
"...Soberbios, racistas, rateros, expansionistas, traidores, envidiosos, mentirosos, insolidarios, prepotentes, etc. Desde hace años, y en virtud de nuestras desdichas políticas, hemos construido desde los medios un referente de los chilenos que, si bien puede sonar a música para algunos oídos, no tiene nada que ver con la realidad. Entre la censura negociada de una teleserie chilena sobre la Guerra del Pacífico, la payasada de una modelo pintarrajeada en la Plaza Mayor de Lima y el polémico recital poético a bordo del Huascar; esta pequeña columna quiere combatir la miseria del antichilenismo..."
Así, hace más de dos años, empezaba una columna que escribí aquí cuando estábamos envueltos en otra de esas crisis -casi cíclicas, expresamente manidas- de las relaciones peruano chilenas con sus dosis de xenofobia, chauvinismo, ínfulas patrioteras, humor zafio y no poca huachafería. Y de todo un territorio digno de mucha mayor investigación y estudio por parte -por ejemplo- de Víctor Vich, a quien le he robado su célebre título.
Sí amigos, lo que han leido. Porque ¿Qué tiene de raro que Chile nos espíe? ¿Acaso no lo hacemos nosotros? ¿Qué creen que hacen nuestros servicios secretos del ejército o la marina de guerra?¿Se dedican solamente a chuponear a empresas por encargo? (bueno, tambiénnn, pero...).
A ver, para que no me malentiendan, les pongo un ejemplo: ¿Estados Unidos y la Unión Europa son aliados? pues sí ¿Entre los dos no celebraron el triunfo de la Guerra Fría? pues también ¿No son dos grandes socios económicos al más alto nivel? Obvio ¿No han firmado cantidad de acuerdos de defensa y de cooperación estratégica?Fijo ¿No comparten bases militares, unidades operativas y planes bélicos conjuntos desde hace casi medio siglo? por supuesto.
Entonces ¿Me pueden decir por qué sucedió esto en el mejor momento de las relaciones EEUU-Europa? Pues porque estas cosas pasan desde que el mundo es mundo.
Pero no, amigos. No he venido a aburrirlos con charlas de Realpolitik al tacu-tacu. Pero sí para comunicarles mi hastío frente a la miseria de antichilenismo que -como la sarampión- se apodera de buena parte de nuestros ciudadanos durante algunas semanas. Antichilenismo estéril no solamente porque casi siempre termina en palabras y gestos demagógicos, sino porque es una excelente cortina de humo para ocultar nuestros problemas internos: Más profundos, más graves, más urgentes y, por ende, más proclives a ser escondidos y manipulados. Antes, ya lo había dicho:
"Si se trata de buscarnos enemigos ahí tenemos a nuestra clase política que exculpa a genocidas, se emborracha con el dinero de los contribuyentes y se arrodilla servilmente ante los capitales extranjeros. Si buscamos desalmados a quien linchar vayamos a las mineras que contaminan nuestros ríos y envenenan nuestra cordillera. Si queremos decirle las verdades a alguien, allí está nuestro corrupto poder judicial. En todo ese espectro, y no sobre los chilenos, debemos poner nuestra atención. Nos perdamos el tiempo con enemigos imaginarios."
El antichilenismo de temporada, que corre profusamente por los albañales de la prensa peruana cada cierto tiempo (y en algunos, a cada rato, como el cáncer terminal); es otra jugarreta de la derecha peruana -y que siguen, lamentablemente, muchos sectores progresistas- para dejar de hablar de petroaudios, matanzas en la Amazonía, movimientos sociales o demandas sindicales.
Lo que yo quiero destacar es que en la historia hay casos de ejemplar colaboración entre peruanos y chilenos. Al margen de los grandazos, de los terratenientes, de los generales con el gatillo fácil; artistas e intelectuales peruanos y chilenos han demostrado que nuestro sino mutuo no es la desconfianza.
En 1932, cuando Sanchez Cerro encarcelaba, torturaba, desaparecía y fusilaba a comunistas y apristas, muchos de los perseguidos se fueron a Chile. Allí, con el Protocolo de Tacna y Arica todavía un poco caliente, los apristas peruanos (gran parte de ellos, revolucionarios y antiimperialistas confesos, a años luz de sus sucesores) aportaron con mucho al periodismo y la intelligentsia local. Manuel Seoane y Luis Alberto Sánchez lograron que Ercilla se convirtiera de una empresa editorial aventurera a la mejor revista político-cultural de Chile, amén de las mejores de Sudamérica. Allá reconocen la huella de ese aprismo primigenio y claramente de izquierdas en la consolidación del histórico Partido Socialista de Chile.
