miércoles, 29 de mayo de 2013
EL QUIJOTE DE CHIMBOTE
Reinicio mi contacto en este blog con una muy mala noticia: El fallecimiento de Jaime Guzmán Aranda.
¿Quién era Jaime? Escritor, editor, animador cultural de Chimbote. Y uno de los Quijotes de nuestro país.
Enamorado hasta el tuétano del gran puerto del Norte, Jaime se empeñó en que todos conociéramos a Chimbote por su literatura. Fundó Río Santa editores, una de las editoriales más activas fuera de Lima, cuya divisa era: ¡Para dejar de ser forasteros en nuestra propia tierra, leamos lo nuestro!¡Sólo se ama lo que se conoce, lee literatura de Chimbote! Esto que pareciera ser una algarada localista era el gran grito de campana que convirtió a Chimbote en uno de los grandes polos culturales del Perú.
Jaime se obsesionó por publicar todo lo literario que pudiera aludir a Chimbote. Rescató los textos chimbotanos de titanes de nuestra literatura como Julio Ortega u Oscar Colchado. Sacó adelante antologías de ensayos sobre la ciudad con firmas históricas como las de Cornejo Polar o Flores Galindo. Llegó a gestionar los permisos y derechos para publicar el célebre libro de Guillermo Thorndike sobre el plutócrata pesquero Luis Banchero (que buena parte de su vida la dejó en ese puerto). Impulsó a jóvenes escritores de la ciudad a publicar como el caso de Miguel Rodríguez Liñán, Augusto Rubio y Ricardo Ayllón. Tenía que imprimir a Juan Ojeda, el gran ausente, el gran vate de Chimbote, nuestro único poeta marinero. Sin Jaime, no habríamos descubierto a Fernando Cueto, uno de nuestros más prometedores escritores de este siglo.
Toda esa labor editorial lo hizo a costa de sí mismo. No se hizo millonario con su editorial ni mucho menos. Todo lo contrario, quiso hacer de Quijote en su tierra, a sabiendas de lo que recibiría a cambio.
Jaime hizo todo lo que pudo para que la literatura chimbotana floreciera: Financió librerías que al final quebraron, él mismo en su propia camioneta llevaba sus libros a cualquier evento, realizaba iniciativas bizarras como polladas culturales: ventas de pollo a la parrilla para conseguir fondos. Presentaba libros con desfiles de escolares y bandas de música por la ciudad. Sacaba revistas culturales efímeras, que de la nada salían. Provocador y lujurioso, como lo era, acometió la publicación de un libro de cuentos eróticos de Chimbote, dándolo a conocer en uno de los principales prostíbulos de la localidad. Agasajaba a los escritores que se detenían en Chimbote, con desayunos generosos por la mañana, anticuchos y cervezas por la tarde y vigorosos caldos de lengua por la madrugada. Con él aprendimos que Chimbote no era una gran barriada sino una gran comunidad de artistas tan o más activa que sus símiles de la capital del Perú.
Pero esto era, como ya saben, una labor de Quijotes. De peruanos que se quedan en bancarrota a mitad de sus sueños, que reciben crueles burlas de sus pares metropolitanos y banales puntapiés en las ventanillas bancarias, que se pasan mañanas enteras en despachos oficiales para apenas conseguir migajas, que intentan convencer una y otra vez a gente que, detrás de elegantes corbatas, no mira más allá de sus intereses y considera el arte como una extravagancia. Que se queman las cejas publicando libros y revistas en un país donde millones leen prensa chicha, miran todos los días telebasura y gastan sus excedentes comprando baratijas en las galerías comerciales.
Pero, pese a las evidencias, necesitamos este tipo de Quijotes. Necesitamos de gente que invierta su tiempo, sus recursos, su vida misma en la cultura y en el arte. Porque la cultura y el arte son una de las pocas ventanas que tenemos para no asfixiarnos en la mediocridad cotidiana, el individualismo salvaje y la ignorancia jactanciosa. Nuestro país no es grande porque vivamos de exportar exitosamente minerales a China, exhibamos un gigantesco PBI en uno de los países más desiguales de la región o presumamos de comer rico mientras millones de nuestros hijos se acercan a una sonrojante tasa de desnutrición crónica; el Perú es y será grande gracias a su cultura, gracias a nuestra capacidad de crear.
Se ha ido Jaime, el gran Quijote de Chimbote. Esperemos que otro chimbotano tome su adarga, coja su lanza y monte el flaco rocín. Que muchos quijotes peruanos enfrenten -con la sonrisa alucinada y la cabeza alta- los molinos de viento del Perú. De momento, no nos queda otra salida.
PD: En la foto, Jaime Guzmán Aranda en primer plano, escoltado por Oswaldo Reynoso y Fernando Cueto. Vamos, casi en el Olimpo.
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jueves, 31 de enero de 2013
ARGUEDAS PARA EL SIGLO XXI
Se acaba el mes de Arguedas, de la conmemoración de su nacimiento. Enero, definitivamente, se ha convertido en el mes de Arguedas. Para bien.
Sin embargo, para los discursos dominantes, Arguedas cada vez más nos recuerda a un museo donde él es la momia. El escritor de un tiempo extinguido, el representante de una literatura ya agotada, el poeta de una cultura ya extinta. Arguedas es pasado, nos lleva a un campo semifeudal que ya no existe, a un país de gamonales y pongos ya superado. Arguedas solo es un testimonio histórico cuya vigencia es la misma que los discursos de Riva Agüero o Porras Barrenechea. ¿Para mal?
Hoy la onda es el cholo postmoderno, chicha, emprendedor, occidentalizado por mor del capital, las nuevas tecnologías y la globalización. El futuro del indio en Arguedas no ha sucedido, no era el hombre solidario y orgulloso de su cultura andina; ahora es el individualista que la hace, que se las apaña para cimentar su capital originario. El emprendedor que echa mano del autoritarismo familiar, el trabajo infantil, los contratos laborales precarios y la evasión de impuestos para consolidar su riqueza personal. El migrante que mete a sus hijos en universidades privadas de juguete (total, solamente es un cartón para que mi chibolo tenga algo de prestigio), que lee solamente El Trome, que practica el machismo y la violencia de género, que explota a sus paisanas como trabajadoras domésticas malpagadas y maltratadas, que aprovecha el clientelismo político y la corrupción institucionalizada, que paga coimas y vota por la revocatoria en Lima. ¿Para bien o para mal?
Ante ese panorama ¿dónde Arguedas? ¿Qué sitio tiene hoy en día? ¿El sitio de las momias?
