas mientras las cuatro valquirias lloraban a moco tendido junto a la pista con una desesperación que seguro no repitieron ni cuando se enteraron del desastre de Stalingrado.

El colmo llegó por el lado menos esperado: El entrenador de la selección alemana de fútbol, ebrio de superioridad (y no sabemos si de otra cosa), mandó a que su equipo suplente jugara la ronda de cuartos ante la cenicienta del torneo, Noruega. Perdieron 2-0. Dicen que el entrenador, más tarde, terminó pegándose un tiro.

Y así, el único representante de la germanidad en el fútbol era Austria. Los austríacos estaban condenados a ganar.

Ante un lleno completo en el estadio del club Hertha, Perú y Austria se jugaron la eliminatoria. Loa austríacos empezaron el partido como una máquina. Y así, avasallando, ganaban 2-0 al terminar el primer tiempo. Disciplina, juego vertical, no poca fuerza bruta y cierta complicidad arbitral eran las herramientas de los austríacos. Éstos habían dejado fuera de la convocatoria al gran Matías Sindelar, el Mozart del fútbol, presuntamente por su edad y su trayectoria de futbolista profesional. Aunque habría que mencionar que Sindelar, el más importante jugador de Austria era, entre otras cosas, un genuino ciudadano vienés, antifascista, judío y muy popular en la capital austríaca.

Austria ganaba pero los peruanos seguían tocando y esquivando los guadañazos arteros de los defensas. La agresividad de los austríacos jugó en contra cuando los nuestros lesionaron al faulero de Laudon, quien casi no pudo jugar la segunda parte (recordemos que en aquellos años no existían cambios durante el juego). Asimismo la holgura del marcador perdió a los favoritos: Se confiaron y en un pis pas los peruanos empatamos guapamente. Como en los grandes partidos, el árbitro se inventó un penal en los últimos minutos, penal que el Mago Valdivieso atajó para el entusiasmo de un público que casi no podía quedarse quieto en sus asientos. Terminó el match y, dado el empate, se jugaría la prórroga. Las tribunas chillaban. Se notaba que hacía rato no veían un fútbol de tanta calidad.

Uno creería que el tiempo suplementario beneficiaría a Austria por eso de la preparación física y la superioridad de unos jugadores bastante mejor alimentados que sus rivales. Pero fue exactamente al contrario.

Los peruanos, al ser Fattys Arbuckles jugando al fútbol, estaban acostumbrados a jugar sin reloj, hasta la puesta del sol. Sin mencionar a los más bohemios, que no les importaba disputar partidos oficiales estando enfermos, resaqueados o directamente borrachos. El colmo se daba entre los seleccionados que jugaban en el popular club del Alianza Lima: Los fines de semana jugaban la liga para el equipo blanquiazul y, dos horas después, se iban a un canchón de Lince a jugar otro partido -igual de intenso- vistiendo la camiseta de Los Íntimos, un equipo de barrio con el que se sacaban un extra monetario. Y si ganaban, festejaban hasta el día siguiente. Curiosamente, la mejor disciplina para los peruanos llegó a ser la ausencia total de disciplina.

En el tiempo suplementario los peruanos llegaron a perforar hasta tres veces el arco austríaco, pero el árbitro anulaba los tantos muerto de miedo del desenlace. Finalmente se rindió a la realidad, Perú metió dos goles (el último de Lolo, de un tiro libre que se coló por la cruceta) y el partido resultó con la victoria chola por 4-2.

El público, mismo Evasión o victoria, invadió la cancha jubiloso y festejando la proeza (y, posiblemente, riéndose en la cara de los perdedores). No queda claro si el árbitro llegó a pitar la reanudación y final del partido. Entre la alegría general, a Jules Rimet -el presidente de la FIFA y espectador de lujo- no le quedó otra que felicitar en la cancha a los jugadores peruanos (dado que él era un enemigo declarado de los intereses sudamericanos en el fútbol). Caía la anaranjada tarde berlinesa y los peruanos se sentían campeones. Ya estaban en las semifinales.

El partido se retransmitió en directo a Lima, llegando a las radios peruanas con cerca de cinco minutos de retraso de entonces. Toda la ciudad festejó la hazaña: Hasta hace pocos años, argentinos y uruguayos ganaban a los equipos peruanos caminando; ahora el seleccionado inca se medía entre lo mejorcito de Europa. Y sí, éramos los representantes del fútbol sudamericano en los Juegos, el resto de los semifinalistas lo conformaban Italia, Polonia (con quien nos tocaría enfrentarnos) y Noruega. Estaba chupado llegar al podio.




Aquisito, la fotito de la selección olímpica de baloncesto con el uniforme de rigor. También se sintieron medallistas.

Aquí, con cierto tufo fascista, los Juegos a cholocolor.




jueves, 14 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER. La odisea de los futbolistas peruanos en Berlín (Tercera Parte)

Que no quede duda quiénes organizaron estos Juegos. Y quiénes los disfrutaron.


III
Vámonos pa´Berlín

La dictadura militar de turno que regía el Perú recibió con extrañeza la enésima invitación de Alemania a participar en los Juegos. Como un plus se le había comunicado que estaba invitada -entre la delegación olímpica- su selección de fútbol ya que Uruguay, Brasil y Argentina (por motivos desconocidos pero, sin duda, bizarros) habían declinado participar. En 1936 lo peor de la Depresión había pasado y el Estado pudo desembolsar casi treinta mil soles de la época para financiar una nutrida delegación masculina (las mujeres sólo practicaban el deporte como informal entretenimiento y aún así era mal mirado).
Todavía faltaba dinero, así que el neófito Comité Olímpico Peruano inició una colecta de fondos entre las fuerzas vivas de la oligarquía limeña para completar el gasto que significaba mandar dignamente hasta el otro lado del planeta a casi sesenta paisanos.

La Casa Welsch (casa comercial alemana para unos, tapadera de los servicios de la Abwehr de Canaris en el Pacífico para otros) y la Casa Oeschle (nuestro pequeño Mall de la época y no sabemos si tapadera de la inteligencia británica) pusieron el resto entre generosas donaciones de italianos (muchos de ellos reunidos en el Circolo Sportivo Italiano, informal sitio de recreo para los informales servicios de información italianos en Sudamérica) y otros extranjeros residentes (casi todos, extensiones de sus respectivas legaciones diplomáticas huérfanas de departamentos especializados de espionaje, empezando por los EEUU aún aislacionistas) que conocían la importancia de asistir a unas olimpíadas como pasaporte de modernidad.

