lunes, 18 de abril de 2011
LA QUEREMOS LEYENDO, NO TRABAJANDO

En el Perú trabajan tres millones de niños, niñas y adolescentes. Casi la mitad del total de peruanos y peruanas entre cinco y diecisiete años. Dicho en otras palabras, el Perú es un país donde se acostumbra que los niños trabajen, se les sobreexplote y maltrate: Niñas de ocho años como niñeras y trabajadoras domésticas, niños de diez años como cargadores en los mercados, adolescentes cobrando en las combis, de jaladoras en las tiendas, de meseras y lavaplatos en nuestros restaurantes. Y todos trabajando más de ocho horas o quemando sus fines de semana. Y por un salario miserable incluso para los estándares peruanos.
En un país donde casi las tres cuartas partes de la economía es informal, la demanda por trabajadores baratos, sumisos e indefensos es la norma. Nuestros emprendedores (esos héroes para nuestra clase dominante) se enriquecen a costa del trabajo infantil, muchas veces disfrazado de ayuda familiar, de favor de padrinos o de paternalismo local. Aparentemente, los emergentes de Arellano dan trabajo a los menores de edad necesitados. En la práctica se valen de gente que no cobra ningún tipo de seguro, a quienes puedes pagar lo que te dé la gana, alargarles el horario laboral arbitrariamente y gritarles a gusto. Osea, los niños.
Pero lo peor de esta explotación democratizada y de sabor nacional es que, a la larga, estamos dinamitando nuestro sistema educativo y nuestro futuro como país. Los millones de niños y adolescentes que trabajan en el Perú sencillamente no estudian, apenas tienen tiempo. ¿Puede usted imaginar cómo entenderá la clase de álgebra una niña que desde las cinco de la mañana está trabajando, cocinando y cuidando bebes hasta la una de la tarde? ¿Es de extrañar que los adolescentes se duerman en clase después de matar el resto del día vendiendo golosinas en la calle o madrugándose a las puertas de los macroconciertos alquilando llamadas de celular?
Nuestros hijos -en ese plan- no estudian, no aprenden, no leen. Ni siquiera juegan. Las pocas horas libres las ocupan con pura telebasura. El consumismo que pregonan los medios se convierte en su única actividad liberadora. La posibilidad de alumnos estudiosos y críticos solo existe entre los retoños de la clase dominante y las élites metropolitanas. Ese adolescente de la novela Templado -crítico, soñador y ávido lector- necesariamente es limeño, de sector acomodado y carísimo colegio privado.
¿Qué hacer? ¿Sentarse a esperar un cambio de gobierno o a que maduren las condiciones? Al margen de las coyunturas electorales, podemos hacer algo. Más aún si hablamos de un proceso de varios años, como es la Educación.
Este año me estoy embarcando en un pequeño proyecto para reflotar una biblioteca escolar en un colegio público de Pamplona. Es una biblioteca que ha estado cerrada por años y que la inercia administrativa convirtió casi en depósito. Servidor, estudiantes, el profesor de comunicación y la directora hemos iniciado la recuperación del local con una limpieza a fondo, levantando el polvo en todos los anaqueles, baldeando el piso con lejía y provocando un éxodo en masa de garrapatas y arañas. Pero eso no es ni la mitad de lo que hay que hacer (volver a reordenar los libros, clasificarlos, pedir donaciones, revisar los mapas y las láminas para repartirlos por las aulas). Lo real es que los propios alumnos ya han sugerido hacer sus tareas allí y esa biblioteca es un excelente local para los talleres de creación literaria.
En otro colegio de la misma zona estamos iniciando un proyecto distinto: Una campaña de promoción del buen trato entre los estudiantes (¿han oído hablar del bullying?) donde una de las dinámicas claves va a ser la promoción de la lectura por placer: Instalaremos pequeñas bibliotecas (libros de cuentos en su mayoría) en cada aula de sexto año de primaria para que los chicos puedan estar a sus anchas con la lectura.
No sé hasta donde lleguemos con estas iniciativas. Por lo general predomina el miedo a que los niños estropeen los libros o se los queden en sus casas, incluso sin leerlos. Pues mi peor miedo es que los libros se queden encerrados en baúles y cajas, lejos de circular entre sus verdaderos necesitados.