Lo interesante de Arguedas es su propuesta. Su propuesta vital -ser encuentro retroalimentador y progresista de dos mundos- pero también su propio discurso (acá pueden leer dos importantes aportaciones suyas). Soy de los que creo que Arguedas puede ser hoy un ícono vivo y que tiene muchas cosas que decirnos.
Frente a la propuesta del cholo capitalista, individualista y alpinchista, Arguedas propone un peruano que no olvida su linaje andino, que proponga salidas comunitarias al desarrollo y no copie. Que defienda su tierra, sus recursos, su pasado. Que no se venda, que no se alquile. El mestizaje de Arguedas no era una fusión armoniosa de todas las sangres (esa frase prostituida por tantos gobiernos) sino la de un Ande capaz de apropiarse de lo mejor de otras culturas y avanzar. Para Arguedas, su peruano ideal hablaría castellano y quechua por igual. Imaginaba las potencialidades de una cultura andina que pudiera desenvolverse exitosamente en el concierto de las naciones, que esa cultura andina pudiera también transitar por los prometedores caminos de las culturas japonesa, china, árabe o del subcontinente indio. Es decir, una cultura originaria que utilizara creativa e inteligentemente los aportes de otras culturas y sociedades pero sin perder el sello de lo propio.
Hoy, el actual discurso nacionalista está secuestrado por los políticos, empresarios y militares criollos. El Perú es una oferta turística internacional, un granero para inversiones internacionales que se nutre del cholo barato y sin derechos, una marca comercial que ignora las condiciones laborales de millones que contribuyen a ella, un agujero de telebasura, de la peor prensa de Sudamérica, del discurso único sobre la guerra interna (señalando a los buenos y malos), de la forma obscena con que la jerarquía católica se exhibe públicamente, de las cadenas a cualquier ley decente sobre salud sexual y reproductiva (señalando lo que es el bien y el mal).
Arguedas propone algo radicalmente distinto: Un Perú de los de abajo, que desde abajo se construya un discurso alternativo donde la riqueza no signifique destrucción del ecoambiente ni envilecimiento del hermano. En el Perú de Arguedas los actores sociales respetan y practican una moral originaria que respetan como propia, como los códigos familiares (¿recuerdan eso de ama sua, ama llulla, ama quella?).
En literatura, Arguedas tiene mucho más que decirnos: Intentar construir una nueva lengua donde las lenguas quechua y castellana pudieran cohabitar creativamente. Donde se aprecie una nueva sensibilidad hacia el interior del Perú, libre de prejuicios y victimismos. Y eso se ha dado: Desde Feliciano Padilla hasta Efraín Miranda, desde Felix Huamán Cabrera hasta el gran Sócrates Zuzunaga, desde Enrique Rozas Paravicino hasta Marcial Molina Richter (me olvido de un montón más), hemos construido un nuevo lenguaje que potencia nuestra creatividad, nuestro arte y, quizá, esa cosa rara que podemos llamar nuestra peruanidad.
Los escritores, los docentes, los que habitamos el Perú letrado quizás hemos sido los que mejor hemos bebido de Arguedas, aunque esto suene a ombliguismo. Creo que ese peruano con que soñaba Arguedas se ha dado más en el sector de los profesionales de las letras que en cualquier otro. Eso es una esperanza, pero también un tremendo límite. El límite que ahora tiene la lectura, el libro y lo letrado en un Perú más abocado a lo audiovisual, a lo espectacular y performativo.
Pero Arguedas era interdisciplinario. Su literatura estaba muy unida a su praxis antropológica, pedagógica y folklorista. Ese acento polifacético es otra de las palancas para que Arguedas siga importándonos en este nuevo siglo. Los escritores tenemos que salir ya a la calle, tenemos que impulsar bibliotecas donde sea, tenemos que buscar fórmulas para editar libros más baratos y mejor distribuidos, vincularnos mucho más a los colegios y las universidades, tenemos que hablar más con los niños. adolescentes y jóvenes. Tenemos que participar en los grandes festivales públicos que se realizan. Arguedas iba a los coliseos, a las plazas de la periferia, frecuentaba centros culturales, buscaba fuera de Lima nuevos escenarios donde vislumbrar nuevas propuestas, estaba siempre en contacto con la gente ¿Por qué los escritores no pueden hacer lo mismo?
Eso sería una muestra que Arguedas no es una momia sino que está más vivo que muchos (escritores) peruanos de hoy, que su sitio en el siglo XXI es el del hermano mayor del cual todavía podemos aprender.
Arguedas vive. Conversemos con él. Lo necesitamos y lo merecemos.
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viernes, 9 de noviembre de 2012
LITERATURA Y ÉTICA
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sábado, 6 de octubre de 2012
La metáfora Cisneros
Ha muerto Antonio Cisneros, con él se va otro de los grandes poetas del Perú y la lista sigue creciendo: La lista de una época aún dorada de la poesía del Perú, época que va apagándose poco a poco y que sus últimos fulgores los reconocemos en los obituarios que leemos cada vez con mucha mayor frecuencia.
No quiero caer en jorgemanriquianos lloros. No, por supuesto que no todo pasado fuera mejor. Pero, en los viejos chicos de mi edad, que ya peinamos orgullosas canas, esa poesía anterior tenía un aura mítica, esperanzadora, una poesía de espíritu deportivo, jocundo, a veces imprecatorio, a veces bohemia, pero que no quería perder su status de auténtica poesía. No se trataba solamente de poetas individuales o de grupos de poetas: ambos eran conscientes de la autoridad de una poesía que no cayera en la banalidad o el fácil aplauso. Eran tiempos donde aún se pensaba que la poesía podía hacer cosas, podía generar voluntades, incluso que podía cambiar el mundo. Bueno, eran los años sesenta. Miren nomás la foto de este post.
Cómo no querer esa poesía coloquial, de habla de barrio pero que trataba de asuntos serios. Poesía que se reclamaba joven pero que no rehuía de debatir agendas complicadas. Que bebía de la poesía mundial (señaladamente, la poesía anglosajona) pero que abordaba orgullosamente temas peruanos. Que, siendo criollos de pura cepa, buscaron un mestizaje ingenuo abrazando a ese otro Perú que, culturalmente, podía estar incluso en sus antípodas.
Pero esos años maravillosos en algún lugar del tiempo murieron para siempre. Y los jóvenes del ayer se convirtieron en los adultos de hoy, en el peor sentido del término. Acumular facturas, pagar la cara educación de sus hijos, mantener un tren de vida exigente, acariciar relaciones sociales especialmente importantes, cuidar la fama de una forma puerilmente publicitaria, seguir a flote en un escenario harto frágil como es el mundo de la literatura e intentar decirse todos los días que eres alguien que tiene que decir algo en este mundo. Y, si te queda tiempo, hacer poesía.