Pero quizá el ejemplo más revelador de esta neófita sinergia entre chilenos y peruanos estuvo en la residencia de nuestro Ciro Alegría en Chile. Él llegó a Santiago enfermo, solitario, golpeado y recién salido de las mazmorras del Estado peruano. Fue la solidaridad de bastantes amigos chilenos lo que hizo posible que nuestro insigne escritor tuviera tiempo, algo de salud y sobre todo euforia creativa para escribir dos éxitos literarios. Solidaridad de escritores que se repitió en la elaboración de El mundo es ancho y ajeno, cuando juntaron un pequeño estipendio para pagar a una secretaria que mecanografiara el futuro libro en tiempo récord para que alcanzara el plazo de convocatoria de Farrar and Rinehart. Una vez ganado el galardón, Alegría devolvió lo aportado por dichos amigos, agregando algo más para apoyar a un escritor chileno. Un ejemplo de solidaridad internacionalista francamente impensable en los tiempos de hoy.
Otro ejemplo de esa fraternidad entre hombres y mujeres de letras se dio cuando Pablo Neruda visitó el Perú. En 1943 Neruda ya era un apestado del servicio diplomático chileno, recibía una fuerte campaña en contra suya en la prensa mapochina, máxime cuando era un declarado defensor de la URSS y un poeta más que simpatizante con el frente comandado por el Partido Comunista chileno. En el Cuzco lo recibe Esteban Pavletich, en ese momento funcionario del gobierno pradista, pero connotado simpatizante de izquierdas y antiguo miembro del ejército popular nicaragüense de Sandino contra la intervención yanqui en 1928. Él lo lleva a la ciudadela de Machu Pichu. A él se le unen el poeta comunista Luis Nieto y el indigenista cuzqueño Uriel García. De esos días en la Ciudad Imperial surgió Alturas de Machu Pichu, para muchos el más logrado poema de su Canto General .
(Una reseña más completa sobre este viaje, la encontramos aquí.)
Una última relación, mucho más (post) moderna, es la praxis literaria de Roberto Bolaño, reconocido ya como uno de los más grandes escritores chilenos. Irreverente, anarco, perdedor; Bolaño escribió la magnífica Los Detectives Salvajes, posiblemente la mejor novela latinoamericana de los últimos 15 años. Allí Bolaño tiene unos capítulos dedicados a peruanos que no pierden sabrosura: La inventiva (muy ligada a la conchudez) de los causitas y patitas : Los peruanos pobres residentes en París, quienes en una buhardilla de la rue Passy fundan el Pueblo Joven Passy. La otra es la historia de un poeta peruano que simboliza la tragedia de intelectuales que muy alegremente optan por la izquierda para terminar desengañados, escépticos y enloquecidos dentro de las fauces de nuestra guerra interna. Veinte años después, un par de escritores peruanos hacen una parodia-homenaje a la novela desde las playas del norte peruano.
Bolaño es autor, además, de Monsieur Pain, una novela pequeña referida a los últimos días de César Vallejo. Algo a resaltar frente al azorado mutismo de nuestros escritores para tratar en sus obras a peruanos ilustres, despojados además de toda esa pátina de respetabilidad, adoración y sobonería ¿Qué escritores peruanos han narrado abierta, crítica y sandungueramente sobre Vallejo, Mariátegui, Haya de la Torre, Grau, Basadre? Pues de momento, sobre Vallejo, ha escrito un chileno.
Y no pasa nada. Muchos poetas jóvenes han ido estos últimos años a Chile y posiblemente de regreso se hayan traido la envidia de ver cómo tratan allá a sus escritores, en un universo de premios, becas y subvenciones bastante difícil de imaginar en el Perú. Quizá esos jóvenes poetas puedan ser quienes encabecen una nueva forma de entender las relaciones entre ciudadanos peruanos y chilenos. Quizá el asunto sea impulsar un espacio donde estudiantes, profesionales, intelectuales, artistas y científicos construyan un diálogo más vivo, más sincero y entre sectores sociales de ambas partes hartos ya de la demagogia chauvinista. ¿Utopías? No, si ya se está intentando.
¿O es que siempre las relaciones peruano chilenas tienen que ventilarse solamente entre militares, políticos y empresarios?
Bueno, ya lo dije todo. Ahora avisoro la lluvia de piedras sobre un servidor, bajo el estigma de ser un mal peruano.