Así, se pudieron pagar los pasajes de segunda clase para la delegación olímpica en el Orazio, trasatlántico que era virtualmente el autobús italiano Lima-Génova desde hacía más de diez años. Despedidos con banda de música, los atletas se enfrentaron con la desconocida realidad de vivir en un barco. Acostumbrados a la tugurización como hábitat, disfrutaron sin problemas los pequeños espacios del buque para correr y entrenar (recordemos, viajaban en segunda clase, acuérdense del Titanic) y, cuando apretó el calor centroamericano al cruzar el Canal de Panamá, nuestros prohombres del olimpismo no tuvieron problema en pasearse semidesnudos por el comedor, los pasillos del dormitorio y la propia explanada de proa. Ya no disfrutaban de las fiestas y placeres de Lima pero, por contra, nunca habían comido tanta carne como entonces.

De Génova tomaron un expreso hasta Berlín y de allí los trasladaron hasta la Villa Olímpica en el oeste de la ciudad. Además de los soberbios alojamientos, los peruanos tuvieron una sorpresa adicional: En el comedor les ofrecían genuina comida peruana. La meticulosidad de la empresa propagandística nazi hizo que del Reich partieran chefs a diversas partes del mundo registrando comidas y dietas de cada país. Más hospitalidad, imposible.

En el día de la inauguración Perú presentó -lo que son las cosas- una de las delegaciones más numerosas de los Juegos. Marchaban -además de los futbolistas- el equipo de baloncesto, boxeadores, nadadores, ciclistas, atletas y tiradores. Todos haciendo ante la Tribuna de la Cancillería el mismo saludo (unos dicen que olímpico, otros que nazi) que hicieron canadienses, húngaros, suecos o franceses. Se empezó bien, nuestro nadador estrella clasificaba a las semifinales de su especialidad, a cuatro segundos de Jack Medica, la gran esperanza blanca de EEUU en la piscina. Y el equipo de baloncesto, al jugar sobre una pista de ladrillo molido, se alucinó superpotencia derrotando a chinos y egipcios, clasificándose para las semifinales. Nuestros futbolistas tampoco se quedaron atrás, le metieron siete goles a Finlandia (cuatro de un Lolo Fernández que desconocía lo que era un hat trick) pasando a cuartos. Jugarían contra Austria, una selección muy joven que había bebido de la leyenda del emblemático Wunderteam, uno de los mejores equipos de los años treinta.

Desgraciadamente no jugarían solo fútbol.

Nuestros futbolistas, listos para enfrentarse al equipo de Hitler. Ánimo Mago.

sábado, 9 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en Berlín (Segunda parte)

La jarana y la alegría hecha fútbol: Alejandro Villanueva




II
Cuando éramos niños, bellos y felices


El deporte en el Perú estaba en la infancia. La maravillosa infancia. La quintaesencia de Lewis Carroll. Con el encanto de esa edad veíamos, al calor de las apuestas, concursos de natación llevados a cabo en una poza de agua verdosa cercana al puerto. Se ganaban trofeos deportivos que luego se perdían en juegos de dados y naipes que los protagonistas estiraban hasta la madrugada entre tragos de pisco y rica compañía. El baloncesto se jugaba sobre pistas de ladrillo, tablones de madera, tierra batida y hasta sobre césped. Un peruano loco se daba el gusto de ganar una maratón internacional viajando de polizón en un barco, corriendo con las zapatillas de su abuelita y siguiendo durante cuarenta kilómetros a los punteros de turno por la sencilla razón de desconocer la ruta hacia el estadio. Las estrellas locales de fútbol, luego del partido dominical, se iban a pelotear con los chiquillos entre callejuelas para terminar festejando con sus viejos amigotes mediando tragos, tabaco, buenas mujeres y un fonógrafo lleno de onesteps, tangos y pasodobles. Eso era deporte puro, carajo.

Y es que el fútbol peruano había alcanzado el síndrome de Fatty Arbuckle, aquella edad en que el pícaro niño se transforma en adolescente salvaje que se da de bruces con una adultez siempre ignorada. No existía el fútbol profesional, pero para centenares de muchachos, el fútbol ya era su vida. Aprendieron el fútbol viendo jugar a los marineros ingleses, como casi todos los que vivimos fuera de Las Islas. Entre potreros con olor a estiércol, canchas de tierra pelada, algún arenal y las calles empedradas de la ciudad, el fútbol empezó a tomar edad. Comerciantes, artesanos y algún señorón aburrido con ganas de hacer de mecenas empezaron a financiar los primeros clubes de fútbol que durante décadas fueron poco más que clubes de barrio.

O de oficios, como en la Edad Media : El partido de fútbol más popular hasta bien entrado los años veinte era el de Textiles contra Choferes, donde una selección de obreros de las fábricas de Vitarte se enfrentaba a otra de camioneros y mecánicos de la capital. Se solía jugar en un canchón en las afueras de Lima con el público trabajador poblando los cerros aledaños y viendo los lances mientras zampaban butifarras, mazorcas hervidas y cerveza. Era una kermesse con fútbol incluido.

Por generación espontánea, como han sucedido buena parte de los hechos del deporte peruano, nacieron nuestros cracks: Juan Valdivieso El Mago, portero voluntarioso hasta el día en que vio todo un entrenamiento del Divino Zamora que venía de gira con el Real Madrid y esto lo convirtió -imaginamos que en un lapso de tres horas- en el mejor portero de Sudamérica (y en todo caso poseedor de uno de los mejores récords de penales atrapados). Adelfo Magallanes El Bólido, mediapunta de vida alegre y jaranera quien siempre se preguntó si su verdadero nombre era Adelfo y no Adolfo, dada la poca profesionalidad de los amanuenses criollos que trataban con desprecio a los afroperuanos que firmaban -en lo posible- las partidas de nacimiento. Alejandro Manguera Villanueva, delantero hábil, pícaro, bohemio, negro, tuvo la mala suerte de nacer en el Perú. Si hubiera nacido en Brasil o Uruguay hoy sería mundialmente conocido como uno de los mejores diez de la historia. Lolo Fernández tenía un disparo que rompía redes, postes y travesaños con tan increíble asiduidad que la tribuna le apodó El Cañonero. En cambio, Titina Castillo era un chaparrito que combatía su baja estatura con una habilidad en el gambeteo. Los hermanos Alcalde -al igual que los futuros hermanos Toth de la sección húngara de 1954- eran el mecanismo de autocontrol interno del equipo. En un país de instituciones débiles, la familia salvaba los muebles del incendio, o de la goleada.