Lo fundamental es hacer de la lectura una estrategia silenciosa que combata el trabajo infantil y la incuria vital. En el fondo es una ventana que les abrimos a nuestros hermanos pequeños para que sepan que en el mundo tienen más cosas que una escuela ruinosa, una vivienda precaria y un trabajo explotador. La lectura hace aguza el ingenio, abre el apetito intelectual y te invita a soñar. Y soñar puede ser un primer paso a la libertad. Necesitamos hombres y mujeres libres, aunque tengan diez o quince años.
Quien quiera echarnos una mano donando libros o proponiendo ideas e iniciativas sobre lo mencionado no dude en escribirme. Y si prefieren una vía menos prosaica pero igual de efectiva, pásense por este link y colaboren: http://www.globalgiving.org/
Que a niñas como la de la foto, la queremos estudiando, no trabajando.
P.D. Aprovechamos la ocasión para saludar la valiosa iniciativa de un puñado de artistas solidarios por impulsar la biblioteca de un caserío en Cajamarca. ¿Un caserío? Sí pues, la tierra para quien la trabaja y la lectura para quien la necesita.
sábado, 12 de marzo de 2011
LA CARPETA VACÍA (Homenaje a Digna Santiago)
Se llamaba Digna. Digna Palmira Santiago Ojeda.
Tenía 16 años y este año terminaría el colegio. Era cuzqueña y empezó a trabajar desde los ocho años como niñera. Escribía poesía todos los días, versos con una ortografía espantosa pero llenos de intensidad y personalidad. ¡Quería ser educadora! Murió a principios de año, víctima de una enfermedad respiratoria perfectamente curable en otras sociedades, pero condenatoria en un país como éste, donde curarse cuesta mucho dinero y ni ella ni su familia lo tenían.
Fue la estudiante más entusiasta que tuve en el Taller de Creación Literaria que montamos en un colegio de Pamplona alta. Una auténtica poeta de raza que con su canto vencía todos los días a la pobreza y a la soledad. Hoy, su carpeta está vacía. Los colegios sin bibliotecas están más vacíos aún, los distritos sin centros culturales más vacíos todavía. Las calles y los parques sin poetas, vacíos todos. El Perú, con una poeta menos, resulta más eriazo, más páramo, más arenal.
Aquí les dejo algunos versos de Digna. Sirvan como homenaje y ejemplo de una hermana que quiso ser poeta en un país hermoso, injusto y cruel:
I
II
III
IV
V
VI
VII
Y despertaste. Descansa en paz, Digna.
jueves, 3 de marzo de 2011
EL VETO
Vargas Llosa ya no dialoga, dicta. Y sus apariciones públicas (más aún, ahora que empuña el estandarte del premio Nobel) son reiteradas apologías del Sistema. Por eso muchos intelectuales argentinos ven su presencia inaugural en la Feria como una ofensa a ellos mismos y los valores que defienden. Máxime si ese evento siempre ha sido inaugurado por algún escritor argentino y el hecho que el primer extranjero invitado a hacerlo sea éste, pues les ha sentado como una patada al hígado.
Sí, la libertad de expresión. Hay que recordar que la Feria del Libro de Buenos Aires no es un evento estatal sino privado (lo organizan una serie de organizaciones civiles) por lo que el gerente tiene todo el derecho del mundo de nombrar para el discurso de apertura a quien crea oportuno. En ese sentido no creo que la algarada de intelectuales porteños impida que Don Mario inaugure la Feria en Abril. Pero es importante destacar la repulsa de muchos escritores e intelectuales, repulsa que -estoy seguro- se repetirán en otros foros y espacios. Tenga uno su derecho a inaugurar el evento con su discurso y tengan los otros su derecho en criticar el acto.
Bueno, eso en Buenos Aires, donde la discusión parece darse en términos civilizados ¿Qué sucederá en nuestros pagos? Acá, seguramente, los discrepantes tendremos un linchamiento mediático a conciencia y una exclusión automática de varios foros. Por no hablar de intelectuales y escritores que -ya se ha vuelto costumbre- repten silenciosamente, se acomoden y hagan ejercicio de amnesia. Y acá no ha pasado nada.
