viernes, 15 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en las Olimpiadas de Berlín (Cuarta parte)


La selección olímpica de futbol en el mismísimo estadio del Hertha. Foto cortesía de los amigos de Hualcara.



IV
Directo en directo, desde el Herthastadion, estimados radioescuchas...


Pese a los fastos de la inauguración y a la impecable organización que exhibía Berlín, las cosas no marchaban tan bien para Alemania. Saltó a la palestra el archiconocido escándalo del saludo nunca dado de Hitler al plusmarquista afroamericano Jesse Owens y su repentina fuga del Estadio Olímpico para no volver nunca más (aunque en los últimos años, varios han criticado este hecho como vulgar patraña). Los japoneses imponían su ley en natación y los húngaros hacían lo mismo en las carreras de fondo. En las competiciones de velocidad, la raza inferior (para los alemanes y también para buena parte de los norteamericanos) derrotaba ampliamente a sus competidores europeos. Se dieron casos tremendos como el del combinado alemán femenino del 4x100 lisos: Siendo favoritas totales, falló el último relevo, la posta cayó al suelo y canadienses, inglesas y yanquis se llevaron las medallas mientras las cuatro valquirias lloraban a moco tendido junto a la pista con una desesperación que seguro no repitieron ni cuando se enteraron del desastre de Stalingrado.

El colmo llegó por el lado menos esperado: El entrenador de la selección alemana de fútbol, ebrio de superioridad (y no sabemos si de otra cosa), mandó a que su equipo suplente jugara la ronda de cuartos ante la cenicienta del torneo, Noruega. Perdieron 2-0. Dicen que el entrenador, más tarde, terminó pegándose un tiro.

Y así, el único representante de la germanidad en el fútbol era Austria. Los austríacos estaban condenados a ganar.

Ante un lleno completo en el estadio del club Hertha, Perú y Austria se jugaron la eliminatoria. Loa austríacos empezaron el partido como una máquina. Y así, avasallando, ganaban 2-0 al terminar el primer tiempo. Disciplina, juego vertical, no poca fuerza bruta y cierta complicidad arbitral eran las herramientas de los austríacos. Éstos habían dejado fuera de la convocatoria al gran Matías Sindelar, el Mozart del fútbol, presuntamente por su edad y su trayectoria de futbolista profesional. Aunque habría que mencionar que Sindelar, el más importante jugador de Austria era, entre otras cosas, un genuino ciudadano vienés, antifascista, judío y muy popular en la capital austríaca.

Austria ganaba pero los peruanos seguían tocando y esquivando los guadañazos arteros de los defensas. La agresividad de los austríacos jugó en contra cuando los nuestros lesionaron al faulero de Laudon, quien casi no pudo jugar la segunda parte (recordemos que en aquellos años no existían cambios durante el juego). Asimismo la holgura del marcador perdió a los favoritos: Se confiaron y en un pis pas los peruanos empatamos guapamente. Como en los grandes partidos, el árbitro se inventó un penal en los últimos minutos, penal que el Mago Valdivieso atajó para el entusiasmo de un público que casi no podía quedarse quieto en sus asientos. Terminó el match y, dado el empate, se jugaría la prórroga. Las tribunas chillaban. Se notaba que hacía rato no veían un fútbol de tanta calidad.

Uno creería que el tiempo suplementario beneficiaría a Austria por eso de la preparación física y la superioridad de unos jugadores bastante mejor alimentados que sus rivales. Pero fue exactamente al contrario.

Los peruanos, al ser Fattys Arbuckles jugando al fútbol, estaban acostumbrados a jugar sin reloj, hasta la puesta del sol. Sin mencionar a los más bohemios, que no les importaba disputar partidos oficiales estando enfermos, resaqueados o directamente borrachos. El colmo se daba entre los seleccionados que jugaban en el popular club del Alianza Lima: Los fines de semana jugaban la liga para el equipo blanquiazul y, dos horas después, se iban a un canchón de Lince a jugar otro partido -igual de intenso- vistiendo la camiseta de Los Íntimos, un equipo de barrio con el que se sacaban un extra monetario. Y si ganaban, festejaban hasta el día siguiente. Curiosamente, la mejor disciplina para los peruanos llegó a ser la ausencia total de disciplina.

En el tiempo suplementario los peruanos llegaron a perforar hasta tres veces el arco austríaco, pero el árbitro anulaba los tantos muerto de miedo del desenlace. Finalmente se rindió a la realidad, Perú metió dos goles (el último de Lolo, de un tiro libre que se coló por la cruceta) y el partido resultó con la victoria chola por 4-2.

El público, mismo Evasión o victoria, invadió la cancha jubiloso y festejando la proeza (y, posiblemente, riéndose en la cara de los perdedores). No queda claro si el árbitro llegó a pitar la reanudación y final del partido. Entre la alegría general, a Jules Rimet -el presidente de la FIFA y espectador de lujo- no le quedó otra que felicitar en la cancha a los jugadores peruanos (dado que él era un enemigo declarado de los intereses sudamericanos en el fútbol). Caía la anaranjada tarde berlinesa y los peruanos se sentían campeones. Ya estaban en las semifinales.

El partido se retransmitió en directo a Lima, llegando a las radios peruanas con cerca de cinco minutos de retraso de entonces. Toda la ciudad festejó la hazaña: Hasta hace pocos años, argentinos y uruguayos ganaban a los equipos peruanos caminando; ahora el seleccionado inca se medía entre lo mejorcito de Europa. Y sí, éramos los representantes del fútbol sudamericano en los Juegos, el resto de los semifinalistas lo conformaban Italia, Polonia (con quien nos tocaría enfrentarnos) y Noruega. Estaba chupado llegar al podio.




Aquisito, la fotito de la selección olímpica de baloncesto con el uniforme de rigor. También se sintieron medallistas.

Aquí, con cierto tufo fascista, los Juegos a cholocolor.




5 comentarios:

Metete, nariz de chisguete dijo...

Berlín 36. Un mito derrumbado

Abajo lo ìdolos.

javier dijo...

Paciencia Metete, espere a que llegue al final de esta historia.

Y, por supuesto, abajo los ídolos.

Que vivan los hombres de carne y hueso.

Anónimo dijo...

Ese Iván Thays acusa de terrorista a su "amigo" Ybarra, y Ud. no dice nada. Dónde está el socialismo y la solidaridad de clase.

Concecuencia señor

atentamente,

Héctor Rojas

javier dijo...

Tenga usted también paciencia.

Además Ybarra se sabe defender solo muy bien.

Leonardo dijo...

En verdad que sí fue una historia de película.