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sábado, 21 de julio de 2012

CHIMBOTE EN LA LITERATURA PERUANA (y seguimos hurgando en la insoportable levedad del ser peruanos)


Lima, siempre Lima. La eterna cantaleta del centralismo de la capital y su visión paternalista sobre el resto de las regiones del Perú. En Lima nos lo tomamos a la ligera, pero –hablando en plata- el centralismo limeño ha sido una maldición para el Perú. Países tan cercanos como Bolivia y Ecuador tienen en sus ciudades igual o más protagonismo cultural que la capital. En México, Guadalajara o Monterrey  se destacan en producción cultural o científica por encima del Distrito Federal. En Alemania hay no menos de una treintena de ciudades de trayectoria estelar en diversas disciplinas o temáticas. Incluso en un país “en vías de subdesarrollo” como lo es  el ahora agónico Estado español, hay varias ciudades que en propuestas culturales  rompen la dicotomía Madrid- Barcelona como Gijón y su relación con la novela negra, Valencia como referencia del arte contemporáneo, Bilbao y sus propuestas de desarrollo sostenible en una ciudad degradada por el industrialismo de dos siglos. Incluso ciudades pequeñas como Mérida, Valladolid o Cáceres se hacen un sitio en el año como impulsores de festivales artísticos internacionales de bastante calidad sea en teatro, cine o música.

He hecho este rodeo para remachar  nuestro anacrónico y perverso centralismo. Centralismo que nos dice que acá en la capital se cocina la sustancia de la inteligencia nacional y que del resto del país apenas se consignarán aportes y complementos (generalmente turísticos y folklóricos).

Y no es así.

En muchos posts yo ya les he informado de la activa vida cultural que hay fuera de Lima. Su lado más visible es la saludable proliferación de Ferias del Libro en distintas regiones, destacando las que se realizan en Trujillo o Huancayo. Pero el otro lado, el más negado, es el de las propuestas y prácticas culturales renovadoras en las letras peruanas. Y Chimbote es una de ellas.

Chimbote -en el imaginario nacional alimentado por cuatro décadas de racismo mediático- aparece como un inmenso pueblo joven, apestoso a más no poder, lleno de cholos imberbes que llegaron buscando el dinero fácil de la pesquería. Un auténtico pandemónium urbano, canon de la informalidad y meca del ignorante con plata. Nadie se imagina en Lima a Chimbote como un faro cultural.

Y, sin embargo, lo es.

Arguedas, nuestro gran pionero, lo vio. Llegó a la bahía y observó lo que los ojos limeños nunca captaban: La diversidad, la magia de la interculturalidad, las potencialidades de los pueblos emergentes, vivos, creadores. Para Arguedas, el futuro del país no se delineaba en la capital, lo hacía en Chimbote, allí se fraguaba el gran experimento de un nuevo crisol de prácticas, de cotidianidades, de culturas.

No me voy a demorar en glosar el aporte de Chimbote a la cultura, apenas cito: desde la formidable producción del grupo Isla Blanca o la originalidad poética del vate Juan Ojeda hasta las iniciativas literarias y editoriales de Jaime Guzmán Aranda, Augusto Rubio y Ricardo Ayllón. De la vigorosa poesía de Enrique Tamay e Italo Morales a la memorabilia narrativa de Miguel Rodríguez Liñán y Braulio Muñoz. Una ciudad donde todavía los recitales de poesía tienen un público masivo y fiel, donde la presentación de un libro se da desfilando por las calles con banda de música o haciendo performance en un burdel. Una ciudad con una variedad revistas de poesía, con programas de radio sobre literatura, una feria del libro consolidada, bastantes (demasiadas) universidades y que cuenta con propuestas innovadoras en políticas culturales sobre el accionar editorial y el uso de las nuevas tecnologías en promoción cultural. ¿No me crees? Ve a Chimbote.

Pero, por encima de todo, está el ascenso y la merecida premiación del escritor Fernando Cueto. Ex policía y (espero) ex abogado, Fernando Cueto se  tiró de bruces a la piscina de la literatura. Se ha convertido en el gran narrador de Chimbote, interpretando su memoria, recreándola y convirtiéndola en parte de nuestra historia: Lancha Varada (Rio Santa Editores, Chimbote 2005) un canto a las promesas truncadas de adolescentes que soñaban con cambiar sus vidas y las de su país. Llora Corazón (Rio Santa editores, Chimbote 2006) que es, sencillamente, la novela de Chimbote: donde nos regala la rica y contundente polifonía de los diversos sujetos que forman parte de una cultura popular que terminará expandiéndose por todo el país. Dio el salto al escribir Días de fuego (Rio Santa/San Marcos, Lima 2008) una novela sobre nuestra guerra interna contada (supongo/imagino) desde su experiencia de suboficial de la entonces Policía de Investigaciones del Perú, una novela –ojo, ojito- nada patriotera ni corporativa, más bien crítica y que nos propone otra visión (inevitable) de nuestra guerra civil. Cueto ha sido galardonado por el prestigioso Premio Copé 2011 de novela por Ese camino existe, una novela dedicada nuevamente al conflicto armado interno y, qué bacán, es la respuesta (otra más, porque hay varias) de esa  otra parte del país frente al discurso tradicional de una literatura mediática capitalina que ha agotado sus recursos frente a un tema que (con excepciones) siempre le ha parecido distante y ajeno.

Fernando Cueto estará este lunes 23 de julio a las 5:30 en la Feria Internacional del Libro en una mesa donde conversaremos sobre Chimbote en la literatura social y política peruana. Allí ustedes podrán bombardearnos sobre todo lo que se les ocurra sobre el tema. Sigo viendo a Chimbote como ese pulmón cultural que siempre nos dice algo. Quien no esté de acuerdo, que venga y nos plantee sus razones.

De momento, y como cualquier futbolero literario, solo me queda decir ¡¡Chimbote corazón!!


jueves, 6 de agosto de 2009

ODIOSAS COMPARACIONES. Dos aniversarios, dos maneras de recordar a los grandes escritores


Éste es el año del Centenario del nacimiento de Ciro Alegría en el Perú y es el año del Bicentenario del nacimiento de Nicolás Gógol en Rusia. Hablamos de pesos pesados: Ciro Alegría es todo un referente en la literatura peruana del siglo XX, a Gógol se le considera uno de los fundadores de la narrativa rusa. El mundo es ancho y ajeno y Almas Muertas son dos clásicos de la literatura universal.

Y sin embargo, a ambos se les rinde homenaje de forma distinta.

Para empezar, a Gógol no solamente lo conmemoran los rusos. Ucrania (Gógol nació en la aldea ucraniana de Soróchintsi) le disputa a Rusia el patrimonio del escritor y ambos países se han enzarzado en una curiosa competencia a ver quien lo festeja mejor.

En Rusia los actos del Bicentenario incluyen múltiples interpretaciones y adaptaciones en teatro, radio y televisión de sus célebres cuentos La Nariz, El Capote y la aún vigente sátira teatral El Inspector. Se ha exhibido una carísima versión cinematográfica de Taras Bulba. El canal Kultura está emitiendo toda una batería de documentales sobre la biografía de Gógol (a cargo del gran gogólogo por excelencia Igor Zolotusski) y se han tirado ediciones especiales de sus obras (abundan las ilustradas). Además, el Museo de Historia de Moscú inauguró una exposición temporal con objetos personales del autor y numerosos escritos y originales. No falta la inevitable estatua (levantada en el bulevar Nikitski, junto a la casa donde murió Gógol) ni las monedas conmemorativas. Claro, esto no es nada comprarado con lo que hicieron en 1999 para celebrar el Bicentenario de Pushkin, donde tiraron la casa por la ventana, casi literalmente.

Mientras tanto, en Ucrania, no se ahorran conferencias con numerosos escritores e intelectuales, se les ha dado lustre a los tres museos dedicados a Gógol y se ha editado en Kiev la primera edición en ruso y en ucraniano de sus obras completas. Allí hay todo un movimiento reivindicador de Gógol como escitor ucraniano.

¿Y en el Perú? En marzo, la viuda de Ciro Alegría comunicó a los medios que el gobierno, el Estado y la Municipalidad de Lima se iban a comprometer en el año del Centenario del escritor: actividades conmemorativas durante todo el 2009, la creación de una Casa de la Cultura Ciro Alegría, de una Fundación, de la posibilidad que una editorial española reimprimiera sus obras, hasta una placita en Surco con su busto.... Que yo sepa, lo único que hemos visto ha sido un acto celebratorio del malhadado Congreso de la República (sí, el mismo que hizo también esto) y nada más. En San Marcos, como mucho, un coloquio internacional de crítica literaria le dedicó una de sus mesas.