¿Qué posibilidades de diálogo tenemos en el Perú? Muy poco. En la anterior coyuntura electoral, el miedo a Humala desempolvó malas conciencias en los poderes fácticos y mucho se habló -solamente se habló- de combatir la exclusión social. En el aburrido panorama electoral de hogaño, no hay debate porque a nadie parece interesarle debatir ideas. O a nadie parece interesarle la existencia de ideas. Cuando venga MVLL y nos recite las bondades del neoliberalismo y fustigue a colectivistas y anacrónicos; veremos el país dividido en un batallón de convencidos, áulicos y sobones por un lado, y los diversos colectivos discrepantes, más arrinconados, por el otro. Y al que menos le importe esa situación, posiblemente, sea a Vargas Llosa.
Así que, en aras del debate, les paso esta entrevista a uno de los peruanos más lúcidos que nos quedan. Gracias, de nada.
viernes, 31 de diciembre de 2010
PARTE DE FIN DE AÑO
Me hubiera gustado mucho dedicarles un post final de año nuevo o algo así, pero este año (que para un servidor no ha sido de los mejores) ha terminado complicando mi existencia. Me han detectado un quiste parasitario de origen canino en el hígado (los perros lamen sus heces y luego te lamen cariñosamente a tí, la infección más estúpida del mundo). De hecho el quiste lo tengo ya del tamaño de una pelota de baseball y no habrá más remedio que el quirúrgico. Tendré que hospitalizarme dentro de pocos días y Zeus dirá.
Un abrazo a todos
viernes, 10 de diciembre de 2010
TAN MODERNO (O TAN ANTIGUO) COMO ESTO. Reflexiones sobre el destino del blog
Hace algunos años escribí muy esperanzado acerca de las oportunidades del blog como un nuevo medio de comunicación/información/agitación/reflexión/crítica y etc. en este nuevo siglo que nos ha tocado vivir. Veía al blog como la oportunidad de mayor debate entre ciudadanos ilustrados, un espacio novísimo de produción cultural que podía romper con la cacofonía de los medios convencionales y convertise en una alternativa frente al lodazal que ha ahogado (casi) todo el perdiodismo peruano. Desde el 2005 descubría blog tras blog, ventana tras ventana, novedad tras novedad. ¡El ciberespacio era una tremenda mina!
Fue Aldo, un amigo que en esto de las tecnologías me lleva siglos de adelanto, quien intentó bajarme de la nube "Javier, es que tu lees solamente determinados blogs, que sí, que son muy buenos, pero si te fijaras en el conjunto...". Es decir, que los árboles me impedían ver el bosque. Un bosque no muy fascinante que digamos.
Pero servidor, terco como una mula koljosiana, mantuvo su interés en estas "nuevas generaciones que encuentran en este formato la mejor manera de expresarse públicamente" en esa voz "donde la información y la opinión no son dos entes necesariamente separados, lo académico coexiste con lo periodístico, el eruditismo especializado con la contracultura bizarra, los temas de actualidad con las obsesiones personales". Sí, por aquel entonces incluso estaba enamorado. Se notaba ¿no?
Así que una fría mañana de diciembre -sí, fría, ya el cambio climático había hecho mella en el tradicional verano limeño- del 2007 me lancé a la piscina y me puse a hacer mi blog. De todo ello, tres años ha.
Al principio todo estaba muy bien y yo mandando mis posts, feliz como un niño con zapatos nuevos. Sin embargo, no tardaron en llegar los problemas conforme la gente empezaba a leerlo. Intentanto al principio ser un diáfano manantial de tolerancia permití los comments ofensivos, los off-topics, los publicherrys, la guerra de bandas que asoló la cholósfera en el 2008, las reiteradas meteduras de pata propias de un novato como yo.
Sin embargo, lo que más me chocó fue darme cuenta que, detrás de todos esos fuegos de artificio neotecnológicos, seguían perviviendo los vicios peruanos de toda la vida: Las argollas -esa institución criolla tan arraigada en el país- traducidas en el mundo virtual como esas colleritas de bloggers con sus redes, plataformas, concursos y espacios propios; el autoritarismo ninguneador del más fuerte y del más pituco, el engreimiento infantil de la Academia, el alpinchismo de algunos sujetos que se pasean entre las redes como matoncitos de barrio.