Todos se ganaban la vida honradamente: Valdivieso era ebanista, Villanueva albañil, Lolo Fernández -el más pijo de todos- asistía a regañadientes a la Escuela de Contaduría. Los demás eran camioneros, obreros, vendedores de comida, empleados de última fila de servicios públicos. Nadie soñaba con un futuro próspero de jugadores bien pagados. Bueno, nadie soñaba con un futuro. Se vivía bien si se garantizaba el puchero diario, habitaban en callejones de un solo caño (tugurios galdosianos donde decenas de familias compartían una salida de agua y un retrete). Todos ejercían un cooperativismo primario (si uno se comía un bizcocho a solas, los demás se lo arrancaban para que aprendiera a compartir) se amanecían juergueando juntos, hacían colecta cuando uno se enfermaba, se ganaban la vida armando equipos en las afueras de Lima y cobrando en comida y trago. Muy pocos sabían leer y escribir. Y había más de uno que -gracias a las apuestas, los combates de gallos y las propinas que recibía en los partidos- malmantenía familia, esposa y querida.

A pesar de ello o gracias a ello, estos jovenzuelos mal nutridos y semianalfabetos crearon un fútbol de gloria: Pasión por los dribblings, jugar el balón al toque, triangular a ras del suelo, picardía a la hora de desmarcarse, desdén a la estrategia y al juego destructivo. Así llenaron las tribunas precarias por donde jugaban. La gente los llevaba en volandas hasta la casa de la cocinera más generosa del pueblo a inflarlos de escabeche de pollo y arroz con pato. Eran los héroes del momento para la chiquillería que imitaba -sin pelota- sus quiebres en una esquina mugrienta. Quien podía, sabiendo las debilidades humanas, encerraba a las adolescentes y mujeres en edad casadera; pero -como en el poema de Rubén Darío- al final “la más hermosa / sonríe al más fiero de los vencedores”. El bar cerraba con aquellos dentro, uno traía los dados, otros las guitarras y algún avispado se presentaba con negras guapas y cigarrillos importados. Pasada la madrugada se acababa la luz de kerosene y las botellas de pisco, todos iban dando tumbos a sus hogares, maldiciendo el trabajo de mañana, esperando el próximo entrenamiento, escondiéndose en las esquinas con mujeres de cintura ceñida, embarazando con impune irresponsabilidad. Éramos niños, bellos y felices.

Como nunca más lo fuimos en el resto de nuestra vida.


Sí, son futbolistas en activo. Y encima olímpicos. Quien bebe a pico es el portero Valdivieso y ese señor con sombrero, traje, cerveza y cara de muerto es un terminal Manguera Villanueva. Festejando después de un partidito… (esto último es información errónea, ver la sección de comments).

CONTINUARÁ...



ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en Berlín (Primera parte)

(Cartel holandés de una Exposición contra las Olimpiadas nazis de Berlín de 1936)




La cosa más grande que habían visto en su vida era el barco donde navegaron por el Atlántico. Para muchos era la primera vez que llevaban corbata y traje de domingo. Disimulaban el vértigo de los que jamás habían conocido la velocidad de los ferrocarriles expresos europeos, aunque se reían de las montañas de juguete de Sankt Gallen, poca cosa frente a cualquier roquedal andino. Una mañana de julio arribaron a la estación de Anhalt siendo ovacionados disciplinadamente por un comité de bienvenida de la Hitlerjugend. Cholos, zambos, negros y mestizos vieron emocionados como unos rubios quinceañeros con chaquetas impecablemente blancas se encargaban de llevarles el equipaje e invitarlos con sonrisas a subir a un impresionante autocar del ejército. No sabían lo que les esperaba bajo la svástica, ni se imaginaban lo que iba a ser jugar al fútbol dentro del Tercer Reich.


I
La olimpiada aria


Nunca antes el Perú había asistido a una Olimpiada y posiblemente tampoco hubiera asistido a Berlin de no ser por la obsequiosidad e insistencia con que la cancillería alemana asumió la propagandística tarea de invitar al mayor número de naciones sobre la tierra.

Hitler, que al principio le disgustaba la idea de celebrar unos Juegos heredados de la postrer República de Weimar, luego se empeñó en que fueran el mejor escaparate de la Nueva Alemania. Obligó a los arquitectos a que redibujaran el mediocre diseño del estadio berlinés para convertirlo en esa obra de arte que fue el Olympiastadion, agregándole al edificio cuatro torres de fortaleza medieval en un arrebato pajero (En el siglo XXI, la burocracia de Beckenbauer lo volvió a redibujar para el mundial del 2006 hasta hacerlo irreconocible). Le regaló a la ya mítica directora de cine Leni Riefenstahl kilómetros de celuloide para que filmara la mas grandiosa de las películas del Reich (lo que se logró). Accedió a hacer menos visible el antisemitismo para contentar a Avery Brundage, el puto amo del olimpismo yanqui. Construyó la primera Villa Olímpica como Thor manda, que incluía restaurantes, bibliotecas, gimnasios, cine y oficina postal de servicio gratuito. Fueron los primeros Juegos televisados (aunque vistos solo por menos de quinientos receptores repartidos entre la jefatura nazi, venticinco pantallas distribuidas entre teatros y patios de algunos hospitales del KdF y posiblemente alguna otra más en el recibidor de aquel piso que se convertiría en el legendario Salón Kitty, el famosísimo prostíbulo para grandes oficiales del Tercer Reich) y a la imaginación e inventiva nacionalsocialista le debemos ese símbolo de la paz y la amistad de los pueblos que es la llama olímpica y su recorrido desde Grecia.


El complejo olímpico. Las torres que lo rodean fueron la contribución estética del Führer



Mediática y políticamente hablando, la olimpiada de Berlín fue la primera olimpiada realmente moderna del siglo XX. El sentido del espectáculo de masas, de coreografía instrumental o -como bien diría el comunicador español Miguel Ibáñez- de politoxicomanía mediática ; estuvo bien presente en toda la realización de los Juegos, lo que incluía el uso intensivo de medios de comunicación pero sometidos a una censura axial que se regía por preconceptos ideológicos y sometimiento a la autoridad : No sólo se fotografiaba y se filmaba desde ángulos estéticamente correctos (nada de hatajos de atletas desaliñados tocándose los huevos en una esquina de la pista) tampoco se permitían imágenes que atentaran contra el orden y la jerarquía ceremonial de los Juegos (la escena de una entusiasta ama de casa yanqui lanzándose sobre el Führer para abrazarlo y besarlo en la tribuna de la Piscina Olímpica, fue fulminantemente separada de los negativos y convertida en virtual mito urbano).