Luego nada. Ni Fundación, ni Casa de la Cultura, ni reimpresiones especiales de sus obras, ni documentales, ni museos, ni una miserable estampilla ni nada. El gobierno está muy ocupado en coimear y esconder sus matanzas, la Municipalidad solo piensa en cemento y en la próxima coyuntura electoral. Ni el Ministerio de Educación ni mucho menos el INC han hecho algo para que nos enteremos que este es el Año del Centenario de Ciro Alegría.

Odiosas comparaciones: mientras que en Rusia y Ucrania homenajean a su Gógol hasta el cansancio, en el Perú tratamos a nuestro Ciro Alegría como un escritor de segunda categoría.

Y no solamente es asunto del Estado. Muchas instituciones y personalidades del mundo de la cultura no han dicho esta boca es mía. Ciro Alegría ha pasado de puntillas por la última Feria del Libro (¡QUE DEBIERA HABER LLEVADO SU NOMBRE, QUE SON CIEN AÑOS, CARACHO!). Las universidades tampoco se han movido lo suficiente (y la mayoría, ni se ha movido). Ni siquiera las promociones de los colegios, asociaciones, institutos y tantas organizaciones de la sociedad civil que llevan el nombre del escritor, han asumido la seriedad que significa celebrar un centenario.

A ver, yo no soy de los que endiosan escritores y mucho menos voy a poner al autor de Los perros hambrientos en un sanctosantórum. Pero, oigan, es bien triste ver como otras sociedades quieren a sus escritores, los leen y mantienen vivo su legado y testimonio; mientras que nosotros estamos volviéndonos desmemoriados, casi amnésicos, pusilánimes y triviales ¿Cien años de Ciro Alegría? Ah, bonito, sí ¿y? ¿Pasa algo?

Es signo de los tiempos. Como lo señalé hace unos meses, las élites limeñas están volviendo a rediseñar nuestra imagen de país, están volviendo a escribir nuestra historia y están reconstruyendo nuestro canon literario. En esa empresa de apropiación y reconfiguración de lo que supuestamente fuimos y supuestamente somos, Ciro Alegría no tiene mucho sitio, como tampoco lo parece tener el arcaico Arguedas (ojo, en diciembre se cumplen 40 años de su muerte) ni mucho menos la profusa literatura amazónica del último cuarto de siglo. A Vallejo se le tolera por su "experimentalismo poético" y su gancho internacional, aunque se le ha cercenado cualquier alusión a su ideología o a su praxis política. Vargas Vicuña no existe, Scorza es bizarrito, el Grupo Narración es sólo intrusismo político en la literatura, los narradores de los ochenta fueron unos fracasados y la actual literatura andina sólo es un invento más del resentimiento nacional. Eso es, más o menos, lo que se les van a enseñar a los adolescentes y jóvenes peruanos dentro de muy poco, si es que no cambian las cosas.

La manera vergonzosa como malcelebramos el Centenario de Ciro Alegría es un ejemplo de los nuevos y tristes derroteros hacia donde va nuestra cultura. Ahora que nos regodeamos de las victorias del pisco peruano sobre el chileno, valdría la pena saber cómo ellos celebraron en el 2004 el Centenario de Pablo Neruda.

Otra odiosa comparación.


P.D. Todavía estamos a tiempo, el VIII Encuentro Nacional de Escritores Jesús Manuel Baquerizo va a homenajear como se debe a Ciro Alegría en Huamachuco. Y, al parecer, se realizarán sendos encuentros de narradores con su nombre en Trujillo y Cajamarca. Aún así, creo que no es suficiente. Perdonen mi pesimismo.

martes, 7 de julio de 2009

UN AÑO MÁS...



VIII ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES
“MANUEL JESÚS BAQUERIZO”

Huamachuco, 28-31 de octubre de 2009


CONVOCATORIA

Una preocupación permanente de los lectores y trabajadores de la literatura es la existencia de una visión hegemónica, sesgada y unilateral de la producción literaria en el país, distante del curso real, diverso y multinacional que ésta tiene. Tal constatación conlleva a desplegar un esfuerzo colectivo que se proponga aportar sustantivamente en la tarea de develar el rostro real de la creación literaria y la reflexión teórica y crítica en nuestro país.

El VIII Encuentro Nacional de Escritores “Manuel Jesús Baquerizo” es un espacio orgánico cultural que reunirá de la manera más amplia posible a todos los escritores, investigadores, docentes, estudiantes, editores y promotores, residentes en el país o en el extranjero, interesados en revalorar y confrontar la trascendencia de la obra literaria de Ciro Alegría, cuyo centenario se celebra este año, así como en desarrollar una relectura democrática de la cultura y la sociedad peruana desde el ámbito de la literatura. A esta labor el maestro Baquerizo entregó a lo largo de décadas sus mejores esfuerzos.

En este sentido, convocamos a los creadores, estudiosos, editores y promotores a participar en el VIII Encuentro Nacional de Escritores «Manuel Jesús Baquerizo», de manera individual o colectiva, presentando sus ponencias sobre los puntos del temario indicado, desde sus experiencias y enfoques particulares, con el único requisito del rigor y la seriedad necesarios.El VIII Encuentro Nacional de Escritores, de esta manera, está llamado a convertirse en un escenario de diálogo, debate y divulgación de ideas y propuestas, y al mismo tiempo un escenario en donde los trabajadores de la literatura se hermanen, unan voluntades y fortalezcan planteamientos.


El certamen está dirigido igualmente al público en general: estudiantes, profesores, lectores, así como exponentes de las diversas expresiones artísticas y quehaceres culturales.

TEMARIO:

-Ciro Alegría, vida y obra literaria en su Centenario. Trascendencia, significación y estudios literarios sobre sus obras.
-Manuel Jesús Baquerizo. Vida y trascendencia de su obra
-Huamachuco en la literatura peruana. Autores, influencia, perspectivas.
-Literatura peruana en el contexto de la globalización.
-Literaturas regionales. Literaturas andinas y amazónicas. Literaturas orales.
-Poesía, narrativa y teatro peruanos: Tendencias y perspectivas
-El rol del escritor en el contexto de la realidad nacional.
-Literatura infantil y juvenil. Literatura y educación. Plan lector.
-El libro y la lectura. La producción y difusión editorial en el Perú.

ACTIVIDADES:
1. Ponencias:

• Resúmenes:
Los resúmenes o abstract de ponencias deberán ser enviados vía correo electrónico hasta el 30 de agosto de 2009. Las fechas son impostergables. Las propuestas incluirán el título, el resumen de la ponencia (máximo 250 palabras, formato Word) y el nombre y/o filiación institucional del / la ponente. Serán bienvenidas las ponencias del extranjero y quien lo sustente será merecedor de una invitación especial y algunas facilidades adicionales.

Revisión: Los resúmenes de ponencias serán revisados y aprobados por el Comité Académico del Congreso. El resultado se hará llegar a sus respectivos correos y se difundirá en el blog del evento a partir del 16 de setiembre del 2009.

• Ponencias:
Las ponencias completas deberán ser enviadas en archivo Word (para la publicación de las memorias) antes del 30 de septiembre de 2009 a fin de que sus autores sean considerados Invitados de Honor con los beneficios de pago de estadía (Incluye alojamiento y alimentación durante el Encuentro, no así el transporte desde sus ciudades o países, en el caso de participantes extranjeros). El expositor utilizará 20 minutos para dar lectura a su ponencia. Se respetará el orden de llegada y fecha de envío de las ponencias (acuse de recibo a través del mail). El Comité Académico seleccionará las ponencias para su publicación.

• Consultas y envíos de resúmenes y ponencias:
Email: ponenciashuamachuco@gmail.com
Web: http://viiibaquerizo.blogspot.com/


2. Mesas de debate: Serán constituidas por 4 escritores y abordarán los diversos puntos del temario.

3. Plenaria de escritores. Durante el VIII Encuentro se realizará la Plenaria del Gremio de Escritores del Perú, con el objetivo de elegir el nuevo Consejo Directivo nacional y sancionar la sede del IX Encuentro.

4. Lecturas y presentaciones de libros: Se organizarán mesas de lectura conformadas por escritores previamente inscritos y calificados por la comisión organizadora. La presentación de libros se solicitará por email a partir del 16 de setiembre del 2009 y se acompañará 4 ejemplares, alcanzados a la Comisión (Biblioteca Pública de Sartimbamba, de Huamachuco, de la Asociación de Escritores “Ciro Alegría” y del Gremio de Escritores del Perú). La comisión organizadora, por su parte, podrá programar la presentación de obras literarias que considere de trascendencia. En cualquier caso, los libros a presentarse deben haber sido editados este año.

5. Conferencias magistrales: Estarán a cargo de reconocidos escritores invitados por la Comisión Organizadora.

6. Conferencias en instituciones educativas y gremiales: Se programará lecturas y conversatorios en Instituciones Educativas, Rondas Campesinas, Juntas Vecinales.