No pienso dar nombres -no pienso señalar a nadie con el dedo en este post- pero ilustro mis descargos: ¿Qué ha sido lo peor? Ver la red como otro penoso remedo de La Rotonda de la Universidad Católica, con sus mismos grupitos y sus mismas querellas. Ver a esos profesores de no se qué en los Estados Unidos, acostumbrados no sé por qué a que le laman las pelotas desde el Perú, comportarse como energúmenos cuando alguien les cuestiona abiertamente sus puntos de vista. Ver a reconocidos hombres de letras y ciencias sociales, con más razones de seguir siendo amigos que de enemistarse, insultarse abiertamente por quítame estas pajas, arrojarse cubos de estiércol por disensiones bizantinas. Y claro, uno pasa por ahí y termina salpicado.
Aún así seguí, perdida ya mi virginidad virtual, porque en la red encuentras también muchas cosas sugerentes y tonificantes. Siempre encuentras temas que tratar, batallas que luchar y amigos a los cuales defender.
Sin embargo, tres años después, hay dos asuntos nuevos, distintos pero muy relacionados. El primero, el ocaso del blog, sepultado por las redes sociales, cada una más atractiva y nueva que la anterior. El segundo, el cansancio de autor.
El blog ha perdido protagonismo en la Red. El facebook, el twitter, el tuenti y los que vendrán se han convertido en los grandes espacios de re-encuentro virtual de los internautas, todos cansados quizá de leerse las paranoias y las fijaciones de sus amigos. El propio PC parece quedarse solo frente al boom de los servicios de celulares, blackberries y otros ingenios mucho más cercanos a la mano, mejor preparados para mensajes más cortos, información más rápida y entretenimiento más variado. El blog ha terminado convertido en un microuniverso (bastante más reducido de lo que era) de conocedores de humanidades, académicos, enteradillos, profesionales con internet en su oficina y universitarios con internet en casita. En estos vertiginosos días del nuevo siglo, el blog ha envejecido sin que nos enteráramos.
Y por otro lado, después de dos, tres años y más, uno siente que ha dicho demasiadas cosas, quizá demasiadas. El blog, en teoría, te marca un ritmo de producción que uno alegremente cumple al principio. Pero luego, porque todo se convierte inevitablemente en rutina, llega el también inevitable cansancio. No voy a mencionar a nadie -no pienso señalar a nadie con el dedo en este post- pero los frenéticos y, digamos, sinérgicos blogs periodísticos han ido languideciendo poco a poco bajo todo tipo de excusas ( trabajo en los medios convencionales que antes detestaban, merodeo en las universidades, el sueño del programa radial o televisivo propio) al punto que los blogs que antes incluso clavaban dos post diarios ahora mascan un abatimiento colgando un post cada semana (excepto cuando viene eso del blogday, aunque creo que esas fiestas ya perdieron el entusiasmo de antaño).
Y también está el evidente cansancio de alguien que siente que cada vez tiene menos cosas interesantes qué decir. Porque, a ver ¿Uno tiene que estar opinando compulsivamente frente a la inevitable cascada informativa? ¿Por qué tengo que dar mi parecer sobre Wikileaks si ya leí buenos artículos al respecto? ¿Estaba obligado a celebrar la histórica goleada del Barça al Real Madrid? (que lo celebré, sí, pero sin utilizar este blog para cebarme de los cráneos caídos, en fin) ¿Tengo que dar mi opinión sobre el discurso de Don Mario en Estocolmo? Ya he leido mejores links sobre el asunto.
Ese ruido internáutico de meter tu cuchara, intervenir porque tienes teclado y dártela de gran enterado es algo que no tiene que ver con los blogs. Es el típico pedante de oficina.
Pero en este viaje he descubierto motivos por los cuales hay que seguir leyendo blogs: Blogs de historia donde te cuentan sucesos fascinantes (pero reales), blogs que interpretan la sociedad contemporánea desde el ángulo de una subcultura pop, bellísimos blogs de música y blogs valientes que evidencian que aún, en este terrible mundo, se puede hacer un periodismo digno y libre.