La adultez en el Perú no solamente es el simulacro de resignación realista al mundo que tienes. Significa, además, traición. En una de las últimas escenas de la inmortal película de Ettore Scola C'eravamo tanto amati, uno de los protagonista dice "nuestra generación se ha comportado vergonzosamente". En nuestro país, podríamos decir cosas bastante peores. Una de nuestras tragedias nacionales es la reiterada defección de nuestras generaciones, de un acomodo trivial e irresponsable con el sol que alumbra: ¿Cuántos demócratas de toda la vida, se aprovecharon de trabajar en las organizaciones velasquistas, para luego medrar cargos en el sector público, postular incluso como candidatos de izquierda y luego mutarse como -¿cómo se dice?¡ ah, sí!- consultores de empresas privadas y transnacionales? El joven poeta Toño Cisneros que rubricó su Canto Ceremonial Contra un Oso Hormiguero, jamás soñó con terminar de director de un centro cultural de una cancillería regentada por el genocida aprista.
No voy a negar su generosidad ni su bonhomía. Con probabilidad, muchos de sus contemporáneos también son. No es nada personal. Solamente la rabia que da una intelectualidad oficial siempre propicia a las migajas del poder. ¿Con cuántos gobiernos el gran Julio Ramón Ribeyro se sintió cómodo como representante del Perú en la UNESCO? Con todos.
Una vez más, y aunque suene como un macabro ejercicio, deseo que su partida signifique más libros suyos y más baratos. Signifique que los niños del Perú puedan leerlo.
Antonio, quizá esa sea la gran razón de tu existencia. De la existencia de la poesía.
Aquí la poesía del joven Cisneros:
TÚPAC AMARU RELEGADO
Hay libertadores
que vieron regresar muertos y heridos
después de los combates. Pronto su nombre
fue histórico, y las patillas
creciendo entre sus viejos uniformes
los anunciaban como padres de la patria.
Otros, sin tanta fortuna, han ocupado
dos páginas de texto
con los cuatro caballos y su muerte.
(De Comentarios reales, 1964)
Todavía yo no había nacido. Lo que son las cosas.
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lunes, 6 de febrero de 2012
MCCARTHISMO A LA PERUANA
El Mccarthismo fue uno de los periodos más negros de la historia de los Estados Unidos. Entre 1950 y 1956 el país entero quedó secuestrado por una ola de paranoia, persecuciones delirantes y mucho miedo. Bajo la excusa de combatir el comunismo se desató una caza de brujas, obviando la presunción de inocencia, disparando acusaciones gratuitas que terminaban como sinónimo de evidencia y haciendo de la delación y el soplonaje una práctica masiva en la sociedad norteamericana. Las víctimas más conocidas de este linchamiento legal fueron los artistas de Hollywood que se negaron a testificar contra sí mismos o a delatar a sus antiguos camaradas. Sin embargo, la gran mayoría de los perjudicados fueron ciudadanos de todo tipo que formaban parte de las listas negras: Directorios infames de supuestos comunistas a los que se le debía negar el pan y la sal. Si alguna vez te habían invitado a alguna actividad del partido comunista norteamericano (algo absolutamente normal en el periodo en el cual EEUU y la Unión Soviética fueron aliados durante la Segunda Guerra Mundial), ahora no solamente debías confesarlo sino también arrepentirte y, como muestra de lealtad, informar a quiénes habías visto en esa reunión. Si te abstenías de obrar lo indicado arriba, se te marcaba para siempre, te convertías en un anti-americano, te expulsaban de cualquier trabajo una vez se enteraran de lo vil que eras y todo el mundo te evitaba o te insultaba directamente. Esa atmósfera odiosa produjo exilios, suicidios y el fin de la carrera de muchos profesionales. También contó con víctimas terribles como los esposos Julius y Ethel Rosenberg, condenados por un jurado histérico en una farsa de juicio que terminó con la ejecución de la pareja en la silla eléctrica.
¿Por qué les cuento esto? Porque en el Perú -una vez más- se quiere emular este perverso clima de lanzar calumnias contra personas sólo por el hecho que no piensan igual que nosotros.
La semana pasada, un señor llamado Francisco Miranda Ávalos lanza un post infamante, tendencioso y lleno de acusaciones gratuitas contra el escritor Rafael Inocente. En ese post lo acusa de "senderista" porque Rafael en una entrevista propone su propia interpretación de la historia del Perú en general y de nuestro conflicto armado interno en particular. Para el autor de esa acusación gratuita, Rafael Inocente no solo es un senderista sino que, como tal, deben echarlo de su cargo en el Instituto Tecnológico Pesquero. Es más, arguye maliciosamente que Rafael forma parte de una tenebrosa operación de copamiento de puestos oficiales en el Estado al servicio de la terrible guerrilla maoísta.
Obviamente, Rafael respondió el libelo de forma correcta y, creemos que allí terminaría todo. Pero no. El papel del señor Miranda seguramente era echar al escritor a los perros. Y eso pasó. A los pocos días, Correo, el periódico bandera del fascismo criollo, publica una extensa e igualmente denigratoria nota sobre el autor de La ciudad de los culpables. Lean el artículo completo, por favor. A Rafael lo quieren crucificar por sus opiniones que ni siquiera se pueden calificar de apología de terrorismo ni de nada. Es, como lo denominan los chupatintas de Aldo, "un burócrata antisistema" cuando ni siquiera citan los diversos artículos de Rafael sobre los problemas de la pesquería peruana. Y, si leen los rabiosos comments del artículo del Correo, ya se le llama abiertamente terruco y se pide en bandeja su cabeza (incluso se exige que lo metan preso).
Rafael Inocente es, además de un prometedor escritor, un técnico competente que ama este país. En ninguna de sus opiniones se suma al discurso oficial del PCP. Su visión de Abimael Guzmán dista de ser alabatoria, su interpretación de la historia del Perú no aparece en ninguna parte de la folletería maoísta. Pero es un rojo que incluso trabaja para el Estado. Un radical que ocupa un cargo que ya quisieran nuevamente la horda de comechados que medraron en el gobierno anterior. Y, seguro, él no es el único. Como él deben haber más infiltrándose en el aparato del Estado...
Volvemos a respirar el aroma sórdido del mccarthismo doméstico, donde hasta el defender los informes de la CVR ya te está convirtiendo en sospechoso de lo peor, donde sugerir que la CIDH puede tener razón en sus demandas contra el Estado peruano es tildarte de radical-caviar-antiperuano, donde recordar los truncos programas de reparación a las víctimas de la guerra es exponerte a las invectivas de la cúpula militar. Donde proponer formas alternativas de analizar el conflicto armado interno en los textos educativos es criticado de "adoctrinamiento" y ya eres un peligro para los niños. No me extraña que terminen promulgando ese famoso Día contra el Terrorismo y se te exija salir a marchar a la calle so pena que te señalen con el dedo y te expongan al escarnio y al insulto.