7. Exposición-venta de libros: Durante el Encuentro podrán participar en la exposición-venta de libros, los autores, promotores y editoriales, sin ninguna restricción, de acuerdo a lo establecido para tal efecto por la Comisión Organizadora.

8. Actividades culturales: Se programará eventos donde la ciudad de Huamachuco, muestre su identidad cultural en sus diversas formas de expresión: danzas, música, recitales. Habrá además exposiciones fotográficas, bibliográficas, etc.

9. Tour turístico: Paseo de confraternidad de los escritores asistentes.

10. Distinciones y certificación: La Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión, a través de la Asociación de Escritores “Ciro Alegría” y de la Comisión del Centenario del Nacimiento de Ciro Alegría, así como el Gremio de Escritores del Perú, entregarán distinciones y certificados a los asistentes.

INSCRIPCIÓN:
Inscripción (incluye certificación)
-Público en general: S/. 10.00
-Estudiantes: S/. 5.00
Alojamiento y alimentación :
-Público en general (3 días): S/. 50.00
Informes e inscripción:
lucio555@gmail.com
gremio_de_escritores@yahoo.es
Cel. 044-949217422
Telfs.: 044-505774 / 01-4267268 / 01-4725182

AUSPICIO:
Municipalidad Provincial de Sánchez Carrión

domingo, 11 de enero de 2009

UN FIN DE SEMANA CON LUIS PARDO (Postales en Chiquián)

Fotograma de la película Luis Pardo (1927) dirigida por Luis Cornejo Villanueva


Para quienes no lo saben, se ha cumplido un siglo desde que las fuerzas de seguridad del Perú, acompañadas de las mesnadas del lugar, cercaran y dieran muerte a Luis Pardo, el legendario bandolero ancashino a quien la memoria convirtió en un héroe popular. Luis Pardo ha sido merecedor de varias canciones y huaynos, se rodó una película sobre él, se han hecho varias obras de teatro sobre su vida, ha recibido la atención de historiadores y antropólogos, le han dedicado infinidad de poemas y cada año, indefectiblemente, se suman a su leyenda, más testimonios, anecdotarios y homenajes. Luis Pardo, a cien años de su muerte, ha dejado de ser un personaje histórico para convertirse en una suerte de inkarrí laico, de paladín social, de vengador justiciero y arquetipo de la imagen de hombre libre y fraterno con los pobres. Una suerte de Emiliano Zapata de los Andes sin revolución.


Grupo de escritores arribando al Encuentro de Escritores Ancashinos. Chiquián, 3 de enero del 2009. (Foto de Ricardo Virhuez)


Para tan magna conmemoración, la Asociación de Escritores y Poetas de Ancash –con el decidido apoyo de la municipalidad provincial de Chiquián- organizó un encuentro de tres días en la villa de Chiquián, que incluyó dos días de ponencias y presentaciones de libros, un sinfín de actos culturales y una romería final a la tumba de Luis Pardo. Casi setenta ponencias expuestas ante un auditorio repleto, cerca de una veintena de libros presentados, una decena de actividades culturales que abarcaron desde la canción al video, pasando por el teatro. Todo en honor al gran héroe de Chiquián. Aquí algunas postales.

Única foto frontal de Luis Pardo, publicada años después de su muerte en la Revista de la Policía del Perú.



Quien quiera conocer de buena mano la vida de Luis Pardo tiene que leer Luis Pardo “el gran bandido”, de Alberto Carrillo Ramírez. Libro imprescindible puesto que se nutre de una recopilación de testimonio de testigos a los cuales luego ya casi no se les pudo volver a interrogar. El libro, pese a la simpatía del autor para con Luis Pardo, no lo pinta como un héroe inmaculado o un líder social. Leyendo los hechos uno pareciera ver a Luis Pardo como el engreído hijo de un terrateniente, diestro con las armas, mujeriego, bebedor (e insoportable cuando bebía más de la cuenta), un poco aventurero, buen conversador, bonachón con algunos y muy autoritario con otros. Su paso a la vida bandolera sucede no por alguna injusticia social sino por un asesinato que él practica cegado por el alcohol. Como véis, una vida poco heroica.

Una muestra de la asistencia y la expectación del Encuentro de Escritores en Chiquián.(Foto de Ricardo Virhuez)


La mitología se confunde con la historia. En las ponencias se habla sin descanso de su madera de luchador social. Aunque Filomeno Zubieta pone reparos distinguiendo la faceta histórica de la forja del héroe popular. Domingo de Guzmán nos relata jugosas y desconocidas anécdotas de su agitada juventud (pudo haber hecho carrera militar –es decir, pudo haber sido presidente del Perú- pero lo perdió su carácter arrogante y perdulario). Víctor Hugo Alvítez hace una sugerente comparación con otros bandoleros del norte peruano como el cajamarquino Benel o el piurano Alama. El escritor Walter Ventosilla –quien publicó una novela sobre el tema- habla de la utopía Luis Pardo. Por contra, la poeta Verónica Solórzano se manda con una elegía reclamándose mujer, compañera y andarita eterna del héroe. Maria del Pilar Cárdenas, una preciosa y menuda estudiante del Pedagógico de Chiquián, habla oportunamente de la importancia de las fábulas en la educación infantil (¿acaso en Luis Pardo no ha sido la fábula quien ha devorado al hombre?).

Algún otro poeta suelta esto: “Todos los hombres llevamos un bandolero dentro y todas las mujeres desean ser raptadas por bandoleros”. Tremendo.

Estatua de Luis Pardo en la entrada de Chiquián.


Lo curioso es que la carrera delictiva de Luis Pardo fue bien escasa, no más de tres años y más bien centrada en el postrer 1908. A él se le atribuyen cuatro asesinatos y más de treinta acciones contra la propiedad. Sin embargo, buena parte de sus delitos son fabulaciones de terceras personas, denuncias apócrifas y confusas. Como el Grau de la Guerra del Pacífico, a Luis Pardo se le veía en varios lugares a la vez. Gran parte de la responsabilidad está en la campaña de difamación lanzada por los gamonales de la zona y capitalizada por un Estado que quería restablecer el orden en provincias. Como en los años de nuestra guerra interna, el Estado aparece como un desinformador avieso que se dedica a fabricarse enemigos para destruirlos, y termina alimentando leyendas.

Cascada de Usgor. De izquierda a derecha: El periodista Miguel Díaz, la profesora Grimanesa Tafur, un servidor y el escritor Ricardo Virhuez. Foto de este último.


El domingo lo inicié en una excursión a la cascada de Usgor: Aire libre, arco iris circulares, el marco incomparable del paraje chiquiano. Nos acompaña la profesora Grimanesa Tafur, quien vive como propia la naturaleza circundante. Al momento identifica hierbas e insectos, plantas y animales, los enhebra con mitos, cuaranderías y canciones elegidas. En su discurso persiste la idea del hombre andino como un ente ligado indisolublemente al campo, a la tierra, al runasimi, a la imaginería pre-cristiana ¿Qué tan fuerte es ese hombre andino vivificado por Grimanesa? ¿Existe aún? ¿Está arrinconado en la Puna y la Jalca? ¿O acaso es otra construcción que se va nutriendo de las experiencias y aprendizajes de los mortales?

Pancal. Fundo propiedad de Luis Pardo.


Posiblemente Luis Pardo haya sido un vividor y un ladrón de poca monta. Pero la tradición oral siempre alude a su generosidad con los pobres y su coraje para con los poderosos. El anecdotario de Pardo crece todos los años: Luis dejando una estela de monedas de oro a su paso por los pueblos, Luis sometiendo toros con solamente un ademán, Luis comprando sombreros para los maltrajeados de una localidad, Luis regalando dinero a los presos ante las narices de sus carceleros…la ristra no se agota. Su última hazaña acabo de oírla: Hay el testimonio de un viejo anarquista chileno que asegura que Luis Pardo, cuando estuvo de paso por el norte de Chile en 1906, se encargó de organizar a los salitreros y recomendarles que marcharan sobre Iquique a reclamar sus derechos. Los obreros del salitre hicieron eso un año después, para perecer en la tristemente célebre matanza de la escuela de Santa María.

Recorrido por las calles de Chiquián en romería a la tumba de Luis Pardo. (Foto de Ricardo Virhuez)



Lunes. Después de un pasacalle festivo que rompió en fiesta durante toda la noche, todos los escritores marchan en romería a la tumba de Luis Pardo. Por la mañana la policía iza la bandera en la plaza en su honor “las fuerzas policiales persiguieron y mataron a Luis Pardo, ahora ellas mismas izan el pabellón nacional en su nombre” me recita acremente un intelectual sanmarquino. En el camposanto, tres monjitas inician el responso con cantos católicos tradicionales, una de ellas lo pinta como gran defensor de los pobres, "perdonado por el Señor y seguramente muy cerquita de Dios como todo justiciero de bien". Finalmente, autoridades y artistas se despiden de su tumba cantando y declamando. El acto termina en el coliseo de la localidad con una generosa pachamanca regada con vino de la región (¡sí, en Chiquián hacen su propio vino!) y en un pasacalle final encabezado por el alcalde. Luis Pardo ha sido homenajeado por tirios y troyanos, policías y civiles, monjas y ateos, artistas y burócratas, notables y pueblo llano. Puede dormir tranquilo en su tumba.