¿Qué sitio podían tener cuarenta untermensche vestidos con trajes de rojo chillón, venidos de un país remoto que -si hacemos caso al famoso mapa encontrado a un espía nazi en Brasil- ni siquiera era tomado en cuenta en los planes de expansión nacionalsocialista en Sudamérica?


La delegación peruana viajaba a la Villa Olímpica en unos autocares de dos pisos con el segundo al descubierto. Los berlineses podían ver en esos vehículos cabelleras crespas, trinchudas, toscamente disciplinadas con brillantina. Y en todas refulgía la piel cobriza o directamente retinta de sus protagonistas. Como llevaban la bandera olímpica, los berlineses aplaudían a su paso, pero algún SS de paisano estaría murmurando: “Estos sujetos estarían mejor en el zoológico del Tiergarten”.



Y si lo hubiera dicho en voz alta, más de uno le daría la razón.


Bienvenidos a los Décimos Juegos Olímpicos de verano, Berlín 1936.




Obvio afiche de la olimpiada aria ¿O ustedes se imaginaban al laureado de otro color?



CONTINUARÁ...

viernes, 8 de agosto de 2008

Intermezzo Olímpico




Agosto nos traen las discutidas Olimpiadas de un régimen que no es trigo limpio de ninguna manera (aunque ¿qué régimen puede tirar la primera piedra? La Grecia olímpica del 2004 se montó sobre varios negociados y oscuras comisiones empresariales, la Australia de Sydney sigue teniendo sesgos profundamente racistas en su política de atención a los inmigrantes, los juegos de Atlanta 96' se han considerado como los peores de la historia moderna y etc...) además los peruanos no nos vamos a comer ni un rosco.


Sin embargo, hubo una época en que Perú miró con curiosidad esos juegos y donde nuestra inocencia era tanta que casi regresamos como campeones. Sí, me refiero a los no menos polémicos juegos de 1936 en Berlín. Y estos días les voy a contar en cuatro capítulos mi versión de una época desconocida donde los peruanos se toparon de bruces con la frenética política internacional.


Mañana empiezo a contarles la historia de ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER


(Sí, me voy por las ramas, le doy demasiada concesión a temas extraliterarios, barro para mi esquina. Pero tengan en cuenta que éste es también mi blog y que, para ser sincero, me moría de ganas de contarles esta historia)


Bueno, alla vá

viernes, 1 de agosto de 2008

NACIONALCATOLICISMO EN EL PERÚ (A propósito de la propuesta de un Ministerio de Cultura)



Antes de analizar la necesidad de un Ministerio de Cultura en el Perú (cosa que ha sido tratada en varios blogs como éste y éste) creo que tendríamos que analizar cómo está marchando el actual Instituto Nacional de Cultura (INC), institución que sería la base de cualquier proyecto del futuro ministerio propuesto.

El INC lleva dos años bajo la férula de la dra. Cecilia Bákula Budge quien ha llevado una gestión, digamos, polémica (ceses masivos de personal, participación en la censura de la exposición del dibujante Piero Quijano, mutis en la rarísima negociación de piezas incaicas de la universidad de Yale que realiza -nadie sabe por qué- el actual ministro ¡de salud! Hernán Garrido Lecca, entre otras perlas) y que desde el principio recibió las críticas de este blog.

Pero, como si se homenajeara a la Ley de Murphy, todo ha salido bastante peor de lo mal que uno esperaba de la gestión de Bákula: Y nos referimos a la intromisión descarada de militantes de la agrupación regiliosa ultraconservadora Avanzada Católica en la gestión del INC.

Para nadie es un secreto los gustos religiosos de Bákula, gustos que se tradujeron en la creación de una capilla dentro del local del INC (¿no se está violando el principio del Estado laico?) o el impulso a un bizarro concurso nacional de Nacimientos. En fin. Parte del patrimonio histórico y cultural del Perú es la religión y las diversas formas como se manifiestan en la sociedad peruana (retablos, imaginería, arte colonial, fiestas populares,etc.).

Lo que si no forma parte de ningún patrimonio es la irrupción de fundamentalistas católicos a la peruana en instituciones que administran algo tan diverso y plural como el presente y pasado de la cultura de este país. Avanzada Católica es una agrupación auspiciada por Pro Ecclesia Sancta, un aparato émulo del Opus Dei, que forma parte de la vasta red de organizaciones católicas conservadoras que trabajan con laicos, penetran en espacios influyentes tanto de la sociedad civil como de los organismos del Estado y cuya práctica de reclutamiento de fieles no es precisamente ni transparente ni democrática y ha llevado a denuncias abiertas sobre su funcionamiento.

En un impecable reportaje de La República, publicado hace algunas semanas, se confirma la penetración -reconocida por Bákula- de fanáticos de Avanzada Católica en puestos claves del INC. Bueno, la propia Bákula es miembra conocida de dicha secta. La acusación se agrava cuando estos "cruzados" (por usar el título del reportaje mencionado) carecen de experiencia en gestión cultural y hasta en conocimiento de las disciplinas que se exigen (las áreas de arqueología y patrimonio arquitectónico están colapsadas) y promueven actos de censura (como le pasó a Gustavo Gutierrez, programado para comentar en la presentación de la obra poética de Juan Gonzalo Rose y luego fue vetado fulminantemente). Todo esto mientras más de cien personas (varias de ellas con una experiencia de cinco, ocho y hasta catorce años de servicio) han dejado de trabajar para el INC ¿Quiénes han entrado en su lugar? Éstos.

¿Se imaginan un Ministerio de la Cultura con esa gente? No, no se imaginen nada y vean la realidad de ministerios como el de Justicia, Salud o Educación, con personajes claves de organizaciones católicas conservadoras, puestas ahí para impedir que prosperen iniciativas modernas y más democráticas de salud sexual y reproductiva y mantener una posición de inmovilismo que perjudica a amplios sectores de la población. ¿Por qué creen que el Ministerio de la Mujer terminó llamándose Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social? (como si ser solamente "de la Mujer" fuera demasiado pernicioso) ¿Quién creen que está detrás de volver a bautizar este ministerio con un nombre más rochoso todavía?