Un clima espeso y asfixiante que nos impide -sí, a ti también lector- pensar la guerra interna, el país que tenemos, la sociedad que habitamos de forma distinta al discurso oficial. Ese discurso redundante y maniqueo que nos embuten los medios de comunicación. Y que tiene como fin la perpetuación del miedo y la ignorancia.
Carlos Rengifo acaba de escribir la novela El dolor en los labios, donde traza la imagen de Edith Lagos. Carlos tendrá que dibujarla como un monstruo, porque sino será también señalado con el dedo y lanzado a los perros.
El Mccarthismo no duró mucho en EEUU. Escritores y periodistas le hicieron frente y terminaron por deslegitimar esas prácticas odiosas que envenenaban la cultura norteamericana. Nos toca ya mismo detener esa ola de embustes y calumnias. Paremos el miedo, paremos la ignorancia. Mi solidaridad con Rafael Inocente.
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jueves, 3 de marzo de 2011
EL VETO
Vargas Llosa ya no dialoga, dicta. Y sus apariciones públicas (más aún, ahora que empuña el estandarte del premio Nobel) son reiteradas apologías del Sistema. Por eso muchos intelectuales argentinos ven su presencia inaugural en la Feria como una ofensa a ellos mismos y los valores que defienden. Máxime si ese evento siempre ha sido inaugurado por algún escritor argentino y el hecho que el primer extranjero invitado a hacerlo sea éste, pues les ha sentado como una patada al hígado.
Sí, la libertad de expresión. Hay que recordar que la Feria del Libro de Buenos Aires no es un evento estatal sino privado (lo organizan una serie de organizaciones civiles) por lo que el gerente tiene todo el derecho del mundo de nombrar para el discurso de apertura a quien crea oportuno. En ese sentido no creo que la algarada de intelectuales porteños impida que Don Mario inaugure la Feria en Abril. Pero es importante destacar la repulsa de muchos escritores e intelectuales, repulsa que -estoy seguro- se repetirán en otros foros y espacios. Tenga uno su derecho a inaugurar el evento con su discurso y tengan los otros su derecho en criticar el acto.
Bueno, eso en Buenos Aires, donde la discusión parece darse en términos civilizados ¿Qué sucederá en nuestros pagos? Acá, seguramente, los discrepantes tendremos un linchamiento mediático a conciencia y una exclusión automática de varios foros. Por no hablar de intelectuales y escritores que -ya se ha vuelto costumbre- repten silenciosamente, se acomoden y hagan ejercicio de amnesia. Y acá no ha pasado nada.
¿Qué posibilidades de diálogo tenemos en el Perú? Muy poco. En la anterior coyuntura electoral, el miedo a Humala desempolvó malas conciencias en los poderes fácticos y mucho se habló -solamente se habló- de combatir la exclusión social. En el aburrido panorama electoral de hogaño, no hay debate porque a nadie parece interesarle debatir ideas. O a nadie parece interesarle la existencia de ideas. Cuando venga MVLL y nos recite las bondades del neoliberalismo y fustigue a colectivistas y anacrónicos; veremos el país dividido en un batallón de convencidos, áulicos y sobones por un lado, y los diversos colectivos discrepantes, más arrinconados, por el otro. Y al que menos le importe esa situación, posiblemente, sea a Vargas Llosa.
Así que, en aras del debate, les paso esta entrevista a uno de los peruanos más lúcidos que nos quedan. Gracias, de nada.
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jueves, 7 de octubre de 2010
POR FIN

El Nobel para Vargas Llosa. Muchos creíamos que no viviríamos para verlo. Después de tantas decepciones y ciertas explicaciones que condenaban el otorgamiento del galardón a nuestro novelista, finalmente los suecos atracaron.
Y, en caliente, algunos comentarios.
Primero, la renuncia de Vargas Llosa a presidir la comisión del Museo de la Memoria acompañada de una tajante carta a Alan García fue un gol de media cancha para el particular partido que la nominación vargallosiana jugaba en Estocolmo. Ojo, no digo que esto fuera consciente y que la renuncia de Don Mario obedeciera a un vulgar y maquiavélico manejo instrumental. Sencillamente ese fue un gesto que lo honró frente al mundo entero e hizo que se ganara el reconocimiento incluso de sus adversarios. Algo totalmente distinto a sus broncas ideológicas con Günther Grass, de sus broncas menos prosaicas con Gabriel García Marquez, su declarada antipatía a los franceses, sus rabietas cuando tocaba jugar papeles incómodos (la campaña electoral contra Fujimori, su problemático sitio en el jurado del Festival de Venecia, etc.) o ese doctrinarismo neoliberal que llegaba a empachar de tanto repetirlo.
Segundo, el hecho que él haya cosechado el primer Nobel para el Perú significará una inyeción de tremenda autoestima para ciertos sectores del país. Mutatis mutandis, ha sido como cuando Machu Pichu fue selecionada para las nuevas maravillas del mundo. Son sectores que creen que el Perú marcha bien, esta creciendo económicamente y ha vuelto a posicionarse favorablemente en la escena internacional. La concesión del Nobel es otra medalla más a ese Perú que tiene los mejores paisajes del mundo, las mejores oportunidades para cualquier inversionista extranjero, los mejores índices de crecimiento en Latinoamérica y, claro está, la mejor cocina del planeta. Y ahora dirán por ahí, que encima tenemos la mejor literatura del continente...
Argumentos que, ustedes lo saben, discrepo y aborrezco puesto que ese discurso enmascara una realidad menos feliz: Somos el país con los mayores índices de desigualdad económica, el peor gasto social en Sudamérica, la mayor cantidad de horas extras no pagadas del mundo, una sonrojante tasa de desnutrición infantil y unos indicadores de comprensión lectora y razonamiento matemático que nos dejan en los sótanos de América Latina.
Y más de uno que lea este párrafo ya me estará llamando antiperuano, picón o resentido. Normal, en este país estamos acostumbrados a barrer las verdades debajo de nuestras alfombras.