Extracto del libro sobre Luis Pardo de Alberto Carrillo. En la foto, la oficialidad encargada de capturar al bandolero




En enero de 1909 Luis Pardo estaba acorralado, hambriento y casi sin municiones. Su enemigo era un viejo chacal de la policía con el adecuado nombre de Álvaro Toro Mazote quien había impuesto la ley del terror en la zona y, mediante delaciones bajo tortura, cerraba el círculo en torno a Luis. Mesnadas de campesinos alcoholizados, dirigidos por sus gamonales respectivos, lo ultimaron cuando se lanzaban a las aguas del río Tingo. Fueron los mismos campesinos quienes reaccionaron con igual violencia cuando la policía empezó a ensañarse groseramente con el cadáver. El nombre de Toro Mazote se lo ha llevado el viento. El puente que cruza aquel último río hoy se llama Luis Pardo.

Luis Pardo en la memoria popular: Caballo blanco alzado, jipijapa, poncho andino y pistola en mano. "Gallardo jinete romántico".

¿Granuja con suerte o héroe popular? ¿Defensor de los pobres o terrateniente libertino? Lo que importa, creo yo, no es tanto el seguimiento histórico como sí interpretar la constante construcción popular del héroe. El hecho que Luis Pardo, a cien años de su martirio, se haya convertido en un Robin Hood peruano no significa el fiasco de la tradición oral, sino todo lo contrario: El pueblo tiene derecho a crear sus propios héroes, más aún si estos encarnan las ansiedades y los deseos de justicia y libertad. Una tradición que existe no solamente en la veneración de santos populares o en la transformación de ídolos de la canción en auténticos demiurgos, sino incluso tomó cuerpo en la construcción de esta otra heroína, respetadísima por lo menos en Huamanga. Frente a los héroes del Estado (blancos, criollos, militares y bien avenidos con las clases dominantes) los peruanos de a pie podemos proponer héroes alternativos (mestizos, civiles, ajenos al Estado e hirientes con los poderosos). Frente al fracaso palpable de los proyectos criollos de nación, Luis Pardo simboliza la esperanza de construir otro país. Y quienes creemos en la posibilidad de ese otro país, vemos a Luis Pardo aún cabalgando, aún festejando, aún jodiendo.






Junto a la tumba de Luis Prado. Un servidor al lado de los escritores Armando Arteaga y Luis Flores .


ACTUALIZACIÓN: El antropólogo y estudioso de las culturas populares César Ramos nos regala estos links relacionados con Luis Pardo, aquí el avance de un documental que se esta rodando con la participacion del cantante de la zona Carlos Oro quien interpreta a Luis Pardo, luego "en este enlace algo mas estrambotico: el celebre huayno cantado en traje de shipibo, es decir ¡como chamán del Marañon!". Y nos manda más todavía: Acá la célebre versión de la canción de Luis Pardo interpretada por el conjunto Fiesta Criolla con imágenes del cortometraje El Chalán, una suerte de western a la peruana que ya ha cosechado algunos premios.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

REFLEXIONES NAVIDEÑAS (escritas bajo la lluvia de cohetones en plena Nochebuena)


Bueno, yo, de creyente, ni michi. Y más bien siempre he comulgado con la tradición agnóstica/ateísta de la Ilustración, el anarquismo y el marxismo. La Navidad me revienta bastante por su exagerada hipocresía y porque suele ser el mejor refugio de las dictaduras.

El clima artificial de fraternidad y bonhomía por lo general sirve para que los gobiernos guarden bien la ropa sucia y ultimen grotescos espectáculos que contribuyen a la proverbial alienación de los mortales.

Sin embargo, no todo es opio. Hay una convicción de creer. Y es una convicción positiva. En un país sin instituciones, donde rige la ley de la selva y las desdichas gobiernan en la mayor parte del año; el creer en fantasmas detrás de la nubes y en narraciones mitológicas es explicable y hasta saludable, porque abren al ciudadano un horizonte de vida mejor y le proponen un código alternativo de conducta. El espíritu religioso puede legitimar tiranías, pero también hace la vida más soportable y propone un margen de humanidad en un sistema que vive de negarla. Por eso, desde que el mundo es mundo, la religión ha formado parte de nuestra cotidianidad y por eso la navidad pervive incluso en las sociedades más laicas y tecnocráticas. La religión se confunde con ese otro atavismo comunal que se llama tradición.

La tradición es la narración de la memoria y su persistencia. La tradición existe porque hay ganas de recordar nuestros orígenes y conocer nuestras raíces. La tradición es un rito que quiere decirnos quienes somos y a qué pertenecemos. Y, mientras no seamos todos lobos esteparios, todos queremos saber de dónde venimos y a quién nos debemos.

Claro, todo esto choca con el espectáculo del consumismo descarado y las celebraciones de apariencias y mentiras. Pero ¿acaso no se vive el mismo clima en las fiestas patrias en el que se exhibe una peruanidad ficticia e hipócrita?¿Acaso eso no sucede en nuestros cumpleaños cuando hasta nuestros enemigos nos desean parabienes? ¿Es posible acaso una ceremonia sin doblez ni oportunismo, ni farsa?

Pero quizá porque los ritos y las ceremonias, pese a su protocolo y etiquetas, son espacios distintos y excepcionales de la inmanente cotidianidad, son fechas donde puedes hacer algo que no lo sueles hacer el resto de los días. Hasta la ceremonia más seria y reglamentada guarda en sí una esencia carnavalesca: "hoy harás lo que no has hecho en todo el año, te estará permitido, lo podrás repetir cuando quieras y te aplaudirán por ello".

Por eso, ahora mi calle está que hierve de metralla, fuegos artificiales y pólvora festiva. Hoy la gente puede volarse los dedos con cohetones y ratablancas ilegales. Está permitido festejar así, porque -salvo año nuevo- no lo volverás a hacer. Eso le da sentido al resto del año que, seguramente, estará plagado de infelicidades y tropiezos. El rito, pues, te ayuda a seguir viviendo.

Este blog os desea un feliz solsticio de invierno, acontecimiento astronómico que dio pie a todo esto. Aquí una genial explicación.

ah, y salud!!


*La foto, de este estupendo blog.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Políticas culturales desde arriba y políticas culturales desde abajo




A partir de la demagógica idea de crear un Ministerio de Cultura y al calor de algunas actividades que nuestro nacionalcatólico INC viene organizando en las últimas semanas, se ha vuelto a discutir sobre la necesidad (más bien la viabilidad) de las políticas culturales –o, dadas las circunstancias, siquiera de alguna política cultural- en el Perú.

El sociólogo Santiago Alfaro, en un blog que se renueva menos aún que el mío, señala la necesidad de una financiación mixta a la cultura, que combine la inversión estatal cualificada (fondos nacionales), la exoneración de impuestos a las inversiones privadas en cultura así como una novedosa ley de mecenazgo: “Lo ideal no es optar por el financiamiento privado o público sino por ambos. Una manera de hacerlo es la formulación de fondos nacionales y leyes de mecenazgo, entre otros marcos normativos y programas institucionales. Con ello se diversificaría la fuente de recursos para la sostenibilidad de las actividades culturales, contribuyendo a la ampliación de las opciones de los ciudadanos para crear y consumir autónomamente”.

Suena bonito, y más ahora que han regresado las Galas de Beneficencia para los Pobres.

A mis años, ya me he convencido que tienen que pasar cosas muy fuertes en este país (una revolución, por ejemplo) para que el Estado gaste en cultura de forma, digamos, decente. No nos comparemos con Francia, que lleva medio siglo gastando presupuestos peruanos enteros en programas culturales. Hablemos de países más cercanos como Chile, cuyo liberalismo tan cacareado por sus copiones peruanos es capaz de becar poetas, cosa que en el Perú suena no digo a cachita, sino a utopía.

(Y he dicho Chile para pasar piola, porque si nos referimos a países más cercanos todavía encontramos propuestas que en el Perú son simplemente inimaginables o se nos ponen como delirantes.).

Estamos en el sótano de las políticas culturales de Estado, por si alguien no lo sabía. Somos los trogloditas de Sudamérica. Nadie lo diría con la tremenda oferta histórica y cultural que vemos todos lo días pero así es. Cuba, país más pequeño y con muchísimo menos patrimonio arqueológico, histórico y cultural que el Perú es nuestra hermosa odiosa comparación: "La Organización de Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO) concluyó en su informe anual, que Cuba es el único país de América Latina y el Caribe que cumplirá la Meta del Milenio de Educación para Todos, ocupando el primer lugar con un Índice Alto". Sí incrédulos, verlo aquí.