A aquellos sujetos, les respondo con los versos de Boris Vian:
"Y dígale a los suyos
si vienen a buscarme
que pueden dispararme,
armado yo, no voy..."
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domingo, 22 de noviembre de 2009
EL CANÍBAL ES EL OTRO (Sobre todo si es chileno)
Publicado por
javier
en
21:39
5
piedras
Etiquetas: APRA, choledad, cultura popular, Cuzco, industrias culturales, política cultural
domingo, 2 de marzo de 2008
¡NO PASARÁN!
El centralismo criollo quiere conquistar Cuzco. Cuzco será la tumba del centralismo criollo.
(Como casi siempre lo ha sido, dicho sea de paso)
Lo mejor que ha hecho el gobierno para con el Cuzco es quitarle la sede del APEC (una carísima reunión de burócratas y patronales donde nos toca hacer de mayordomos). Lo mejor que hace Alan es denigrar y caricaturizar a los cuzqueños, reduciéndolos a un hatajo de violentistas y locos. Lo mejor del discurso del APRA quizá sea convertir al Cuzco en el antipaís del país oficial. Si los poderes hegemónicos sueñan con obligar a los cuzqueños a arrastrarse por las monedas de plata del turismo, lo tienen claro: La identidad regional enfrentará a la demagogia gubernamental, la energía local enfrentará a la rapiña internacional, ser del Cuzco terminará siendo ser más peruanos que nadie. La crítica cuzqueña al centralismo es algo más allá que manifestaciones y proclamas, se ha convertido en parte integrante de todo un epos que ya es un referente de otras formas de pensar y escribir sobre el Perú.
Cuzco también tiene grandeza literaria. Su singularidad cultural ha creado sus propios subgéneros y temáticas en su peculiar aventura de interpretar nuestro país a través de la Ciudad Imperial.
Es en Cuzco donde, por ejemplo, se ve con mayor intensidad el dilema de cómo compaginar tradición y modernidad. Así nos encontramos una narrativa que elabora una sinergia con la ciudad, donde hay un Cuzco inmanente e inexorable, que marca una personalidad literaria moderna, que encara sus momentos conflictivos y que, afirmándose, canta segura sus contradictorias y desafiantes raíces (Es el caso del gran poeta y narrador Enrique Rosas Paravicino en Ciudad apocalíptica, Libranco editores, Lima 1998).
Pero también tenemos Cuzco, después del amor (Peisa, Lima 2003)del afamado escritor Luis Nieto Degregori, donde se reflejan las disonancias de una ciudad otrora conservadora y estamental frente a la irrupción de la migración campesina por un lado y la presencia cada vez más hegemónica del turismo internacional. Hay un regusto de amargura bastante comprensible en una ciudad milenaria cuya presencia prehispánica es muy importante para entender esta región (dentro casco histórico y alrededores, rara es la edificación que no se levante sobre cimientos profesamente incaicos). La modernización de la urbe andina es una transformación real pero asimismo agresiva, foránea, irrespetuosa y fuera del control de los ciudadanos. Si en Lima lo que vemos es una andinización generalizada de la antigua capital criolla; en Cuzco, Puno o Huamanga es un proceso casi vengativo, donde se domeña y maltrata el rostro tradicional de la ciudad, cambia la vida cotidiana de la ciudad, se explota turísticamente la identidad original y se desconectan las antiguas exigencias telúricas y milenaristas. Nieto, como otros autores cuzqueños, nos habla de esa actitud incómoda (casi un desencanto) de la modernidad en el mundo andino. Modernización que, bien pudiera ser positiva y deseable, pero que casi siempre se ha manifestado como ajena y enajenante.
Pero, más allá de ese malestar sobre la modernidad, ésta da otros elementos de identidad regional concreta como la consolidación del bricherismo como temática de la literatura cuzqueña y la cultura popular en buena parte del país (Puno, Arequipa, Huaraz e incluso Trujillo). El brichero, posiblemente, sea el personaje literario –bastante más literario que real, según afirman muchos- más popular de la literatura peruana en los últimos años. Producto indirecto de la industria turística, estos andean lovers son reflejados en la narrativa de Mario Guevara y otros epígonos. En sus andanzas se dan la mano la picaresca como estilo, el acceso local al horizonte cosmopolita y una vía adicional a las sublimaciones sexuales tanto del autor como de los lectores.