Tercero, si en un ambiente tan dividido como fue el famoso Congreso de Narrativa de Madrid, todos los escritores (incluso los que se las daban de combativos, andinos y revolucionarios) se peleaban por tomarse la fotito con Vargas Llosa; ya pueden imaginarse ahora la cantidad de hombres de letras dentro y fuera del país (amén de ayayeros, ahijados y hueleguisos que nunca faltan en el Perú de hoy) que explotarán su cercanía (real, académica, ideológica) para promocionarse y darse humos. Vamos, que recomiendo separar toda una tribuna del Monumental de Lima para que quepan todos los que babean por retratarse con el que ya será considerado "El Peruano del Segundo Milenio". Y, como en el Perú no tenemos memoria y aquí no pasa nada, se repetirá esta foto.
Sin embargo, hay motivos por los cuales estoy muy feliz con el Nobel a Don Mario:
Posiblemente, a los jóvenes, les devuelva el gusto por la literatura y el placer de escribir. En un país donde la oralidad, la cultura audiovisual y las nuevas tecnologías han arrinconado a la palabra escrita; el Nobel servirá para devolver -aunque sea un poquillo- el prestigio perdido de este hermoso arte. Y, ojalá, ese gusto por las letras no siga atrapado en los círculos acomodados limeños y pueda romper las proverbiales barreras discriminatorias de este país, extendiéndose el cariño por los libros al interior del Perú. Ojalá los chicos de diversas provincias sigan apostando por ser escritores y que los escritores del interior tengan mayor audiencia (audiencia en sus lugares de origen, que ya sabemos que en Lima apenas si nos fijamos en ellos).
Y, finalmente, a ver si esta pueda ser una oportunidad en que los libros de Vargas Llosa se puedan vender a un precio ascequible. Libros legales, subvencionados por el sector público, pulcramente editados y que puedan competir contra la poderosa industria pirata patria. Que, estas chicas puedan adquirir una bonita edición de La Tía Julia y el Escribidor (con prólogo de Javier Ágreda) a tres solcitos o Conversación en la Catedral (con prólogo de Miguel Gutiérrez) a no más de cinco lucas. Al actual gobierno el gasto de esas iniciativas les costaría muchísimo menos que esa carísima y cosmética remodelación del Estadio Nacional, remodelación hecha para colmar la egolatría presidencial y para que Shakira tenga un escenario de presentación más chic.
Que Varguitas se ponga otra vez de moda, que las tribulaciones del Poeta se comenten en los colegios, que sin salir de aulas polvorientas y cerros arenosos viajemos al Alto Marañón, al barrio de La Gallinacera y a los sertones del nordeste brasileño. Y que en las universidades regresemos nuevamente a los debates (esa gimnasia intelectual tan abandonada en muchos claustros) acerca de esa contradictoria, atormentada y retorcida imagen del Perú que él dibujó en Lituma en los Andes.
Se acerca el Año Arguedas. Y será excitante que volvamos a leer lo que pensaba Don Mario del autor de Los Ríos Profundos. Que volvamos a confrontar dos maneras de sentir la literatura. Y, sobretodo, que estudiemos esas dos formas distintas -¿antagónicas?- de entender este país.
Este país que ahora celebra su primer Nobel.
Nota de la imagen: Así como muchos prefieren al joven Haya de la Torre, cuando era un "pichón de cóndor" (en palabras de Vallejo) antiimperialista y creyente de la revolución; yo prefiero el joven Varguitas que hacía mil oficios para mantener a su familia, quien pudo terminar sus primeras novelas gracias a los generosos adelantos de Carmen Balcells, que vivió esa época feliz del boom carteándose con toda una hermosa generación de escritores y que, rescatando del olvido a Carlos Oquendo de Amat, afirmaba una literatura comprometida con su tiempo y sus utopías:
Las mismas sociedades que exilaron y rechazaron al escritor, pueden pensar ahora que conviene asimilarlo, integrarlo, conferirle una especie de estatuto oficial. Es preciso, por eso, recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón del ser del escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. Explicarles que no hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene más remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras, que irán de lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social (...) La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista.
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martes, 25 de mayo de 2010
¿EL BRIBÓN DE AMÉRICA? Cuando el creador es canalla.
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viernes, 7 de mayo de 2010
¿Nos estamos quedando sin memoria?
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jueves, 31 de diciembre de 2009
LA DÉCADA INÚTIL. Un balance y liquidación cultural.

Me uno a los anglosajones que gustan de terminar las décadas en cero siempre y no en uno como debiera ser. Como ellos mismos, lo hago para que esta década termine cuando antes. Una década que para muchos ha sido prescindible y negativa. Me remito a la terrible sentencia del celebrado Nobel Paul Krugman que ha calificado esta década como el Gran Cero (Cero crecimiento del empleo, cero progreso económico, cero ganacias en bolsa, etc.) por no citar a la periodista española Patricia Godes, quien ha sentenciado estos últimos diez años como la Década de la idiocracia, una década en que "el incompetente, el necio y el drogado han accedido a puestos de responsabilidad y han podido tomar decisiones asesinas e ilógicas contra el medio ambiente, la sensatez, la decencia, el buen gusto y la misma supervivencia de la especie con toda impunidad".
Culturalmente, esta ha sido la década de la consolidación de las Nuevas Tecnologías, de la Pangea Multimedia, de la sociedad del espectáculo y de la frivolidad de los discursos culturales muy ligados al mercados. La década de una producción de artes plásticas que empezó full post-conceptual carísima y que terminó, por mor de la crisis mundial, en deliciosamente hípermaterial austera. La época del cine de animación puro y duro, de guiones tan débiles como taquilleros, falsa ética anti-Disney y mucho discurso juvenil de Hannah-Montana. La Gran Era de los Videojuegos, donde los internautas más adictos han terminado siendo coronados reyes del universo en el interior de sus cochambrosos dormitorios. La década de nuevos estilos de ficción televisiva que, gracias al cable, permitan obras de arte que el peruano común alquila o piratea.
Ha sido la época que reubicó la industria musical, vencida por el auge de implacables descargas de internet y copias de productos culturales sin derechos de autor. Hoy los legendarios grupos rockeros que ni sabían ni les interesaba dónde se encontrara nuestro fucking país, ahora humildemente ofrecen conciertos como alternativa a la chequera cero que les dan sus antiguas casas disqueras. Porque hablamos de auténticos jubilados y decadentistas de la música pop que arriban a un país con una cultura rockera solo anidada en un pequeño círculo capitalino. Por no hablar de cantantes tramposas que muy tarde se enteraron del cambio de aires y vienen a mostrar sus curvas a Lima (ah, y también su música).