En cuanto al sector privado, que no nos encandilemos con las superstars del norte peruano, donde las empresas invierten selectivamente en proyectos turísticos muy rentables y punto. De hecho, el sector privado se centra en asuntos de corto plazo como carísimos libros fotográficos, eventos literarios selectos y puntuales, full turismo y nuestras creaciones heroicas de fin de siglo como la gastronomía. Háblenles a los empresarios de proyectos culturales a mediano plazo y de mayor impacto masivo y ya veréis lo que les dicen (o la forma como le dan el portazo).

Dicho en plata ¿Por qué el sector privado se gasta una millonada en libros de lujo sobre los auquénidos del sur peruano y no le da la gana de apostar por una red de librerías en el Perú? O, siendo ya realsocialistas ¿Por qué, siquiera, no invierte en las comunidades campesinas ganaderas?
Además, en los días de hoy, la crisis financiera es la excusa perfecta para darte siempre de menos.

Pero, optimista del ideal, en otras partes veo otras formas de políticas culturales. Y me centro en literatura.

Hace uno meses sucedió el VII Encuentro Nacional de Escritores Jesús Manuel Baquerizo en Ayacucho. La iniciativa partió del humilde Gremio de Escritores del Perú y del Centro Cultural de la Universidad San Cristóbal de Huamanga. El empuje final lo puso su director, el poeta y hombre de teatro Marcial Molina Richter. Fue una carrera contra el tiempo para montar el evento en menos de dos meses y casi sin recursos. Pero salió. Lo más importante: Los escritores fueron inmediatamente destacados en tríos a los colegios e institutos pedagógicos de la ciudad para que hablaran con los escolares difundiendo el amor por la lectura. Lo que dio no solamente jornadas de escritores (que se peleaban por estar en las ternas) que hablaron con escolares durante más de seis horas, sino de escenas de excepción como la veintena de colegialas que asaltaron el vestíbulo del hotel en búsqueda de Oswaldo Reynoso, como si fuera un auténtica estrella de rock. (Más o menos, así lo es).

Uno de los resultados de ese evento fue que la Revista Peruana de Literatura , con la colaboración de los docentes y autoridades, ha convocado un concurso sobre narrativa mítica entre los escolares de los dos colegios más numerosos de Huamanga.

Meses más tarde, el distrito de Marca -un distrito digo, no una cabecera provincial ni mucho menos capital de región- organiza el XVI Encuentro de Escritores Ancashinos de forma apabullante. Allí, nos recibieron con banda de música y lluvia de flores -qué quieren que les diga, dudo que vuelva a gozar de este tipo de recibimiento en los años que me quedan de vida, ojalá me equivoque- nos dieron a a comer lo mejor de sus fogones y nos llevaron a conocer sus tesoros ocultos (hartos dibujos rupestres...) y no tan ocultos (sus pallas, tan fabulosas como las de Corongo). En ese pequeño pueblo, de difícil acceso, donde no hay cobertura para telefonía celular y suelen cortar la luz por las noches; el conocido artista plástico César Quispe Virhuez Quispejo montó una pinacoteca de lujo en el único gran colegio de la localidad (exhibiendo cuadros de pintores residentes en el extranjero, que que valían más que todo el presupuesto del gobierno local), los escritores donamos libros para la futura biblioteca municipal (que ya está en funcionamiento) y, ante un auditorio repleto, los estudiantes de secundaria interpretaron frente al dramaturgo Áureo Sotelo una de sus obras ante el entusiasmo general (pocas veces he visto la poderosa magia del teatro como en ese momento). El esfuerzo de llevar a casi cuarenta escritores peruanos se hizo no solamente por el esfuerzo del consistorio sino con la participación de toda la población que abrió sus casas y acondicionó dormitorios para los participantes. El dinero gastado durante ese evento, con seguridad, ha sido bastante menos que cualquier brindis de honor ministerial.

¿Adónde quiero llegar? Que en el Perú hay muchos más actores sociales que pueden involucrarse en las empresas de gestión cultural además del Estado o la empresa privada. Me refiero a gobiernos regionales y locales, organizaciones de la sociedad civil, colegios profesionales, universidades e incluso instituciones educativas (los colegios nacionales -y algunos privados- son un aliado estratégico, un territorio siempre amigo, un lugar aún indisputado por las grandes transnacionales). Gente más allá de la burocracia centralista. Quienes defendemos una cultura popular debemos ya tener nuestras propias redes, activar nuestros propios circuitos, generar nuestras propias dinámicas. Y hacerlo desde abajo.

No es pensar en pequeño, es realismo. Y no es apostar por una utopía sino invertir en experiencias que funcionan. Que otros esperen sentados la inauguración del Ministerio de Cultura, nosotros tenemos mucho que hacer.
Y el gran Quino, una vez más, nos lo señala clarísimo.







viernes, 22 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en las Olimpiadas de Berlín (Sexta y última parte)

La delegación olímpica regresa al Perú en olor de multitudes, foto sacada de aquí.


VI

Todos perdimos, menos ellos

Dada la apresurada retirada y la evidente escasez de fondos de la delegación de un país semifeudal y subdesarrollado como el Perú; el regreso fue accidentado y al vuelo se pescó a un herrumbroso carguero que marchaba a Sudamérica como improvisado transporte. Los peruanos regresaban a su patria más o menos como los inmigrantes lo hacían al Nuevo Mundo (Con excepción del cuerpo diplomático y otras autoridades que de seguro esperaron a que el gobierno les pagara lujosos billetes de primera clase para regresar).

En Lima el pueblo los recibió como campeones. Cimentaron una generación de buenos futbolistas al punto que, tres años después, ganaron su primer torneo sudamericano de fútbol (antecesor a lo que hoy conocemos como Copa América). Pero, pese a ser cracks, no eran futbolistas profesionales; ni siquiera eran trabajadores bien pagados.

Lolo Fernández jugó en la primera categoría durante casi veinte años más, se convirtió en ídolo viviente del club Universitario de Deportes, vio como le ponían su nombre a un estadio antes de padecer y morir de Alzheimer. Alejandro Manguera Villanueva, el mejor jugador de su generación, rechazó ofertas millonarias de Francia y México por la sencilla razón que nunca quiso separarse de su barrio (¡Olé tus huevos, maestro!) y, haciendo caso omiso de los médicos, continuó con sus noches juergueras hasta que la tuberculosis se lo llevó de este mundo con sólo 36 años cumplidos. Décadas después, el Alianza Lima construyó un estadio de cuarenta mil almas y le dedicó su nombre. El portero Valdivieso, merced a sus méritos deportivos, obtuvo un puesto de burócrata menor en la municipalidad de Lima con el cual llegó a jubilarse. Adelfo Magallanes, otro jaranero de pro, llegó a convertirse en entrenador del equipo de sus amores -el Alianza Lima- y confundir su vida con la del club. El resto del seleccionado terminó sus días trabajando de albañiles, camioneros o recogedores de basura hasta que sus fuerzas se lo permitieron. La gran mayoría acabó de abuelitos en su propia casa de callejón, al cuidado de la familia de sus hijos que heredaban el tugurio.

Pese a que la Gesta de Berlín se conmemoraba anualmente en los periódicos, fue motivo de canciones populares y pasaron a la historia del deporte nacional; a casi todos ellos les tocó aguantar los golpes de la pobreza y la ingratitud: El hambre y la carestía de los años cuarenta, la represión policial de los años cincuenta y el olvido generacional de los sesenta. Hoy no encontraréis ni una sola web dedicada a ese momento, ninguna investigación oficial, apenas chismes privados: El fraude cometido por los nazis y la FIFA en las Olimpiadas de Berlín es un hecho menor tan ninguneado por los organismos deportivos internacionales, como aquella otra gesta de los futbolistas ucranianos quienes ganaron a un equipo nazi bajo pena de muerte, dentro del infierno de la ocupación alemana en la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial.

El equipo austríaco que perdió ante los peruanos derrotó a Noruega y disputó la final contra Italia. Fue un nuevo palmarés para los azzurri, que festejaron haciendo el saludo fascista ante casi cien mil espectadores . Buena parte de ese equipo austríaco se fusionó con el alemán después del Anschluss de 1938, pero los resultados fueron nefastos: La gran estrella Matías Sindelar (quien además sobrellevaba una dramática ruptura amorosa) decidió suicidarse y buena parte del público vienés asistió a su entierro en un acto de inútil protesta frente a la recién estrenada ocupación nazi, mientras la nueva selección austroalemana hacía el ridículo en el mundial de Francia. El gran fútbol austríaco se había extinguido y sólo volvería a resucitar quince años después. También perdieron ellos.