La foto de arriba se ubica en esos otros momentos de vanguardia que tuvimos, la Era del Jazz y el desenfado: La orquesta de Percival Mackey, haciendo bailar a su señora esposa -Monti Ryan- por las azoteas del Londres de 1926. Frescura, alegría, aires de libertad. El blog es tan antiguo como esa foto (una alternativa superada y casi nostálgica de nuevas formas de comunicar). Pero también puede ser igual de moderno: Una expresión que no es lo que uno pensaba, pero que todavía no ha perdido los bríos de la rebeldía, la crítica y las ganas alegres de joder.
Apago las tres velitas de mi torta.
jueves, 7 de octubre de 2010
POR FIN

El Nobel para Vargas Llosa. Muchos creíamos que no viviríamos para verlo. Después de tantas decepciones y ciertas explicaciones que condenaban el otorgamiento del galardón a nuestro novelista, finalmente los suecos atracaron.
Y, en caliente, algunos comentarios.
Primero, la renuncia de Vargas Llosa a presidir la comisión del Museo de la Memoria acompañada de una tajante carta a Alan García fue un gol de media cancha para el particular partido que la nominación vargallosiana jugaba en Estocolmo. Ojo, no digo que esto fuera consciente y que la renuncia de Don Mario obedeciera a un vulgar y maquiavélico manejo instrumental. Sencillamente ese fue un gesto que lo honró frente al mundo entero e hizo que se ganara el reconocimiento incluso de sus adversarios. Algo totalmente distinto a sus broncas ideológicas con Günther Grass, de sus broncas menos prosaicas con Gabriel García Marquez, su declarada antipatía a los franceses, sus rabietas cuando tocaba jugar papeles incómodos (la campaña electoral contra Fujimori, su problemático sitio en el jurado del Festival de Venecia, etc.) o ese doctrinarismo neoliberal que llegaba a empachar de tanto repetirlo.
Segundo, el hecho que él haya cosechado el primer Nobel para el Perú significará una inyeción de tremenda autoestima para ciertos sectores del país. Mutatis mutandis, ha sido como cuando Machu Pichu fue selecionada para las nuevas maravillas del mundo. Son sectores que creen que el Perú marcha bien, esta creciendo económicamente y ha vuelto a posicionarse favorablemente en la escena internacional. La concesión del Nobel es otra medalla más a ese Perú que tiene los mejores paisajes del mundo, las mejores oportunidades para cualquier inversionista extranjero, los mejores índices de crecimiento en Latinoamérica y, claro está, la mejor cocina del planeta. Y ahora dirán por ahí, que encima tenemos la mejor literatura del continente...
Argumentos que, ustedes lo saben, discrepo y aborrezco puesto que ese discurso enmascara una realidad menos feliz: Somos el país con los mayores índices de desigualdad económica, el peor gasto social en Sudamérica, la mayor cantidad de horas extras no pagadas del mundo, una sonrojante tasa de desnutrición infantil y unos indicadores de comprensión lectora y razonamiento matemático que nos dejan en los sótanos de América Latina.
Y más de uno que lea este párrafo ya me estará llamando antiperuano, picón o resentido. Normal, en este país estamos acostumbrados a barrer las verdades debajo de nuestras alfombras.
Tercero, si en un ambiente tan dividido como fue el famoso Congreso de Narrativa de Madrid, todos los escritores (incluso los que se las daban de combativos, andinos y revolucionarios) se peleaban por tomarse la fotito con Vargas Llosa; ya pueden imaginarse ahora la cantidad de hombres de letras dentro y fuera del país (amén de ayayeros, ahijados y hueleguisos que nunca faltan en el Perú de hoy) que explotarán su cercanía (real, académica, ideológica) para promocionarse y darse humos. Vamos, que recomiendo separar toda una tribuna del Monumental de Lima para que quepan todos los que babean por retratarse con el que ya será considerado "El Peruano del Segundo Milenio". Y, como en el Perú no tenemos memoria y aquí no pasa nada, se repetirá esta foto.