La poesía cuzqueña es una gran desconocida en este país que nunca le ha dado a Raul Brozovich (1928-2006) el homenaje que se merecía. Por citar tres generaciones mencionaría la extraordinaria poesía de Ana Berta Vizcarra que mezcla vanguardismo, crítica social y erotismo ("Me gustan los duraznos/ como los hombres/ a veces/ tiernos maduros/ los tomo a placer/ dorados rojizos pardos") . O la poética política de Iván Yauri (sobre todo sus últimos poemarios Reapertura del sumario, Octubre sediciones, Cuzco 2007 y Viento de fuego, Editorial Hipocampo, Lima 2007) y su actitud bolchevique de poetizar la realidad injusta y hacerla crítica feroz “Demasiadas almas /les restan por salvar/ sobre los campos/ donde siempre la mies/ surtió tan abundante/ como las ratas” . O el caso de una multitud de jóvenes poetas, de quien solamente citamos a PávelUgarte, con versos de fuerte acervo metalero.
Y qué decir de Ángel Avendaño, patriarca de las letras cuzqueñas y referente de esa hermosa identidad que tiene el Cuzco (orgullo del pasado, crítica del presente y forjador de utopías para el futuro). En esa perspectiva tenemos también el caso de Karina Pacheco, sorprendente narradora en su celebrada novela La voluntad del molle (San Marcos, Lima 2006) donde varios de los dilemas arriba señalados se reproducen en clave familiar. Karina es más sorprendente si nos referimos a ella como antropóloga –una de las ciencias sociales más queridas por los cuzqueños- y leemos su producción. La diversidad oprimida: centralismo cultural y reivindicaciones excluyentes (INC, Cuzco 2006) es un ensayo premiado que critica el grosero contrabando de imágenes criollas que se autodenominan nacionales mientras mantienen, virtualmente y en la clandestinidad, las referencias andinas. Un ensayo en el cual, sin estridencias, dice verdades como un templo:
“…en un país que lastra un profundo y complejo racismo, el centralismo cultural constituye uno de los mayores mecanismos de discriminación étnica, territorial y sociocultural y de mantenimiento de profundas estructuras de poder y desigualdad socioeconómicas. Por ende, resulta uno de los grandes problemas que cabe superar si de verdad se pretende democratizar la sociedad. Y es que desde los principales sistemas de formación identitaria, como la escuela, el colegio o los símbolos patrios, así como desde los principales ejes formadores de opinión, como los medios de comunicación, de manera cotidiana se contribuye a la discriminación de aquello que no sea el modelo criollo y elitista de modernidad”.
Cuzco no es un lugar de resentidos o perdedores. Más bien es la tierra prometida de aquellos que creemos que otro país –y otro mundo- es posible. En ese sentido, y bajo la dirección de ese gran hombre de teatro que es Hugo Contreras, Cuzco albergará este año el VIII Encuentro Nacional de Escritores Manuel Jesús Baquerizo. Ojalá los búfalos apristas no lo prohíban.
Cuzco también tiene grandeza literaria. Su singularidad cultural ha creado sus propios subgéneros y temáticas en su peculiar aventura de interpretar nuestro país a través de la Ciudad Imperial.
Es en Cuzco donde, por ejemplo, se ve con mayor intensidad el dilema de cómo compaginar tradición y modernidad. Así nos encontramos una narrativa que elabora una sinergia con la ciudad, donde hay un Cuzco inmanente e inexorable, que marca una personalidad literaria moderna, que encara sus momentos conflictivos y que, afirmándose, canta segura sus contradictorias y desafiantes raíces (Es el caso del gran poeta y narrador Enrique Rosas Paravicino en Ciudad apocalíptica, Libranco editores, Lima 1998).
Pero también tenemos Cuzco, después del amor (Peisa, Lima 2003)del afamado escritor Luis Nieto Degregori, donde se reflejan las disonancias de una ciudad otrora conservadora y estamental frente a la irrupción de la migración campesina por un lado y la presencia cada vez más hegemónica del turismo internacional. Hay un regusto de amargura bastante comprensible en una ciudad milenaria cuya presencia prehispánica es muy importante para entender esta región (dentro casco histórico y alrededores, rara es la edificación que no se levante sobre cimientos profesamente incaicos). La modernización de la urbe andina es una transformación real pero asimismo agresiva, foránea, irrespetuosa y fuera del control de los ciudadanos. Si en Lima lo que vemos es una andinización generalizada de la antigua capital criolla; en Cuzco, Puno o Huamanga es un proceso casi vengativo, donde se domeña y maltrata el rostro tradicional de la ciudad, cambia la vida cotidiana de la ciudad, se explota turísticamente la identidad original y se desconectan las antiguas exigencias telúricas y milenaristas. Nieto, como otros autores cuzqueños, nos habla de esa actitud incómoda (casi un desencanto) de la modernidad en el mundo andino. Modernización que, bien pudiera ser positiva y deseable, pero que casi siempre se ha manifestado como ajena y enajenante.