Mi país andino de untermenschen no podía, de ninguna manera, retar a los nazis, quienes además contaban con gran parte del beneplácito de las naciones desarrolladas. Lo curioso es que la dictadura del general Benavides era un régimen de patricios y terratenientes que simpatizaba con los fascistas y no tardaron mucho en reconocer oficiosamente al gobierno de Burgos. Es natural pensar que esa gentuza no persistió con una queja federativa que pudo poner en entredicho a la FIFA, que ya contaba con la abierta oposición de los países sudamericanos. Se había salvado la cara y punto. Todos esos oligarcas creyeron haber hecho patria.

Aunque hubo venganza histórica: Muchos de ellos y sus hijos vieron cómo, décadas después, la dictadura militar de Velasco les confiscaba tierras y periódicos. Y luego la guerrilla maoísta acababa con sus propiedades y les metía miedo en el cuerpo hasta incluso convencerles de largarse del país.

Y estoy seguro que muchos de esos quinceañeros rubios que con diáfanas sonrisas invitaban a los deportistas peruanos a subir al autobús, fueron los mismos que -años después, enfundados en el uniforme de las SS o de la Wehrmacht- terminarían como cadáveres saqueados por bereberes en Tobruk o colgados con júbilo por las guerrillas soviéticas o....¿quizá, quizá ? terminarían en la retaguardia, invitando con las mismas diáfanas sonrisas a los desgraciados de Treblinka o Auschwitz a ingresar a los autobuses o duchas prestas a rociar el Zyklon B.

Más allá de una mención testimonial en el Estadio Nacional, perderemos el tiempo buscando alguna placa recordatoria, monumento o avenida consagrada a estos muchachos. Los peruanos somos un pueblo ingrato para con nosotros mismos. Así que solo nos queda el pajero recurso de recordarlos a la distancia y brindar a la memoria de aquellos jaraneros que disfrutaban de la vida y el fútbol, que les importaba un comino recibir una medalla y que sólo se preocupaban de llenar el puchero diario y terminar la jornada jugando, bebiendo y bailando hasta el amanecer. Además, habían derrotado al equipo de Hitler. Casi nada.

No sé si les reconozcamos glorias, pero sí les tendremos cochina envidia.


Nuestro ya conocido Manguera Villanueva, cobrando sus honorarios después del partido: Un suculento pato que se consumirá esa misma noche. Siendo malpensados, diríamos que la jovencita forma parte de la transacción. Podían ser bonitos tiempos, pero también muy crueles.


Notas: Este ensayo en sus diversas partes contó con varias fuentes de la red. Para quien quiera una versión más académica (y menos literaria, porque aquí yo he puesto de mi ají) puede visitar este sitio, este otro y acá. Como si fuera a propósito, acaba de aparecer un libro muy sugerente sobre el fútbol peruano y donde el ensayo de Carlos Arias Schreiber sobre Berlín propone romper con viejos mitos y plantear una descarnada verdad. Bueno, yo he planteado otra.

jueves, 21 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en las Olimpiadas de Berlín (Quinta parte)

Hasta la fecha, la única foto del partido disputado entre Perú y Austria. Valdivieso despeja un centro ante la carga del futbolista austríaco que hoy cualquier árbitro pitaría como falta.



V
De la conspiranoia a la amarga realidad

"Por cierto que los austriacos habían sido derrotados (4-2) por Perú, en cuartos de final. Pero ocurrió que al marcar los peruanos el tercer gol, que desempataba la igualada a dos, sus hinchas saltaron al campo para abrazarlos. Se armó un conato de agresión con los austriacos y con la policía... , y aunque el partido se reanudó, incluso con un cuarto gol peruano, los jueces ordenaron la repetición del encuentro "por invasión del terreno de juego". Los sudamericanos se negaron a ello, hicieron las maletas, se fueron a casa y dejaron que Austria siguiera adelante en el torneo".

Citado en una investigación académica. Ver AQUÍ.

"(versión)…del diario londinense Daily Sketch. Según este medio fueron mil peruanos los que armados de fierros, cuchillos y revólveres invadieron el campo de juego en pleno partido, agredieron a tres jugadores austriacos y dejaron a los europeos con ocho jugadores. Dibós Dammert también consignó que esa versión se difundió en toda Europa a la semana siguiente del partido. Incluso comentó que en las calles de Berlín, desde altoparlantes colocados en estaciones de radio, se decía: "los cobardes peruanos han huido a Lima ante los valerosos jugadores austriacos".

Citado en la investigación de Luis Carlos Arias Schreiber sobre el tema en un prometedor libro de Aldo Panfichi, AQUÍ

Un par de horas después, el presidente del Comité Olímpico de Austria elevó a los organizadores de los Juegos una protesta formal: El partido había sido interrumpido abruptamente por la invasión del populacho que abarrotaba un par de tribunas, atacando a algunos jugadores y causando considerable riesgo a la integridad física del resto de los futbolistas austríacos. La queja se cerraba con una demanda para que el partido se repitiera el día siguiente.

El comité organizador de los Juegos junto con la FIFA no sólo aceptaron el petitorio austríaco: Además de repetir el partido, éste se celebraría a puerta cerrada.

¿Cómo fue posible esta situación? ¿Qué pasó en realidad sobre el césped del Herthastadion? ¿Qué factores se coludieron para que se resolviera una decisión extraordinariamente única en la historia de los Juegos?

La queja de fondo iba enfocada a la violenta invasión del público a la cancha. No hay material filmado que atestigüe la invasión de campo y es difícil imaginarse a los disciplinados alemanes del Tercer Reich portarse como hooligans. Y hablamos de alemanes porque difícilmente podía existir alguna barra alegre y bullanguera que aupara a los sudamericanos. De haberlos, solo podían formar parte de las reducidas delegaciones olímpicas, del cuerpo diplomático o, en el mejor de los casos, de estudiantes becados en Alemania que sabían perfectamente lo que era vivir en un Estado policial y racista como el Tercer Reich. Es decir, paisanos poco propensos al vandalismo.

Además, el turismo olímpico estaba en pañales así que tampoco era factible que millares de exaltados franceses o polacos aprovecharan la ocasión para barruntar en las narices de los cuerpos de seguridad nacionalsocialistas. Por lo que solo hay una deducción: Los espectadores berlineses sencillamente aplaudieron el desempeño del seleccionado peruano, se desfogaron frente a la parcialidad del arbitraje y aprovecharon la ocasión para cachondearse a gusto de los austríacos, a quienes tradicionalmente siempre han visto como zánganos, fanfarrones y pedigüeños.

Detalle quisquilloso, dado que el Führer portaestandarte de la raza aria era austríaco de origen (Hitler había nacido en un pueblo de mierda cercano a Linz). El Anschluss (la anexión de Austria al Tercer Reich) aún estaba sobre el papel y la dictadura de Dollfüss, muy celosa de la independencia vienesa, no era precisamente muy amiga de los nazis. Por último, los berlineses -ciudad de fuerte impronta obrera, cuya pequeña burguesía era bastante bon vivant, que tradicionalmente votaba socialista y donde la lealtad al régimen era bastante light- se habían comportado con demasiada suficiencia y chulería frente a sus futuros connacionales. La parcialidad del comité organizador de los Juegos era inevitable: Había que dar una pequeña satisfacción a los austríacos, era cuestión de Alta Política.

A esto agreguemos dos cosas más: El enfrentamiento entre europeos y sudamericanos dentro de la FIFA que se agravó cuando ésta dio el mundial de 1938 a Francia (en vez de devolverlo a Sudamérica, donde Argentina soñaba realizarlo). El otro factor era la permeabilidad de la FIFA frente a las presiones políticas del facismo y cuyo precedente fue la parcialidad de los arbitrajes en el mundial de Italia de 1934 frente al violento equipo local que a puntapiés derrotó a dos rivales muy superiores (España y Austria) y allanó el camino para coronarse campeones. ¿Por qué la FIFA había de comportarse de manera distinta en Berlín?

A nuestros futbolistas, quienes festejaban felices en la Villa Olímpica vaciando fuentes de escabeche de pollo; el repetir el partido no les preocupaba mucho. Total, ya se les había ganado con gusto. Pero la dictadura militar peruana aprovechó la indignación popular para subirse al carro, darse un baño de nacionalismo y distraer a las masas aún politizadas por los acontecimientos de algunos años atrás. Lo que rebalsó el vaso fue la orden de jugar a estadio vacío: Dejaba campo libre a cualquier barbaridad arbitral. El general Oscar Ruperto Benavides, dictador de turno, ordenó que no se transara en absoluto.

Hubo un conato de amenaza regional dada la solidaridad verbal de algunas delegaciones latinoamericanas a quienes no le hacían mucha gracia las bravatas eurogringas. Goebbels, el gran factótum mediático de los Juegos, inmediatamente movió sus hilos: Convenció personalmente a los argentinos a que no hicieran olas y pidió a los yanquis que mediaran frente a los mexicanos para lo mismo (Desgraciadamente, su presidente Lázaro Cárdenas estaba ocupado en cosas más importantes como la Reforma Agraria, el asunto del petróleo mexicano y la Guerra Civil española). Al final, el reclamo peruano se quedó solo.