Para casi todos ha quedado clara ya la alianza del Apra con el fujimorismo. Pero hace bastante tiempo que este gobierno ha pactado con un sector igual de siniestro. Dado el asfixiante clima que vivimos, no es de extrañar que este monstruo se enfrente a la Universidad Católica para reclamar más poder o que en la segunda ciudad más grande del Perú, la alta jerarquía eclesiástica genere escenas tan patéticamente discriminadoras como ésta.

No es que nos falte un Ministerio de Cultura en el Perú, es que nos está faltando coraje para denunciar en voz más alta la apropiación de este país por instituciones poco democráticas y bastante discriminadoras, poco plurales y demasiado fascistas. Sí, esa Iglesia católica peruana reverenciosa ante un presidente que ha hecho gala de su adulterio mientras condena y prohibe el aborto terapéutico a cualquier adolescente pobre violada en el Perú.
Y ya que en materias como ésta, estamos regresando a los tiempos de Manuel González Prada, no estaría demás volverlo a leer.
Actualización: La última caricatura de Acevedo se mete con la larga mano del Opus Dei ¿Coincidencias? Ver y disfrutar aquí.

miércoles, 23 de julio de 2008

LA DICHOSA FERIA DEL LIBRO




Antes que nada lo confieso: No me gustan la ferias del libro de este tipo, no me gusta un certamen en donde la exhibición de las producciones de escritores termina pervirtiéndose en un pulso entre editoriales, donde los escritores son (casi) obligados a hacer de figuretis y comparsas a mayor gloria de las ventas. ¿Festival de las letras? No, cenáculo empresarial de mitad de año para hacer caja, ese es el espíritu de las "grandes" ferias del libro. Sí, la de Lima también.


Las ferias, los concursos, el mundo de la literatura y las editoriales ya no son como antes... Antes un concurso era una competición de obras bajo la lupa de jurados exigentes e independientes, hoy apenas es una negociación ajedrecística entre editoriales donde pesa más el márketing, la vocación mediática y la exhibición icónica del autor/editor. Las ferias, si alguna vez fueron exhibición democrática de las tendencias literarias, hoy son campo de batalla entre agentes literarios por sumar puntos de venta. Más o menos como cualquier vulgar Feria del Automóvil.


Si me creen exagerao, os recomiendo un célebre capítulo de Los detectives salvajes, donde Bolaño desnuda la Feria del Libro de Madrid (la primera o segunda feria literaria del mundo en lengua hispana) o la acusadora novela El Premio del malogrado Manuel Vázquez Montalbán donde exhibe las miserias internas de las editoriales, aquellas por la que suspiran centenares de escribidores peruleros.


Pero, además, en esta edición ha estallado el escándalo del veto de la Cámara Peruana de Libro contra la Alianza Peruana de Editores (ALPE) , ampliamente discurtido en los blogs y que ha terminado en una auténtica Paz de Munich, donde los grandazos han aceptado que participen las pequeñas editoriales del ALPE, aunque señalándoles que, sin mucho roche, se ubiquen.


Y es que el problema es que los alquileres de stands no son precisamente baratos poder participar (mil dolarcillos de alquiler por un stand de muy pocos metros cuadrados). A sabiendas, además, que la asistencia a la Feria no significa necesariamente una ola compradora.


Otra duda: ¿No se pensó en que el hecho de clavar la Feria en el Jockey Plaza no es precisamente garantía de democratización? ¿Es que era muy triste organizarla en el Centro? (El Parque de la Muralla era el espacio perfecto, además sita al otro lado de la tradicional feria del libro de Amazonas)


O sencillamente prima el interés de facilitarle la alfombra roja a los auténticos beneficiarios de la Feria ¿Quiénes? Pues aquellos peruanos que pueden darse el estupendo lujo de comprar regularmente libros y novedades a precios internacionales. El resto de los mortales nos conformamos con las generosas ofertas de alguna empresa oriunda, algunas ediciones baratas que nos suelta alguna librería y los saldos de los fondos editoriales universitarios. Así que, amigo, si apenas ha juntado veintipico soles (lo que le vale para varios ejemplares interesantes en Quilca o Amazonas, por no hablar del bazar pirata de Wilson) mejor ni se moleste en acudir a esta parte privilegiada del país.


Y ojo, que esto lo dice este pechito que asistió a la dichosa Feria y se ha dado incluso su garbeo institucional, quien se fue a buscar libros que enriquezcan la biblioteca de este lugar y que, descuidándose, (casi) quema su tarjeta de débito en aras de su modesta biblioteca particular. Soy conciente de la importancia y necesidad de una gran feria del libro en el páramo en el cual estamos. Y no voy a ser mezquino con quienes una vez al año se gastan la propina patrimonial en libros y no tanto en ropa, automóviles o cocaína. Dinero gastado en libros, dinero bien empleado.


Pero no me voy a detener en seguir denunciando el elitismo de un evento que podría ser muchísimo más amplio y democrático -ya se demostró cuando se levantó una feria del libro en Carabayllo hace unos meses- que debe ir precedido de un trabajo de investigación sobre la infinidad de editoras y fondos que hay en el resto del país y que debiera ser más generoso con las iniciativas editoriales que se hacen fuera de Lima (Este año se invita a Chile ¿A nadie se le ha ocurrido invitar también a alguna ciudad peruana de amplio capital cultural y editorial como Cuzco, Huánuco, Trujillo, Iquitos o Arequipa?). Salvo la presencia del conglomerado de ALPE y de un novedoso stand de editoriales regionales (donde domina la producción chimbotana), temo que la Feria sigue siendo habitada por las mismas empresas de siempre.


Y ese elitismo inconciente lleva a situaciones infames como el desprecio y la humillación a ciudadanos peruanos presos que participaron y ganaron un certamen literario y merecían ser premiados en la Feria. Una cadena de excusas hipócritas y negociaciones inmorales (adelantar la hora de la premiación para aislarla del resto de la Feria, cachear a quienes entraran a la premiación, etc.) terminó por abortar lo que hubiera sido un bonito ejemplo de reinserción social para los reclusos y un gesto para hacer la Feria más inclusiva.


Ojalá en el futuro tengamos más sangre nueva en la Cámara Peruana del Libro para que se renueve la Feria, se abandone el oropel mediático y el evento se vuelque a sectores necesitados -aún más- de cultura (como el colectivo de los escolares o el de los maestros de colegio), una Feria que se encuentre con la gran cantidad de escritores que pueblan este país (¿para cuándo la Feria homenajeará como se merece a Zavaleta, Reynoso, Cronwell Jara o Leoncio Bueno?) y que promueva de forma más decidida las iniciativas editoriales de provincias, mucho más comprometidas con el escritor peruano.