Sin embargo, hay motivos por los cuales estoy muy feliz con el Nobel a Don Mario:
Posiblemente, a los jóvenes, les devuelva el gusto por la literatura y el placer de escribir. En un país donde la oralidad, la cultura audiovisual y las nuevas tecnologías han arrinconado a la palabra escrita; el Nobel servirá para devolver -aunque sea un poquillo- el prestigio perdido de este hermoso arte. Y, ojalá, ese gusto por las letras no siga atrapado en los círculos acomodados limeños y pueda romper las proverbiales barreras discriminatorias de este país, extendiéndose el cariño por los libros al interior del Perú. Ojalá los chicos de diversas provincias sigan apostando por ser escritores y que los escritores del interior tengan mayor audiencia (audiencia en sus lugares de origen, que ya sabemos que en Lima apenas si nos fijamos en ellos).
Y, finalmente, a ver si esta pueda ser una oportunidad en que los libros de Vargas Llosa se puedan vender a un precio ascequible. Libros legales, subvencionados por el sector público, pulcramente editados y que puedan competir contra la poderosa industria pirata patria. Que, estas chicas puedan adquirir una bonita edición de La Tía Julia y el Escribidor (con prólogo de Javier Ágreda) a tres solcitos o Conversación en la Catedral (con prólogo de Miguel Gutiérrez) a no más de cinco lucas. Al actual gobierno el gasto de esas iniciativas les costaría muchísimo menos que esa carísima y cosmética remodelación del Estadio Nacional, remodelación hecha para colmar la egolatría presidencial y para que Shakira tenga un escenario de presentación más chic.
Que Varguitas se ponga otra vez de moda, que las tribulaciones del Poeta se comenten en los colegios, que sin salir de aulas polvorientas y cerros arenosos viajemos al Alto Marañón, al barrio de La Gallinacera y a los sertones del nordeste brasileño. Y que en las universidades regresemos nuevamente a los debates (esa gimnasia intelectual tan abandonada en muchos claustros) acerca de esa contradictoria, atormentada y retorcida imagen del Perú que él dibujó en Lituma en los Andes.
Se acerca el Año Arguedas. Y será excitante que volvamos a leer lo que pensaba Don Mario del autor de Los Ríos Profundos. Que volvamos a confrontar dos maneras de sentir la literatura. Y, sobretodo, que estudiemos esas dos formas distintas -¿antagónicas?- de entender este país.
Este país que ahora celebra su primer Nobel.
Nota de la imagen: Así como muchos prefieren al joven Haya de la Torre, cuando era un "pichón de cóndor" (en palabras de Vallejo) antiimperialista y creyente de la revolución; yo prefiero el joven Varguitas que hacía mil oficios para mantener a su familia, quien pudo terminar sus primeras novelas gracias a los generosos adelantos de Carmen Balcells, que vivió esa época feliz del boom carteándose con toda una hermosa generación de escritores y que, rescatando del olvido a Carlos Oquendo de Amat, afirmaba una literatura comprometida con su tiempo y sus utopías:
Las mismas sociedades que exilaron y rechazaron al escritor, pueden pensar ahora que conviene asimilarlo, integrarlo, conferirle una especie de estatuto oficial. Es preciso, por eso, recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón del ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. Explicarles que no hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene más remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras, que irán de lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social (...) La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Semiologías Electorales: Reflexionando la Lima de hoy.
Aparentemente Lourdes es la candidata de las mayorías, exhibiendo su look chambero y esa parálisis facial que la cholifica. Susana, al contrario, es la señorona burguesa de las novelitas de Bryce, blanquiñosa, miraflorina de pro, con el insoportable buen rollito de las activistas de las ONG, barranquinamente culta y con esa risita limeña que tanto atormetaba a César Vallejo. Pero no solo los contenidos han sido disímiles para sus respectivos envoltorios, sino que gran parte de la opinión pública ha llegado a notarlo así. A descubrirlo así. O a inventarlo así.
Mentira, nos equivocamos (y yo el primero). La Lima chicha habita en nosotros.
viernes, 3 de septiembre de 2010
LA CIUDAD INCULTA
No, no me refiero a la Lima de las combis, ni a esa Lima que imaginan los guionistas de Al fondo hay sitio, ni siquiera a la Lima pituca de calles sin veredas con cinco centros comerciales y ninguna biblioteca. No, hablamos de una municipalidad que, en seis años de millonarios ingresos, apenas si ha invertido algo en el arte y la cultura.