En esta década se consolidó la Gastronomía peruana como nuestro peculiar décimo arte, al calor de la enésima batalla del Pisco, los éxitos simbólicos de nuestro turismo y las derrotas mediáticas de la competencia sureña. Hoy, Lima es la ciudad con mayor número de escuelas de cocina per cápita del mundo. Y, detrás del Mito Gastón Acurio, hoy miles de desheredados sueñan con ser chefs y largarse al extranjero renovando las locas ilusiones del peruano de a pie que quiere conquistar fuera lo que su propio país no le da. Y resulta de bastante humor negro el saber que un país con la Mejor Cocina del Mundo tiene unas sonrojantes tasas de desnutrición crónica infantil.
Entre la literatura y las Nuevas Tecnologías, ha sido la década de los Blogs, que han tenido su época de oro, antes que nuevos formatos como el féisbuk y el incomprensible twitter les ganaran la carrera en el inframundo de las Redes Sociales. Hoy los escritores trabajan sobre PCs, muy poquitos se siguen aferrando a la máquina de escribir eléctrica y ya nadie (ni siquiera los freakies) usan una entrañable máquina de escribir mecánica. Los diccionarios digitales, el google y -como mencionaba alguna vez César Hildebrandt- la Rica Wiki; son los nuevos soportes de conocimiento (y, por desgracia, también de análisis) de los jóvenes intelectuales del siglo XXI.
Ha sido una década rara en literatura, donde entre la fascinante novela de Chabon sobre la época de oro del cómic americano y la celebrada trilogía de Stieg Larsson (o entre la autobiografía en original clave gráfica de Satrapi y el Canto personal a la Desolación de Corman McCarthy); medra un preocupante vacío creativo en el supermundo editorial transnacional que premia reportajes fáciles disfrazados de ficción, budismo de entrecasa o esoterismo barato. Hace años -y ciñéndonos a nuestra lengua- teníamos un Borges, un Lezama Lima, un Cortázar, llegamos a tener un Bolaño ¿Qué tenemos hoy? ¿Quiénes nos enseñan a escribir mejor?
En el Perú la paradoja es aún mayor, pues esta década ha visto la consolidación de una narrativa de diversas partes del país y el nacimiento de vigorosas promesas (el loretano Cayo Vásquez, el chimbotano Fernando Cueto, el propio Daniel Alarcón de ultramar, amén de una serie de jóvenes escritores que este señor se precia en citar) mientras la cultura letrada sigue arrinconada en el hábitus general del país, sin obviar las argollas de los escritores mediáticos que, luego de la Batalla de Madrid, siguen sin enterarse que hay vida más allá de sus cinco distritos dorados de Lima (¿para qué enterarte si terminas haciendo tu vida en el extranjero?).
Termina una década donde francamente hemos quedado con amargos regustos en la boca (nació Otro Muro y tenemos otro Campo de Concentración). En esta odiosa comparación fotográfica nos percatamos que incluso hemos retrocedido en la historia.
No quisiera irme con ánimo pesimista y -de cara a la próxima década- me aferro al enorme crecimiento de nuestra literatura patria (año tras año, se publican más títulos, aunque de poco tiraje), el surgimiento de nuevos nombres en la literatura y la consolidación de reconocidos escritores nacionales (todos niguneados pero ¡da igual! siguen creando), la curiosa carambola del Plan Lector en los colegios (que adolece de indudables carencias pero que ha terminado creando un nuevo mercado activo para cientos de escritores peruanos) y el sostenido crecimiento de una literatura peruana en otras lenguas nativas (sí, son pocos, pero son).
Y, para esperanza, qué mejor que aquellas palabras de José María Arguedas, dichas casi a propósito para darnos ánimos y fuerzas:
"No, no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacámac y Pachacútec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a 4.000 metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. En técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta qué tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo".
Larga vida al Perú en la noche de los tiempos.
* Algunos links de aquí fueron posibles merced a David Abanto, al señor Ausente y María Germaná. Repetidas gracias a los tres. Qué grandes amigos.
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lunes, 9 de noviembre de 2009
Detrás de aquel Muro...

Bueno, un día como hoy terminó el siglo XX y el mundo volvió a cambiar. A partir de la caída del Berliner Mauer nacieron países y desaparecieron otros, se acabaron algunas guerras pero estallaron muchas más. Para algunos fue el fin de todo su proyecto de vida, para otros fue la gran oportunidad de cambiar su sino. Sin embargo, ya que la prensa basura peruana ha aprovechado la efeméride para decir más o menos lo mismo, vengo yo para poner algunos puntos sobre las íes y un pequeño paseo por la literatura que había detrás de la Cortina de Hierro.
Un primer prejuicio que ya cayó como el propio Muro: Que la literatura en el bloque soviético o era burdamente servil o fanáticamente anticomunista. Esa fue la tesis de Vargas Llosa durante años y que alimentó la famosa discusión con el escritor alemán Günter Grass (véase aquí y aquí). Una de las razones por las cuales el futuro Nobel de 1999 se oponía al maniqueísmo del eterno candidato al Nobel era que Grass conocía y se escribía con bastantes escritores de la entonces República Democrática Alemana y del bloque oriental, deduciendo una diversidad que eludía la grisura intelectual proclamada por Don Mario. Así, los occidentales obviaban la trayectoria de Anatoli Ribakov (que de recibir el Premio Stalin por la Paz llegó a escribir uno de los libros emblema de la Perestroika, además de una de las narraciones más interesantes sobre los avatares del pueblo judío en la URSS), nunca tomaron en serio la Vanguardia Irónica de Viatcheslav Pietsuj (su Nueva filosofía moscovita fue un clásico reconocido en su momento y olvidado después) y recibieron con silencio la obra de Viktor Yeroféiev. Iguales cosas podrían decirse de la formidable poesía polaca o el penetrante cine checo de entonces.
La caida del Muro no solamente trajo a los europeo orientales la libertad de comprar revistas porno y fundar esos emporios mafiosos que hoy conmueven al mundo con su peculiar folklore. No, también trajo el redescubrimiento de clásicos soviéticos censurados u ocultados por la puritana nomenklatura moscovita, entre ellos el sensacional Mijaíl Bulgákov (autor del clásico El Maestro y Margarita) y las sátiras de Ilf y Petrov (algunas consignadas en esta bellísima antología cuyo ejemplar más cercano -además del mío- pueda estar en alguna librería de...mmmm... Santiago de Chile, quizá).
La caída del Muro no produjo solamente escritores sobones de Occidente que con el tiempo desaparecieron sin dejar rastro, sino una poderosa vitalidad literaria (mucho más vital que el propio Occidente) bastante aguda no solo en reflexionar sobre los errores del pasado sino en señalar las venalidades del presente y las tragedias del futuro. Mucho antes que Wolfgang Becker escribiera el guión de la celebrada película Good Bye Lenin!, en Alemania ya había triunfado la jovial novela La Avenida del Sol, que narraba en desenfadada clave juvenil los últimos años de la DDR. Otro alemán, Ingo Schulze destripaba en 1995 las miserias del Este postcomunista y neocapitalista en 33 momentos de felicidad, novela experimental llena de crueldad, sexo, cinismo y hasta antropofagia ceremonial.