Ojalá, o la Feria terminará mudándose al balneario de Asia o al fundo de Mamacona, aireadas en sitios mediáticos tan cultos como éste, con música ambiental de Gianmarco y cuyas imágenes apenas si las veremos por acá.


Y no exagero.


martes, 8 de julio de 2008

Hoy, toca Paro Nacional





Y para días como éste, nada como los versos de aquel legendario poema de Cesáreo Martínez:



A nosotros, señores del poder, nos ampara la confianza de la luz.

Así vive el hombre, en sus días de oro, camino

De la perfección.

Y así, bajo el sol, fueron saliendo estos cedazos de amor llamados

curiosamente

Chavín, Viet-Nam, Chile, Arizona o Cotahuasi

Nombres de pueblos que han andado por sus caminos

Alimentándose,

Tomando agua en sus propias manos, a su tiempo.

Y para procurarnos comida en este país, señores del poder,

Hemos convertido la noche

En días interminables, hemos gastado nuestros cuerpos inútilmente

Mas no conseguimos evitar el rencor de nuestros hijos en la mesa

vacía.

En esta comarca, señores del poder, hace siglos que la vida es

imposible.

Imposible la inocencia del viento y en el mercado danza la

pesadilla

Panza la escasez omnipotente y con botas, sencillamente siniestra

Como la boca de una metralleta en mi pecho.



De Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga)


Sacado del blog Bosque de Palabras.

miércoles, 2 de julio de 2008

Cherrys literarios





Cherry uno (ACTUALIZADO):
La próxima semana se realizará el CONGRESO INTERNACIONAL PERÚ XIX: UNIVERSOS DISCURSIVOS EN LA PRENSA PERUANA DECIMONÓNICA, que trata sobre ese gran desconocido para muchos que fue el siglo XIX (y que muchos solo se acuerdan por lo de la Guerra del Pacífico). Dicho congreso ha sufrido los daños colaterales de las protestas en torno al Muro de san Marcos y SE HAN PRODUCIDO CAMBIOS: La primera jornada (día 7) se realizará en el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Cancillería, Jr. Ucayali 391. Las siguientes jornadas (días8 y 9 de Julio) tendrán lugar en el pacífico campus de la Católica, concretamente en la Sala de Grados de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, Pontificia Universidad Católica del Perú, de mañana y tarde. Pero, aquí viene lo bonito ¡el ingreso sigue siendo libre!



Nada de pagar diez soles por entrar. Sin poner un duro (o una moneda de diez céntimos) durante tres días enterándose de cómo era la prensa en la Guerra del Pacífico (la nuestra y la de los yanquis), los imaginarios femeninos de la época, los rollos de Clorinda Matto o Mercedes Cabello, el sentido de las ilustraciones humorísticas de esa época, las ideas de nación o racismo que se ventilaban, etc. para más detalles aquí.








Cherry Dos:

Los Viernes Literarios en Quilca ya son una liturgia semanal. Este mes tenemos jornadas guapas como la del viernes 11 cuando escucharemos al maestro Juan Cristóbal, a Iván Yauri y a Patricia del Valle in person. Para ver la programación completa de este mes, acanga.

Y finalmente, pueden pasarse ya mismo por el Cultural Japonés para asistir al Primer Coloquio de Estudos Teatrales y Perfomativos. También con entrada libre y donde podréis charlar con Ernesto Ráez, Mario Delgado y otros titanes del teatro peruano. Un servidor, se apunta mañana jueves con una ponencia cascarrabias que vindica el teatro popular callejero de los ochenta. La programación completa la tenéis aquisito nomás.

Bueno, y nada más. Este espacio ha sido posible gracias a Café de Colombia , habanos Montecristo, coñac Carlos III, ron Flor de Caña y otros que no me acuerdo. El próximo cherry lo publicitarán los Piscos del Perú.

sábado, 28 de junio de 2008

El laberinto de la choledad




Sí, robo descaradamente el título del célebre (y bastante profético) libro de Guillermo Nugent.


Hace unos días se inició aquí un pequeño debate aquí acerca de la pertinencia del término "cholo". En resumen, Silvio Rendón hacía énfasis en lo problemático, resbaladizo y poco adecuado de manejar dicha palabra en nuestros discursos porque empañaban los análisis con un término que muchos podían calificar como ofensivo: " Mejor tener la fiesta en paz y olvidarse de las alusiones raciales. Hay mejores formas de relacionarnos". Incluso se miraba con bastante desconfianza (y para algunos comentaristas con mucha crítica) al sugerente blog Choledad Privada , portador de un discutible discurso más permeable a ese término tan espinoso y que parece oponerlo arbitrariamente frente a la manifiesta pluralidad de este país.

En fin ¿Es malo usar el término cholo, choledad, cholósfera, Cholywood, cholonauta? ¿Nos engañamos usando esa categoría?¿Nos inventamos un Perú irreal con ella?


Creo que el término cholo tiene que ser visto en su perspectiva histórica.


-En el principio cholo era un término despectivo e insultante (viene de una voz caribeña que quiere decir perro desnudo) que se ha usado (y se usa) para humillar a quienes se consideran inferiores en nuestro país. Es el puntal vector de nuestro racismo patrio, "Cholear" resulta sinónimo de discriminar, no importa si el aludido es zambo, mestizo, indígena o incluso blanquiñoso. El choleo es ese racismo que casi todos los peruanos llevamos dentro.


-Sin embargo, en el último medio siglo el Perú vivió un tremenda transformación social en la cual los pobladores andinos ocuparon y desbordaron a las ciudades de la costa y señaladamente a Lima. Hacia los años años ochenta el término cholo llega a resemantizarse y a volverse más inclusivo, al punto que se convierte en una marca de orgullo popular urbano (aquí) y hasta en un nuevo horizonte de peruanidad más democrática (qué es más o menos el rollo de Choledad Privada). A diferencia del significado automutilante, en los nuevos tiempos lo cholo podría ser un factor básico de peruanidad. Y de optimismo.


-Pero quizá el asunto está que en este siglo XXI, donde todo está cambiando y vivimos una época de tránsito hacia quién sabe dónde, el término cholo vuelva a reformularse y a encontrarse con otras categorías que han ido naciendo en este nuevo milenio. Y quizá la propia ambigüedad de la "choledad" sea algo positivo, que implique algún rasgo común de nuestra declarada pluralidad.