La selección peruana no se presentó al nuevo partido dictaminado y fue eliminada por walk over. Desde Lima se ordenó fulminantemente el regreso de toda la delegación olímpica, incluyendo basketbolistas o nadadores. Varias medallas en ciernes, las primeras de nuestra historia, se quedaron en hipótesis. Ante la indiferencia general, la delegación peruana arrió su pabellón de la Villa Olímpica y se marchó a casa. Como cualquier don nadie. Eso mismo.


(P.D. A estas Olimpíadas debiéramos haber ido).


Continuará...

viernes, 15 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en las Olimpiadas de Berlín (Cuarta parte)


La selección olímpica de futbol en el mismísimo estadio del Hertha. Foto cortesía de los amigos de Hualcara.



IV
Directo en directo, desde el Herthastadion, estimados radioescuchas...


Pese a los fastos de la inauguración y a la impecable organización que exhibía Berlín, las cosas no marchaban tan bien para Alemania. Saltó a la palestra el archiconocido escándalo del saludo nunca dado de Hitler al plusmarquista afroamericano Jesse Owens y su repentina fuga del Estadio Olímpico para no volver nunca más (aunque en los últimos años, varios han criticado este hecho como vulgar patraña). Los japoneses imponían su ley en natación y los húngaros hacían lo mismo en las carreras de fondo. En las competiciones de velocidad, la raza inferior (para los alemanes y también para buena parte de los norteamericanos) derrotaba ampliamente a sus competidores europeos. Se dieron casos tremendos como el del combinado alemán femenino del 4x100 lisos: Siendo favoritas totales, falló el último relevo, la posta cayó al suelo y canadienses, inglesas y yanquis se llevaron las medallas mientras las cuatro valquirias lloraban a moco tendido junto a la pista con una desesperación que seguro no repitieron ni cuando se enteraron del desastre de Stalingrado.

El colmo llegó por el lado menos esperado: El entrenador de la selección alemana de fútbol, ebrio de superioridad (y no sabemos si de otra cosa), mandó a que su equipo suplente jugara la ronda de cuartos ante la cenicienta del torneo, Noruega. Perdieron 2-0. Dicen que el entrenador, más tarde, terminó pegándose un tiro.

Y así, el único representante de la germanidad en el fútbol era Austria. Los austríacos estaban condenados a ganar.

Ante un lleno completo en el estadio del club Hertha, Perú y Austria se jugaron la eliminatoria. Loa austríacos empezaron el partido como una máquina. Y así, avasallando, ganaban 2-0 al terminar el primer tiempo. Disciplina, juego vertical, no poca fuerza bruta y cierta complicidad arbitral eran las herramientas de los austríacos. Éstos habían dejado fuera de la convocatoria al gran Matías Sindelar, el Mozart del fútbol, presuntamente por su edad y su trayectoria de futbolista profesional. Aunque habría que mencionar que Sindelar, el más importante jugador de Austria era, entre otras cosas, un genuino ciudadano vienés, antifascista, judío y muy popular en la capital austríaca.

Austria ganaba pero los peruanos seguían tocando y esquivando los guadañazos arteros de los defensas. La agresividad de los austríacos jugó en contra cuando los nuestros lesionaron al faulero de Laudon, quien casi no pudo jugar la segunda parte (recordemos que en aquellos años no existían cambios durante el juego). Asimismo la holgura del marcador perdió a los favoritos: Se confiaron y en un pis pas los peruanos empatamos guapamente. Como en los grandes partidos, el árbitro se inventó un penal en los últimos minutos, penal que el Mago Valdivieso atajó para el entusiasmo de un público que casi no podía quedarse quieto en sus asientos. Terminó el match y, dado el empate, se jugaría la prórroga. Las tribunas chillaban. Se notaba que hacía rato no veían un fútbol de tanta calidad.

Uno creería que el tiempo suplementario beneficiaría a Austria por eso de la preparación física y la superioridad de unos jugadores bastante mejor alimentados que sus rivales. Pero fue exactamente al contrario.

Los peruanos, al ser Fattys Arbuckles jugando al fútbol, estaban acostumbrados a jugar sin reloj, hasta la puesta del sol. Sin mencionar a los más bohemios, que no les importaba disputar partidos oficiales estando enfermos, resaqueados o directamente borrachos. El colmo se daba entre los seleccionados que jugaban en el popular club del Alianza Lima: Los fines de semana jugaban la liga para el equipo blanquiazul y, dos horas después, se iban a un canchón de Lince a jugar otro partido -igual de intenso- vistiendo la camiseta de Los Íntimos, un equipo de barrio con el que se sacaban un extra monetario. Y si ganaban, festejaban hasta el día siguiente. Curiosamente, la mejor disciplina para los peruanos llegó a ser la ausencia total de disciplina.

En el tiempo suplementario los peruanos llegaron a perforar hasta tres veces el arco austríaco, pero el árbitro anulaba los tantos muerto de miedo del desenlace. Finalmente se rindió a la realidad, Perú metió dos goles (el último de Lolo, de un tiro libre que se coló por la cruceta) y el partido resultó con la victoria chola por 4-2.

El público, mismo Evasión o victoria, invadió la cancha jubiloso y festejando la proeza (y, posiblemente, riéndose en la cara de los perdedores). No queda claro si el árbitro llegó a pitar la reanudación y final del partido. Entre la alegría general, a Jules Rimet -el presidente de la FIFA y espectador de lujo- no le quedó otra que felicitar en la cancha a los jugadores peruanos (dado que él era un enemigo declarado de los intereses sudamericanos en el fútbol). Caía la anaranjada tarde berlinesa y los peruanos se sentían campeones. Ya estaban en las semifinales.

El partido se retransmitió en directo a Lima, llegando a las radios peruanas con cerca de cinco minutos de retraso de entonces. Toda la ciudad festejó la hazaña: Hasta hace pocos años, argentinos y uruguayos ganaban a los equipos peruanos caminando; ahora el seleccionado inca se medía entre lo mejorcito de Europa. Y sí, éramos los representantes del fútbol sudamericano en los Juegos, el resto de los semifinalistas lo conformaban Italia, Polonia (con quien nos tocaría enfrentarnos) y Noruega. Estaba chupado llegar al podio.




Aquisito, la fotito de la selección olímpica de baloncesto con el uniforme de rigor. También se sintieron medallistas.

Aquí, con cierto tufo fascista, los Juegos a cholocolor.




jueves, 14 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER. La odisea de los futbolistas peruanos en Berlín (Tercera Parte)

Que no quede duda quiénes organizaron estos Juegos. Y quiénes los disfrutaron.


III
Vámonos pa´Berlín

La dictadura militar de turno que regía el Perú recibió con extrañeza la enésima invitación de Alemania a participar en los Juegos. Como un plus se le había comunicado que estaba invitada -entre la delegación olímpica- su selección de fútbol ya que Uruguay, Brasil y Argentina (por motivos desconocidos pero, sin duda, bizarros) habían declinado participar. En 1936 lo peor de la Depresión había pasado y el Estado pudo desembolsar casi treinta mil soles de la época para financiar una nutrida delegación masculina (las mujeres sólo practicaban el deporte como informal entretenimiento y aún así era mal mirado).
Todavía faltaba dinero, así que el neófito Comité Olímpico Peruano inició una colecta de fondos entre las fuerzas vivas de la oligarquía limeña para completar el gasto que significaba mandar dignamente hasta el otro lado del planeta a casi sesenta paisanos.

La Casa Welsch (casa comercial alemana para unos, tapadera de los servicios de la Abwehr de Canaris en el Pacífico para otros) y la Casa Oeschle (nuestro pequeño Mall de la época y no sabemos si tapadera de la inteligencia británica) pusieron el resto entre generosas donaciones de italianos (muchos de ellos reunidos en el Circolo Sportivo Italiano, informal sitio de recreo para los informales servicios de información italianos en Sudamérica) y otros extranjeros residentes (casi todos, extensiones de sus respectivas legaciones diplomáticas huérfanas de departamentos especializados de espionaje, empezando por los EEUU aún aislacionistas) que conocían la importancia de asistir a unas olimpíadas como pasaporte de modernidad.

Así, se pudieron pagar los pasajes de segunda clase para la delegación olímpica en el Orazio, trasatlántico que era virtualmente el autobús italiano Lima-Génova desde hacía más de diez años. Despedidos con banda de música, los atletas se enfrentaron con la desconocida realidad de vivir en un barco. Acostumbrados a la tugurización como hábitat, disfrutaron sin problemas los pequeños espacios del buque para correr y entrenar (recordemos, viajaban en segunda clase, acuérdense del Titanic) y, cuando apretó el calor centroamericano al cruzar el Canal de Panamá, nuestros prohombres del olimpismo no tuvieron problema en pasearse semidesnudos por el comedor, los pasillos del dormitorio y la propia explanada de proa. Ya no disfrutaban de las fiestas y placeres de Lima pero, por contra, nunca habían comido tanta carne como entonces.