En Rusia destaca soberanamente el caso de la escritora Alejandra Marínina quien en sus novelas policiales retrata la cruda realidad postsoviética. Ella, conocida internacionalmente como la Agatha Christie rusa, le ha quitado al género policial el exceso de balazos y persecusiones televisivas (muy habituales en Occidente) para devolverle cosas como el esfuerzo personal del policía débil contra el delincuente todopoderoso, la ética en un país que va hacia la bancarrota, el regreso del mad doctor (las invenciones diabólicas, los delirios paranoicos de poder y el criminal reconvertido de gentleman de la sociedad), la invitación al lector para que participe en la búsqueda de soluciones, la construcción de finales no felices que invitan a la indignación y a la rabia. Todo eso bajo el protagonismo de quien es uno de los personajes literarios mejor dibujados en los últimos quince años y que sigue la estela clásica de Philip Marlowe, Sam Spade o el inspector Maigret, todos en el recreado baldío social de Moscú, con sus penurias cotidianas, sus mafiosos implacables y su suciedad pegajosa y decolorante. Bueno, la caida del Muro dio un relanzamiento de la novela policial rusa, de las mejores del género a nivel mundial con ramificaciones en los policiales históricos que ha escrito el magistral Borís Akunin o las intrigas psicológico-detectivescas de Anna Dankóvstseva.
Incluso, la caída del muro dio resultados bizarros como Eduard Limonov, aquel exconvicto granuja de la URSS que emigró a Norteamérica, quien pasó de comunista a capitalista, de capitalista a anarquista, y de anarquista a fascista (y últimamente, coquetea con el Islam, todo un caso). Sin embargo, sus novelas-testimonio (Diario de un fracasado, Discurso de un bocazas que usa gorra de proletario, El poeta ruso prefiere a los negros) siguen siendo textos de culto en el underground literario eslavo. Por no hablar de una interminable saga de títulos delirantes que publica año tras año.
Como véis, detrás del Muro todos los gatos no eran pardos. Y con el Muro caído, se levanta una de las literaturas más vigorosas del planeta. O como lo dijo en su momento el poeta Yevgueni Yetvuchenko:
"...Entre nuestras riñas, abriga a los pequeños para un futuro,
como las faldas de la Abuelita,
aquellas hechas de parches y retazos.
Al suave silbido de una estufa.
Eso quiero
asirme en los retazos de la Abuela,
para que ella pueda coser a toda Rusia
junta
nuevamente
pedacito
a pedacito".
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viernes, 9 de octubre de 2009
EL PERÚ Y LOS PREMIOS NOBEL

Aprovechando el tirón mediático de los premios Nobel (no solamente el de Literatura sino también el de la Paz concedido a Obama, lo que ha dado para simpáticas caricaturas) y haciendo caso a buena parte de los comments del post anterior; quisiera tratar un poco sobre la relación entre los premios Nobel y el Perú.
No voy a descubrir la pólvora. Solo recordar que el Nobel de Literatura es un premio que no se da "al mejor escritor del mundo" sino simplemente a un "gran escritor", se premia una trayectoria y no solamente una obra y se da a escritores vivos (a Paul Valery, eterno candidato, se lo iban a dar en 1945, pero se murió). El Nobel se elige de una forma bastante elitista: la Academia solicita a cerca de 700 personas e instituciones de todo el mundo sus propuestas de candidatos. Por lo general, 200 nombres pasan a ser objeto de estudio por parte del Comité Nobel, el cual designa a un grupo de cinco miembros encargados de reducir la lista a otros tantos autores. La criba termina en manos de 18 académicos que deciden quién es el elegido. Así que quien sueñe que recolectando firmas por internet va a lograr que lo inscriban como candidato al Nobel, olvídense. Más valor tiene la sentencia de Marco Martos: "algo que debe hacer todo aspirante al Nobel, es que lo traduzcan al sueco".
De todos es conocido la injusticia en muchísimas de las decisiones de la Academia Sueca, la evidente intromisión de la política en las mismas, los ominosos olvidos de Borges o Tolstói, el andamiaje ideológico de la propia Academia Sueca (muy conservadora durante la mitad del siglo XX, más abierta y hasta progre en la otra mitad) y el tremendo secretismo de sus decisiones. De hecho, todos los expedientes de las candidaturas están guardados bajo silencio absoluto durante cincuenta años. Por lo que los rumores sobre las candidaturas de Vargas Llosa, seguirán siendo rumores durante muchos años hasta que la Academia abra el candado. En todo caso, los curiosos pueden buscar el libro de Kjell Espmark ya traducido al español, donde cuenta -con conocimiento de causa, pues en los años ochenta fue presidente del Comité Nobel- intrigas, puñaladas, serruchos, cantos del cisne y lamentaciones del dichoso Premio. Quilca, publícalo porfa.
Bueno ¿Y el Perú?
Decirles primero que el primer peruano nominado oficialmente a un Nobel fue nada más y nada menos que el presidente Augusto B. Leguía, el primer peruano en salir en una portada del Time, nominado en 1930 al Nobel de la Paz junto al presidente chileno Ibáñez del Campo como recompensa a sus buenos oficios para ultimar el Protocolo de Tacna y Arica. Estuvieron muy cerquita, pero al final la argolla escandinava -que en esa época tenía bastante más cancha- se lo dio a Nathan Söderblom, un pastor luterano sueco. Siempre me he preguntado ¿si le hubieran dado el Nobel a ambos, hubieran mejorado las relaciones entre Perú y Chile? ¿terminaríamos queriéndonos más?
Ah, hubo otro peruano nominado para el Nobel de la Paz. Fue el caso de Mariano Hilario Cornejo, sociólogo positivista y spenceriano, pierolista primero y leguiísta después, diplomático que hizo carrera en la Sociedad de Naciones hasta ser jurista de la Corte Internacional de La Haya y muy conocido en las cancillerías europeas por sus libros sobre Relaciones Internacionales. Fue nominado repetidamente durante los años treinta, contando con el fiel -e inexplicable- apoyo del la presidencia del Parlamento noruego. Para mí es otro exponente de esa República Oligárquica, terrateniente y elitista, pero me curo en salud dándoles sobre su persona este benévolo estudio.
En Literatura....bueno podemos presumir de un récord: ¡Dos peruanos nominados el mismo año y ambos hermanos!
