miércoles, 28 de mayo de 2008

ASÍ MUEREN LOS GRANDES POETAS EN EL PERÚ



Leo una noticia terrible. El poeta Alejandro Romualdo ha muerto.


Más terrible todavía: Romualdo habría muerto varios días ha, sin que lo pudiéramos saber.


Más terrible todavía: Romualdo dejó este mundo solo.


Más terrible aún: Es probable que el poeta muriera violentamente, por las huellas que ha dejado su rostro.


Como ya lo mencionamos en su debido momento, Romualdo pasó sus últimos años maltratado por un Estado que pasó décadas usufructuando el célebre poema de Túpac Amaru. Romualdo ha muerto solo, en misteriosas circunstancias, sin el gran reconocimiento público que se le debía.


Ahora, es cosa de esperar, vendrán grandes personalidades del mundo y la cultura. En la capilla ardiente todo el mundo dirá que era amigo y admirador perenne de Alejandro. Ahora todos se tomarán la foto o chuparán cámara mientras entonan panegíricos al poeta. Y a lo mejor, durante las exequias, se presente éste.


Alejandro Romualdo murió como los grandes poetas del Perú: Solo, maltratado, olvidado. Pero también honesto, generoso y sabio. La soledad y la ingratitud suelen ser las grandes medallas de los poetas peruanos.


Maestro de maestros, descansa en Paz.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Javier, ese artículo con el que casi iniciaste tu blog y que trata sobre Romualdo fue tristemente profético.

¿Qué pasa en nuestro país, Javier?

Sin embargo, otorgan un premio público de poesía, el José Watanabe, a Carlos Orellana, un fujimontesinista con proceso penal por recibir dinero del SIN.

¿Es que no hay poetas en el Perú?

¿O las mafias de los concursos no quieren verlos, menos aún difundirlos?

Un jurado infame conformado por Marco Martos, Doris Moromisato y Silva Santistevan ha cometido este agravio a la memoria de Watanabe, mientras el estado peruano apenas si recordaba al gran Alejandro Romualdo.

Todo está al revés, no puedo decir más, el dolor y la rabia me embargan.

Viva Alejandro Romualdo!

Viva la poesía, carajo!


Rafael Inocente

Anónimo dijo...

Javier, Rafael Inocente tiene razón cómo es posible que Doris Moromisato, una activista fujimorista premie desvergonzadamente a su conocido y secretario personal de Alberto Fujimori, no obstante todos saben que su poesía es completamente mediocre. Si no protestamos por esto, entonces no nos quejemos cuando los poetas mueran olvidados como Romualdo. No puede ser.

R. Quiroz

Carlos Rengifo dijo...

Una lástima por Romualdo. Este es, lamentablemente, el corolario de grandes hombres que, en vida, son ninguneados, ignorados, maltratados, y terminan apartándose de la trapatiesta colorida para acoger una vida retirada, sin ruido, sin mancha, con la dignidad de quien no debe nada a nadie, pero olvidados por el resto de los mortales. ¡Ave, maestro!

Anónimo dijo...

No se olviden que Ricardo Silva Santisteban premió a su sobrina Rocío Silva Santisteban en el penúltimo Copé. He confirmado esta noticia y dá vergüenza ajena. En los periódicos informaron la premiación cortando el apellido: o sea simplemente Ricardo Silva premia a Rocío Silva Santisteban. Qué vergüenza. Ojalá postees esto. Hay que luchar contra los amarres.

Victor

María dijo...

Un poeta más que muere solo. Llegar a viejo es triste, la sociedad de consumo se olvida que todos somos mortales y frágiles.
Los buenos poetas siempre perduran en el corazón de las futuras generaciones.
Un fuerte abrazo desde Madrid.

Anónimo dijo...

Mientras tanto, Alan Idi Amin García (tal como ha bautizado G. Vecco al delincuente que gobierna) recibirá a Roberto Gómez Bolaños en Palacio de Gobierno.

¿Qué chuchede en el Perú?

Todo está al revés: hoy subió la gasolina (casi UN SOL!!!, hasta el momento hay 10 MIL DESPEDIDOS sólo por el estado APRISTA que está llenando todos los organismos del estado de ignorantes crasos con carné aprista, más chongo arman los medios de incomunicación por un perro faldero que mató un congresista imbécil que por los CUATRO CAMPESINOS ASESINADOS A MANSALVA CON TIROS EN LA CABEZA POR DIESTROS TIRADORES y Amin García criminaliza la justa protesta popular aplicando la ley del enemigo al propio pueblo peruano)

Copio artículo del chatín Hildebrandt, aunque el Chavo no me disgusta, es muy cierto lo que dice Hildebrandt acerca del conformismo que fomentó El Chavito y su callejón de fronterizos que jamás mencionaron la política (al igual que el Condorito de Pepo, divertido, jocoso, inocente, pero que nunca dijo nada sobre los 30 mil muertos de la dictadura pinochetista.