En ese sentido, quisiera compartir con ustedes el post del escritor y sociólogo Artemón Ospina, que desnuda el discurso optimista de la choledad, pero que a la vez exhibe el carácter subversivo de esta misma choledad. Subversivo y temido por las élites:


Escuché y opté por seguir escuchando: " la verdad es que los chilenos están haciendo patria al ponerle a los cholos sus centros comerciales en sus conos, así ya no molestan por acá, eso estaba mal, ellos no tenían donde ir y que hacían se querían meter donde no pertenecen, ahora ya tienen sus espacios, sus cines, por eso ahora ya no se ve tanto huaco por Larco Mar. Un país avanza cuando cada uno reconoce su lugar.


Se puede bailar la misma música pero cada quien en su lugar.Volviendo a los ciclistas solo los resentidos están haciendo bulla, no ven que el verdadero Perú se esta forjando, los cholos en sus conos y sus megas plazas, la gente en Larco Mar. A ver acaso Pizarro pondría una discoteca en el Bulevar de Comas o de Los Olivos, ni hablar, ahí pone una discoteca Cahuantico o el Cholo Prado, el Puma media mampara, pone su disco en Jesús María pero fácil se resbala a Los Olivos, en cambio Rebosio, pone su Disco en el Callao aunque le gusta Larco Mar, pero jamás llegara a La Molina, donde Pizarro entra y sale como en su casa. Así nomás es el Perú”.


Seguí escuchando para comprender: “Ahora por ejemplo El Comercio, pone a los cholos emprendedores en la pagina económica pero jamás en la pagina de sociales, ahí, están los fotos del matri de Juan Diego pero jamás, jamás podrían estar las fotos de matrimonio de la hija de los dueños de los mercados Unicachi. Ese no es su lugar. Decir eso no es racismo es pensar que en el Perú cada quien tiene su lugar, solo eso. En el Perú, la gente y los cholos tenemos cosas en común, cosas de que enorgullecernos, un mismo pasado histórico, una misma comida, variedad de música, lindos paisajes pero por favor cada quien en su lugar.” Bueno gusto verte, así nomás a la pasadita, me alegro que estés estudiando ingles.


Es decir, la bonita promesa de la choledad puesta prueba por el racismo de las élites que gobiernan el Perú. Lo sucedido con los ciclistas en Larcomar es un capítulo entre esa choledad libre y optimista que es maniatada y encerrada por otros cholos que obedecen (¿y creen?) la estructura prejuiciosa de las élites. Lo cholo, un color más (¿el gran color?) en la paleta peruana, parece hacer propias las palabras de Basadre dedicadas al Perú: Ser problema y posibilidad.



P.D. A quienes quieran expresar su protesta por los abusos que el ejército colonial...ejem, el serenazgo de la Municipalidad de Miraflores cometió contra los ya tan mencionados ciclistas en Larcomar. Pásense por aquí y estampen su denuncia al alcalde de marras.
*El poster choloinclusivo, sacado de Confabulatorio.

martes, 17 de junio de 2008

MÁS ALLÁ DEL 6-0 (el blog se pone futbolero)




Soy de la generación que estaba acostumbrada a que nuestra selección de fútbol venciera a menudo, le hiciera temblar el suelo a argentinos, guapeara a uruguayos, ganara a los colombianos caminando, aplastara en su momento a ecuatorianos y bolivianos, y nos divirtiéramos ganándole a lo chilenos jugando bonito. Total, en aquellos años, de cuatro mundiales sucesivos celebrados, asistimos a tres.


Por lo tanto, desde el punto de vista meramente futbolero, no puedo ver a nuestra sociedad sino profundamente involucionada. Hoy el país practica un fútbol miserable, con adolescentes anémicos y proclives al fracaso escolar, donde la juventud deja el deporte por el pandillaje, bajo una Federación de fútbol que es un hatajo de mafiosos y mediocres, donde los clubes son caja chica de politicastros y figuretis a quienes les importa un pito el desarrollo del deporte, con infraestructuras educativas paupérrimas, sin ningún trabajo serio en divisiones menores y afirmando una cultura del fútbol próxima a la farándula y las páginas policiales. De nada sirve que hayamos crecido económicamente o que exportemos futbolistas al extranjero. Hemos retrocedido.


Quiero pensar que existe otro Perú. Que frente a la barbarie de Alan García y Burga, hay otro país de peruanos de a pie, anónimos, que construyen otra imagen distinta, más alegre y más solidaria. En fin, dejémosnos llevar por el paisaje que el escritor Félix Huamán Cabrera nos evoca en algún cono de Lima:


"Domingo a las nueve de la mañana. Lima era un viento frío (...) Los compoblanos residentes en Lima habían formado el Centro Social Deportivo Cultural Hijos de Lircay para trabajar por su pueblo tantas veces postergado por la indiferencia de todos los gobiernos (...) Esos objetivos eran los mismos en miles de instituciones pueblerinas, provincianas, departamentales y regionales que se constituían en Lima con el propósito de volver a encontrarse con sus raíces y qué mejor que sus paisanos, porque la gran ciudad los maltrataba mucho (...) qué mejor que encontrarse los sábados y los domingos festejando a los santos de su devoción o en el partido de fútbol entre las agrupaciones que muchas veces llevaban el nombre de los grandes equipos y hasta usaban el color de sus camisetas: Club Alianza Deportiva de Lachaqui, Universitario de Deportes de Unicari, Sport Boys de Warivilca, Atlético Chalaco Wancasanquino, Estudiantes Unidos Sapallanga (...) Ahora le toca al doctor Jacinto, médico cirujano que ha puesto la banda de músicos y el castillo. También está el ingeniero Edilberto Machuca, gran deportista del club Los Maravillosos de Lircay, fue el primero que llevó la pelota de cuero al pueblo y también los chimpunes y las camisetas a rayas.


(...) Y empezó al mediodía con el respectivo partido de fútbol entre Juventud Lircay y el clásico Lircay Sport. Ahora la marinera matizaba el ambiente mientras los cholos pateaban fuera del arco y grupo tras grupo consumían ingentes cantidades de cerveza, comentaba el locutor desde los micrófonos de la radio Siempre Viva, la Voz del Perú profundo, presente en los importantes acontecimientos de la patria chica donde se unen pequeños y grandes, pobres y ricos, profesionales y cachueleros, ricos y pobres para festejar la costumbre más antigua de nuestros pueblos, el anccosay, al son de wajras y cornetas entre las peñas y las quebradas, en los llanos y parajes se baila y se goza el santiago, por eso ahora vamos a escuchar a la Princesita de Llamaspata, acompañada por el arpista rompe cuerda Moshe Wanca en el santiago saca chispa."


de Qantu, flor y tormento (Lima, Ed. San Marcos 2004)


País nos sobra, busquémoslo. Viajando, leyendo, preguntando, escribiéndolo. No dejes que los 6-0 te convenzan que del Perú solo es válido largarse.

domingo, 8 de junio de 2008

Typical Peruvian











"- Quechua, los indígenas lo usan.
-¿Y quién te lo enseñó?
-Mmmmm, larga historia, peleé con Pancho Villa, varios de sus hombres lo hablaban..."