Semejante bizarrez no sé si tenga explicación. Pero el caso fue que los hermanos Ventura y Francisco García Calderón fueron nominados en 1934, separadamente, al Nobel de Literatura por colectivos de escritores latinoamericanos radicados en París así como por buena parte de la alta intelectualidad francesa a quienes los hermanos García Calderón eran habituales como destacados américanistes.
Ventura fue escritor y diplomático, autor de la canónica La Venganza del cóndor (un best-seller de su época, se le tradujo a diez idiomas) y que terminó en la Academia belga de la Lengua Francesa. Francisco un diplomático, ensayista y filósofo, íntimo de Riva-Agüero, arielista y conservador, autor de Le Pérou contemporaine, que pasó sus últimos días en el manicomio de Lima. Sus nominaciones no dejan de ser curiosas y poderosamente simbólicas, al referirse a peruanos (sí, permítanme la cursiva, sin ofender) que escribieron gran parte de su obra en francés y que casi toda su vida la pasaron fuera del Perú. De los dos, Ventura es más conocido y muchos creen que él fue el único nominado. No sabemos qué posibilidades de ganar tenían, en ese año el Nobel se lo llevó el dramaturgo Luigi Pirandello, fascista confeso quien, al año siguiente de recibir el premio, no tuvo incoveniente en donar la medalla del mismo a Mussolini dentro de la campaña de recolección de oro para financiar la guerra contra Etiopía.
Luego de todo lo dicho -es decir, fuera ya de los archivos abiertos- solo hay sitio para las especulaciones: Que Alberto Hidalgo promoviera motu propio su propia candidatura entre los escritores latinoamericanos, que Vargas Llosa ha estado cerquita en dos determinados años, que en un momento se pensó en Bryce Echenique, que si Scorza.... De momento solo habladurías que no tienen base documentaria. Y que alimentan la habitual chismografía limeña.
Bueno, y la pregunta que todos ustedes esperaban ¿Le darán el Nobel alguna vez a Vargas Llosa?
En el Perú oficial se ha puesto como acto de fé que Mario Vargas Llosa debe merecer el Nobel sí o sí. Creo que, más allá de los méritos de Don Mario, debiéramos sacudirnos de ese patriotismo criollo y ser un poco más realistas.
Como mencionó Marcel Velazquez aquí hace un año; un gran obstáculo para MVLl es el Nobel que le concedieron a García Márquez en 1982, lo cual en cierta medida es un reconocimiento a toda la generación del Boom. Si bien es cierto que la narrativa, la temática y hasta la ideología de Gabo y MVLl son harto diferentes; desde Estocolmo se ven a los escritores de otras latitudes más como parte de tendencias de pensamiento, generaciones literarias o circuitos regionales, que como creadores individuales. Y si la Academia quiere volver a mirar a estas tierras, es mucho más probable que se lo den a Carlos Fuentes, quien cuenta con el apoyo de todo el poderoso aparato de las industrias culturales mexicanas y un reconocimiento casi unánime por las instituciones de ese país. Ese peso de los escritores en una comunidad es algo que también valora la Academia.
¿Y el futuro? Será distinto, muy distinto. A diferencia de hace veinte años o más, son las editoriales transnacionales quienes controlan los canales literarios. Son esas empresas las que ponen el dinero, los premios, el eco mediático. Antiguas instituciones como las universidades, el sector público, las organizaciones educativas y culturales de la sociedad civil, las asociaciones de escritores y artistas, etc. han perdido terreno terriblemente. En nuestra lengua, para bien o para mal, un premio Planeta o un premio Alfaguara tienen mucho más poder, convocatoria y prestigio que los antiguos premios Rómulo Gallegos o Casa de las Américas (que todavía existen, dicho sea de paso).
Pero, por otro lado, los escritores ya no son lo que eran, han dejado de ser grandes referentes del pensamiento de sus sociedades y no tienen ni la décima parte de la fuerza convocatoria de un Emile Zola, un Pablo Neruda o un Bertrand Russell. Escritores entregados a grandes líneas de pensamiento como Juan Goytisolo o el finado Harold Pinter son una minoría dentro del escaparate literario que tenemos en los medios. Hoy los escritores son mucho más individualistas (a veces, incluso, más que empresarios o agentes de bolsa) y se comunican muy poco entre sí (curiosamente, en estos tiempos de celulares e internet).
Pero tampoco le echemos la culpa a ellos. El mundo ha cambiado. La sociedad del espectáculo se ha tragado los viejos espacios tradicionales de las artes y las humanidades, en todo caso las ha reconvertido en nuevos productos culturales. La literatura, en este siglo XXI, esta mutando a otras formas, de la mano con las nuevas generaciones de ciudadanos más integrados en las pangeas multimedia, la cognitividad pubicitaria y al soporte audiovisual que a la cultura letrada convencional.
Y, posiblemente, el Nobel durante varios años siga siendo más un muestrario de los diversos caminos de la literatura del siglo XX (no sin cierta pátina museística) para alimentar esa literatura del nuevo milenio que aún no sabemos a donde irá. Posiblemente, la Academia termine de saldar ciertas deudas con Philip Roth, Rubem Fonseca, Yevgueni Yetvushenko o Adonis. Y posiblemente siga escarbando entre los menos consagrados pero globalmente igual de importantes como Salim Barakat, Rodolfo Fogwill o Lobo Antunes. O, para darle un aire más joven, se atreva con José Eduardo Agualusa, Michal Viewegh o Leonardo Padura. O, haciendo literatura-espectáculo, se lo den a las chinas sexy-epatantes Mian Mian y Wei Hui o al escritor-torturador argelino Yasmina Khadra. Cosas más fuertes han visto estos ojos.
Esta pequeña vuelta al mundo literario la hemos dado para resaltar el énfasis global del Nobel por dar a conocer nuevas voces de distintas culturas letradas que tengan algo que decir al mundo de hoy. Incluso hablando de escritores consolidados en sus mercados y con fuertes vínculos con las grandes editoriales, incluso hablando de narradores faranduleros o vacas sagradas, bestsellers de retintín y obsesionados residentes en Europa y EEUU por pillar presencia mediática. Incluso, a esa gentuza, el Nobel les pide algo más que tirajes generosos y media hora semanal de televisión.
Y ahí la pregunta ¿Tiene la literatura peruana actual algo de nuevo que decirle al mundo? Es más ¿Tenemos voz propia para decir algo significativo a los demás?¿O nos hemos vuelto discos que repiten discursos ajenos, libros nuevos de ideas viejas, imitaciones presuntuosas, originalidades tramposas, mediocridades impostadas, simples proyectos mercantiles para editoriales?
Dejo ahí la pregunta, para quien vuelva a soñar con un Nobel peruano.
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