De Génova tomaron un expreso hasta Berlín y de allí los trasladaron hasta la Villa Olímpica en el oeste de la ciudad. Además de los soberbios alojamientos, los peruanos tuvieron una sorpresa adicional: En el comedor les ofrecían genuina comida peruana. La meticulosidad de la empresa propagandística nazi hizo que del Reich partieran chefs a diversas partes del mundo registrando comidas y dietas de cada país. Más hospitalidad, imposible.

En el día de la inauguración Perú presentó -lo que son las cosas- una de las delegaciones más numerosas de los Juegos. Marchaban -además de los futbolistas- el equipo de baloncesto, boxeadores, nadadores, ciclistas, atletas y tiradores. Todos haciendo ante la Tribuna de la Cancillería el mismo saludo (unos dicen que olímpico, otros que nazi) que hicieron canadienses, húngaros, suecos o franceses. Se empezó bien, nuestro nadador estrella clasificaba a las semifinales de su especialidad, a cuatro segundos de Jack Medica, la gran esperanza blanca de EEUU en la piscina. Y el equipo de baloncesto, al jugar sobre una pista de ladrillo molido, se alucinó superpotencia derrotando a chinos y egipcios, clasificándose para las semifinales. Nuestros futbolistas tampoco se quedaron atrás, le metieron siete goles a Finlandia (cuatro de un Lolo Fernández que desconocía lo que era un hat trick) pasando a cuartos. Jugarían contra Austria, una selección muy joven que había bebido de la leyenda del emblemático Wunderteam, uno de los mejores equipos de los años treinta.

Desgraciadamente no jugarían solo fútbol.

Nuestros futbolistas, listos para enfrentarse al equipo de Hitler. Ánimo Mago.

sábado, 9 de agosto de 2008

ONCE PARES DE BOTAS CONTRA HITLER La odisea de los futbolistas peruanos en Berlín (Segunda parte)

La jarana y la alegría hecha fútbol: Alejandro Villanueva




II
Cuando éramos niños, bellos y felices


El deporte en el Perú estaba en la infancia. La maravillosa infancia. La quintaesencia de Lewis Carroll. Con el encanto de esa edad veíamos, al calor de las apuestas, concursos de natación llevados a cabo en una poza de agua verdosa cercana al puerto. Se ganaban trofeos deportivos que luego se perdían en juegos de dados y naipes que los protagonistas estiraban hasta la madrugada entre tragos de pisco y rica compañía. El baloncesto se jugaba sobre pistas de ladrillo, tablones de madera, tierra batida y hasta sobre césped. Un peruano loco se daba el gusto de ganar una maratón internacional viajando de polizón en un barco, corriendo con las zapatillas de su abuelita y siguiendo durante cuarenta kilómetros a los punteros de turno por la sencilla razón de desconocer la ruta hacia el estadio. Las estrellas locales de fútbol, luego del partido dominical, se iban a pelotear con los chiquillos entre callejuelas para terminar festejando con sus viejos amigotes mediando tragos, tabaco, buenas mujeres y un fonógrafo lleno de onesteps, tangos y pasodobles. Eso era deporte puro, carajo.

Y es que el fútbol peruano había alcanzado el síndrome de Fatty Arbuckle, aquella edad en que el pícaro niño se transforma en adolescente salvaje que se da de bruces con una adultez siempre ignorada. No existía el fútbol profesional, pero para centenares de muchachos, el fútbol ya era su vida. Aprendieron el fútbol viendo jugar a los marineros ingleses, como casi todos los que vivimos fuera de Las Islas. Entre potreros con olor a estiércol, canchas de tierra pelada, algún arenal y las calles empedradas de la ciudad, el fútbol empezó a tomar edad. Comerciantes, artesanos y algún señorón aburrido con ganas de hacer de mecenas empezaron a financiar los primeros clubes de fútbol que durante décadas fueron poco más que clubes de barrio.

O de oficios, como en la Edad Media : El partido de fútbol más popular hasta bien entrado los años veinte era el de Textiles contra Choferes, donde una selección de obreros de las fábricas de Vitarte se enfrentaba a otra de camioneros y mecánicos de la capital. Se solía jugar en un canchón en las afueras de Lima con el público trabajador poblando los cerros aledaños y viendo los lances mientras zampaban butifarras, mazorcas hervidas y cerveza. Era una kermesse con fútbol incluido.

Por generación espontánea, como han sucedido buena parte de los hechos del deporte peruano, nacieron nuestros cracks: Juan Valdivieso El Mago, portero voluntarioso hasta el día en que vio todo un entrenamiento del Divino Zamora que venía de gira con el Real Madrid y esto lo convirtió -imaginamos que en un lapso de tres horas- en el mejor portero de Sudamérica (y en todo caso poseedor de uno de los mejores récords de penales atrapados). Adelfo Magallanes El Bólido, mediapunta de vida alegre y jaranera quien siempre se preguntó si su verdadero nombre era Adelfo y no Adolfo, dada la poca profesionalidad de los amanuenses criollos que trataban con desprecio a los afroperuanos que firmaban -en lo posible- las partidas de nacimiento. Alejandro Manguera Villanueva, delantero hábil, pícaro, bohemio, negro, tuvo la mala suerte de nacer en el Perú. Si hubiera nacido en Brasil o Uruguay hoy sería mundialmente conocido como uno de los mejores diez de la historia. Lolo Fernández tenía un disparo que rompía redes, postes y travesaños con tan increíble asiduidad que la tribuna le apodó El Cañonero. En cambio, Titina Castillo era un chaparrito que combatía su baja estatura con una habilidad en el gambeteo. Los hermanos Alcalde -al igual que los futuros hermanos Toth de la sección húngara de 1954- eran el mecanismo de autocontrol interno del equipo. En un país de instituciones débiles, la familia salvaba los muebles del incendio, o de la goleada.

Todos se ganaban la vida honradamente: Valdivieso era ebanista, Villanueva albañil, Lolo Fernández -el más pijo de todos- asistía a regañadientes a la Escuela de Contaduría. Los demás eran camioneros, obreros, vendedores de comida, empleados de última fila de servicios públicos. Nadie soñaba con un futuro próspero de jugadores bien pagados. Bueno, nadie soñaba con un futuro. Se vivía bien si se garantizaba el puchero diario, habitaban en callejones de un solo caño (tugurios galdosianos donde decenas de familias compartían una salida de agua y un retrete). Todos ejercían un cooperativismo primario (si uno se comía un bizcocho a solas, los demás se lo arrancaban para que aprendiera a compartir) se amanecían juergueando juntos, hacían colecta cuando uno se enfermaba, se ganaban la vida armando equipos en las afueras de Lima y cobrando en comida y trago. Muy pocos sabían leer y escribir. Y había más de uno que -gracias a las apuestas, los combates de gallos y las propinas que recibía en los partidos- malmantenía familia, esposa y querida.

A pesar de ello o gracias a ello, estos jovenzuelos mal nutridos y semianalfabetos crearon un fútbol de gloria: Pasión por los dribblings, jugar el balón al toque, triangular a ras del suelo, picardía a la hora de desmarcarse, desdén a la estrategia y al juego destructivo. Así llenaron las tribunas precarias por donde jugaban. La gente los llevaba en volandas hasta la casa de la cocinera más generosa del pueblo a inflarlos de escabeche de pollo y arroz con pato. Eran los héroes del momento para la chiquillería que imitaba -sin pelota- sus quiebres en una esquina mugrienta. Quien podía, sabiendo las debilidades humanas, encerraba a las adolescentes y mujeres en edad casadera; pero -como en el poema de Rubén Darío- al final “la más hermosa / sonríe al más fiero de los vencedores”. El bar cerraba con aquellos dentro, uno traía los dados, otros las guitarras y algún avispado se presentaba con negras guapas y cigarrillos importados. Pasada la madrugada se acababa la luz de kerosene y las botellas de pisco, todos iban dando tumbos a sus hogares, maldiciendo el trabajo de mañana, esperando el próximo entrenamiento, escondiéndose en las esquinas con mujeres de cintura ceñida, embarazando con impune irresponsabilidad. Éramos niños, bellos y felices.

Como nunca más lo fuimos en el resto de nuestra vida.


Sí, son futbolistas en activo. Y encima olímpicos. Quien bebe a pico es el portero Valdivieso y ese señor con sombrero, traje, cerveza y cara de muerto es un terminal Manguera Villanueva. Festejando después de un partidito… (esto último es información errónea, ver la sección de comments).

CONTINUARÁ...