Viva Romualdo!
Viva la poesía, carajo!

El Tukuyrikuy

GARCÍA Y EL CHAPULÍN


El doctor Alan García ha invitado a Palacio a Roberto Gómez Bolaños, (a) Chavo del Ocho, (a) Chapulín Colorado, (a) Chespirito.

No estaba prevista esa cortesía protocolar pero la oficina de prensa del doctor García la ha demandado pensando, quizás, en los puntos de popularidad que el presidente del Perú puede subir codeándose con personaje tan multitudinario. La mano de Carlos Espá, el asesor de imagen más importante del doctor García, puede estar detrás de tal astucia. Ojalá la cultura proporcionara alguna renta electoral: quizás así se habría logrado que Alejandro Romualdo obtuviese la pensión digna que muchos reclamamos para sus últimos meses.

En todo caso, Gómez Bolaños llegará a Lima por todo lo alto y volverá a demostrar que en esta ciudad es también un héroe del humor latinoamericano. Y es que las mayorías absolutas, en plebiscito de carcajadas, adoran al Chavo y veneran al Chapulín. Este columnista los detesta. Y está demás decir que este columnista se siente muchas veces un previsible militante de las escuálidas minorías.

Si tuviera que explicárselo a un niño que no lo hubiese visto le diría que el Chavo es, desde esta perspectiva antipática, un niño idiota y vagamente huérfano que vive en un barril. El barril –añadiría– domicilia en un callejón donde, catalizados por el Chavo, se gritan y pegan, se malquieren y malentienden, un sinvergüenza y su hija cretina y una hipotética viuda y su hijo imbécil; callejón al que, eventualmente, acuden un rentista gordo que también es estúpido y un profesor cursi que es el más tarado del elenco. Como se ve, el chiste consiste en apostar por la memez colectiva en el caso de los adultos y por el abierto cretinismo de los niños, que compiten por el trofeo al daño cerebral más agudo.

Por eso es que el Chavo es una serie que siempre vieron más adultos que niños. Y conozco, de hecho, casos en los que algunos niños se han negado a sumarse a la ceremonia de ver y aplaudir ese programa que los caricaturiza y los agravia.

Es significativo que en el mundo latinoamericano que México colonizó con su habitual mal gusto de masas la serie haya sido un éxito clamoroso, lo que no ha sucedido, por ejemplo, en la parte sudamericana que mira al Atlántico –Buenos Aires, Montevideo, por ejemplo–. Y es curioso que en el humor anglosajón los niños sean más bien, y por lo general, precocidades avispadas que dominan la escena.

¿No será que en el México grande que el Perú integra nos place maltratar a los niños hasta en la ficción televisiva? Es una pregunta que no aspiro a responder pero que dejo allí porque creo que es legítima.

Pero lo peor del Chavo no es la unanimidad de sus niños fronterizos sino el conformismo social que propaga. La serie se transmitió 25 años y en ese cuarto de siglo nada cambió en el solar. El mensaje resultaba de lo más conveniente para el archipodrido PRI y para Televisa, su parásito comunicacional más obeso. Entre los saqueadores de México y los fabricantes de la bazofia sentimental "más cautivante de América" (o sea Televisa) siempre hubo un pacto de provechos mutuos. Parte de ese comercio ilícito fueron las telenovelas que le enseñaron a América Latina a pensar en cursi y a hablar en spam, Raúl Velasco y sus amarres faranduleros, y Chespirito y sus narcóticos con risas grabadas.

De modo que el Chavo del 8 ni siquiera puede decir que es inocente. En cuanto al Chapulín Colorado, es posible que el doctor García ame a ese personaje por su imaginaria cercanía. Al fin y al cabo, el Chapulín siempre se plantea tareas enormes, metas inalcanzables, salvaciones temerarias. Chapulín es, básicamente, un impostor, un demagogo, un superhéroe de pura labia al que las cosas no le salen. Y, además, sostiene siempre que, más allá del desenlace de la historia, él ya se ganó con eso de que no contaron con su astucia. De modo que cuando el doctor García salude al Chapulín deberá rendirle el homenaje correspondiente. Otra cosa sería ingratitud.