Ya llegan las elecciones (Ja, ja, ja como cantaba Ruben Blades en Maestra Vida) y todos los ciudadanos tenemos que recibir diariamente una catarata de mentiras en forma de promesas electorales. Y los limeños en particular sufrimos más, teniendo en cuenta que esta ciudad está sometida a unos medios claramente censurados: los noticieros y periódicos –con muy pocas excepciones- se ocupan en un 90% de crónicas policiales y farándula. Para encontrar noticias sobre cultura, arte o derechos humanos hay que acudir a medios alternativos o semiclandestinos.
Lima es la ciudad que recauda la mayor cantidad de dinero por impuestos. La municipalidad de Lima es el consistorio más rico del Perú. ¿Puede uno deducir que, como consecuencia, es el municipio más culto de nuestro país?
No solamente no lo es sino que está bastante más atrás de otras ciudades que no cuentan ni con la centésima parte de dinero que maneja la capital. Y si hablamos de literatura, peor todavía.
En Huamachuco se decidió destinar el total de presupuesto participativo al sector cultura.
No quiero esconder las contradicciones, problemas, deficiencias e incluso taras que los municipios mencionados puedan tener. Ni tampoco decir que Castañeda no hace nada por la cultura: De hecho, en la web municipal de la gerencia de cultura (mucho más activa y actualizada que la que tenían hace dos años, cómo se nota que estamos en carrera electoral) uno puede ver varias iniciativas al respecto que realizan.
La cuestión es la paradoja de ver cómo en otras partes del Perú, sin los súper millones del presupuesto municipal limeño, se invierte en cultura mientras que la capital cree que cultura es organizar desfiles militares de escolares o macroconciertos de cumbia en
Se trata de voluntad política, de entender la cultura como una inversión y no como un gasto. Desgraciadamente, la inmensa mayoría de nuestra clase política todavía ve la cultura como un mero adorno, un decorado de quita y pon, algo bonito pero de lo cual se puede prescindir. En Lima, el alcalde -y posiblemente la mayoría de los limeños- consideran que más importante es una clínica de pago que una biblioteca gratuita, una autopista de tres carriles que un centro cultural para jóvenes. Nos hemos resignado a pagar para acceder a espacios que antes eran un derecho ciudadano (yo, hace algunos años, no pagaba un solo sol para entrar aquí o acá). Incluso creemos que lo gratuito, por serlo, ya es algo malo o sospechoso. Y que el sector público puede regalar cheques en la Teletón o cobrar peajes abusivos, pero nunca financiar escuelas de teatro, conservatorios o pinacotecas para todos los limeños.
Sí, la idea de combatir la delincuencia con cultura acá es recibida con desprecio e hilaridad, cuando en Medellín ha funcionado. La posibilidad de organizar orquestas sinfónicas juveniles para erradicar el pandillaje en Lima es percibida como una soberana tontería, cuando en otros países es algo asombrosamente normal. La cantidad de instituciones e iniciativas que gestionó la municipalidad de Curitiba para convertirse en la ciudad más ecológica de Sudamérica acá serían vistas como una tomadura de pelo.
Hoy los candidatos te prometen el oro y el morro (acá hay un excelente resúmen de sus propuestas electorales en política cultural) y a más de uno se le nota que miente descaradamente: Conchas acústicas en casi todos los distritos, red de gerentes culturales, premios literarios, escuelas de arte, una editorial municipal popular, etc. ¡es tan fácil hablar! Mientras tanto la ciudad intenta (sobre)vivir sin un museo de arte contemporáneo, con poquísimas bibliotecas públicas, con salas de teatro carísimas, parques enrejados, sin posibilidad de escuchar gratuitamente música sinfónica y cuya oferta cultural se reduce a la que buenamente nos dan algunas universidades y centros culturales de países extranjeros.
Eso sí, con cumbia gratis, fútbol para todos en la Plaza de Armas, fina telebasura y una prensa sensacionalista que se ha convertido en el principal menú cultural de limeño común y corriente. Lima es una inmensa combi en la que juntos enfilamos al abismo riendo, chupando, cantando, festejando.
Festejando no sé qué.