Pero, más allá de ese malestar sobre la modernidad, ésta da otros elementos de identidad regional concreta como la consolidación del bricherismo como temática de la literatura cuzqueña y la cultura popular en buena parte del país (Puno, Arequipa, Huaraz e incluso Trujillo). El brichero, posiblemente, sea el personaje literario –bastante más literario que real, según afirman muchos- más popular de la literatura peruana en los últimos años. Producto indirecto de la industria turística, estos andean lovers son reflejados en la narrativa de Mario Guevara y otros epígonos. En sus andanzas se dan la mano la picaresca como estilo, el acceso local al horizonte cosmopolita y una vía adicional a las sublimaciones sexuales tanto del autor como de los lectores.
La poesía cuzqueña es una gran desconocida en este país que nunca le ha dado a Raul Brozovich (1928-2006) el homenaje que se merecía. Por citar tres generaciones mencionaría la extraordinaria poesía de Ana Berta Vizcarra que mezcla vanguardismo, crítica social y erotismo ("Me gustan los duraznos/ como los hombres/ a veces/ tiernos maduros/ los tomo a placer/ dorados rojizos pardos") . O la poética política de Iván Yauri (sobre todo sus últimos poemarios Reapertura del sumario, Octubre sediciones, Cuzco 2007 y Viento de fuego, Editorial Hipocampo, Lima 2007) y su actitud bolchevique de poetizar la realidad injusta y hacerla crítica feroz “Demasiadas almas /les restan por salvar/ sobre los campos/ donde siempre la mies/ surtió tan abundante/ como las ratas” . O el caso de una multitud de jóvenes poetas, de quien solamente citamos a PávelUgarte, con versos de fuerte acervo metalero.
Y qué decir de Ángel Avendaño, patriarca de las letras cuzqueñas y referente de esa hermosa identidad que tiene el Cuzco (orgullo del pasado, crítica del presente y forjador de utopías para el futuro). En esa perspectiva tenemos también el caso de Karina Pacheco, sorprendente narradora en su celebrada novela La voluntad del molle (San Marcos, Lima 2006) donde varios de los dilemas arriba señalados se reproducen en clave familiar. Karina es más sorprendente si nos referimos a ella como antropóloga –una de las ciencias sociales más queridas por los cuzqueños- y leemos su producción. La diversidad oprimida: centralismo cultural y reivindicaciones excluyentes (INC, Cuzco 2006) es un ensayo premiado que critica el grosero contrabando de imágenes criollas que se autodenominan nacionales mientras mantienen, virtualmente y en la clandestinidad, las referencias andinas. Un ensayo en el cual, sin estridencias, dice verdades como un templo:
“…en un país que lastra un profundo y complejo racismo, el centralismo cultural constituye uno de los mayores mecanismos de discriminación étnica, territorial y sociocultural y de mantenimiento de profundas estructuras de poder y desigualdad socioeconómicas. Por ende, resulta uno de los grandes problemas que cabe superar si de verdad se pretende democratizar la sociedad. Y es que desde los principales sistemas de formación identitaria, como la escuela, el colegio o los símbolos patrios, así como desde los principales ejes formadores de opinión, como los medios de comunicación, de manera cotidiana se contribuye a la discriminación de aquello que no sea el modelo criollo y elitista de modernidad”.
Cuzco no es un lugar de resentidos o perdedores. Más bien es la tierra prometida de aquellos que creemos que otro país –y otro mundo- es posible. En ese sentido, y bajo la dirección de ese gran hombre de teatro que es Hugo Contreras, Cuzco albergará este año el VIII Encuentro Nacional de Escritores Manuel Jesús Baquerizo. Ojalá los búfalos apristas no lo prohíban.
Que Alan haga de mesero en sus cumbres mundiales y nos grite que somos modernos y cosmopolitas porque construimos edificios de cincuenta pisos, profanando ruinas con sus columnas de acrílicos y sus luces de neón bamba. Acá en ell Cuzco nos proponemos otro país, otro liderazgo y otra promesa de auténtica y democrática felicidad.

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