Bueno, a estas alturas del partido ya todos nos hemos enterado de las barbaridades de la taquillera película Indiana Jones y la calavera de cristal . Además de la hilarante referencia al quechua; por la película nos enteramos que la música popular peruana se parece sospechosamente a las rancheras mexicanas, Nazca queda al ladito del Cuzco e incluso tiene hasta aeropuerto. Además, siguiendo a Indy, en nuestra Amazonía podemos encontrar pirámides mayas a la más pura imitación de Chichén Itzá.

El volumen de falsedades, inventos y frivolités gratuitas ha sido tal que nuestro canciller ha aparecido en una entrevista huachafa recomendando que no veamos la película. También podía decir que los peruanos no viéramos tampoco los noticieros del canal siete, igual de falsos.

Algunos bloggers han hablado de la inmunidad del argumento: Las barbaridades son, en el fondo, el guión de un producto industrial que se comercializará por millones. Total, lo que aparece sobre el ecran es ficción. Cualquiera tiene derecho a hacerse pajazos públicos en nombre del cine. Además, el cine yanqui ha tratado la historia y la geografía como le ha dado su capital gana. Ellos pusieron a homos sapiens luchando contra dinosaurios en pleno Paleolítico, dibujó a los hacendados sureños de EEUU como amables caballeros bondadosos para con sus esclavos, pintó a los mexicanos como indios bárbaros incapaces de tomar una fortaleza tejana defendida por cincuenta gringos.

El cine comercial norteamericano ha sido uno de los grandes constructores de imágenes y estereotipos a nivel mundial: Para los yanquis, los españoles son un pueblo semianalfabeto y sucio que baila flamenco, los franceces unos presumidos inaguantables, los italianos unos erotómanos animales, los alemanes unos cabezas cuadradas, los rusos unas bestias barbudas (con razón abrazaron alguna vez el comunismo), los japoneses unos monos amarillos cuando van de militar y unos sirvientes obedientes cuando van de civil. Los judíos, aunque con sus rayaduras, eran un pueblo amigo. Los árabes, no importara la bandera, eran taimados traidores que solo pensaban en matar. Estereotipos que forman parte ya de nuestro sentido común de entrecasa y del volumen de prejuicios embutido en nuestro aprendizaje y del cual es muy difícil salir.

Por lo general, la cholósfera ha dicho que no hagamos tanta bulla. La vieja excusa vargallosiana: Es ficción!! Me puedo cagar en tu puta madre, pero no te preocupes, es ficción!! Es decir, la licencia literaria se transmuta fácilmente en patente de corso para caricaturizar, ridiculizar e insultar si tengo plata y me sale de las narices ¿Eiiinn?


Ese perdonavidas que la comunidad académica y devota de Hollywood propone es legítimo. Pero yo -aguafiestas impenitente- diría unas cosillas: ¿No cuentan las productoras con un asesor histórico para la película? (el mismo menda que aparece en los créditos) Imagino que el asesor o es un imbécil diplomado a sueldo rastrero de cualquier service o, en el mejor de los casos, un historiador que ve como el director tiene derecho a destrozar sus opiniones si le place (como en la célebre peli de Adam Alda). El cine yanqui, cumpliendo una vieja tradición, no es rigurosidad histórica y más bien plasmación de prejuicios colectivos. La industria cultural gringa no falsea la historia por ignorante inocencia, más bien construye el guión en función de intereses de audiencia. Así que, por mor del espectáculo, si hay que hacer añicos Machu Pichu, pues sea. El cine yanqui no trabaja ignorando la historia, sino manipula la historia (y la geografía) según sus metas empresariales. Que no pasa nada, miren la foto de acá abajo, así era la ciudad de Barranca en 1939 : Que los buenos poetas de dicha ciudad (que son bastantes) se manifiesten... (en la imagen, Sólo los ángeles tiene alas, de Howard Hawks)



El Perú, desde hace siglos, tiene una imagen exotista. No tanto por las ondas telúricas de los Andes como sí por cuatro avispados criollos que explotan hasta el cansancio la gallina de los huevos de oro del turismo: Machu Pichu como un santuario de energías positivas, Nazca como un cosmódromo intergaláctico, Marcahuasi mágico. Y agreguemos el ayahuasca, el san pedro y toda la ristra de esoterismo patrio con que encandilamos a los opulentos pazguatos nórdicos. Porque, cuando nos conviene, nos calzamos la Mascaipacha y valoramos teatralmente la herencia andina. Una herencia andina lejana. Cuando más lejana mejor, porque resulta conmovedor saber cómo queremos a los antiguos incas al tiempo que despreciamos a sus descendientes.

Entonces ¿De qué nos quejamos? Spielberg sólo colecciona las mentiras y exageraciones que inventamos sobre nuestra cultura. Si los peruanos no hemos sido suficientemente honestos con nosotros mismos ¿Por qué creer que los mercachifles extranjeros sí lo serán? ¿No ha sido Alejandro Toledo el primer mentiroso mostrándose como mono de circo en el humillante documental Royal Tour del canal Discovery? (Sí ,ese en que Toledo dice que los huanchaqueños practicaban el surf antes que los hawaianos o que los indios yaguas usan a las serpientes amazónicas como mascotas).

Así que los escritores, si quieren promover el turismo y las inversiones, sigan el ejemplo de Spielberg y llenemos de estereotipos nuestro país: Sacerdotes ciegos que te regalan amuletos con superpoderes, cuevas amazónicas de secretos otorongos con plumaje celeste, chakanas con símbolos mormones y una tribu perdida de incas ocultos en la Antártida. Total ¿Qué puede decir uno de algo que no conoce y, mucho menos, ame?


*El fotograma de "Barranca" del sugerente artículo del blog cinéfilo La soga.
*Una mayor profundización sobre el turismo, la marca país y la identidad peruana está en el quinto capítulo del tremendo volumen de ponencias Industrias culturales: máquinas de deseos en el mundo contemporáneo (Ed. López Maguiña, IEP 2007)